eldiario.es

9
Menú

Cultura

Sinde: "Wert no está aplicando la Ley Sinde-Wert"

La exministra no cree que la ley Sinde fuera uno de los desencadenantes del 15M: "Imaginar una gran revolución cívica por el precio de la cultura... sería maravilloso. Pero no me lo creo."

Ángeles González-Sinde habla sobre su libro premiado, su experiencia en el Gobierno y la política cultural de Rajoy

25 Comentarios

- PUBLICIDAD -

Quince minutos, quince preguntas: entrevistar a la finalista del premio Planeta en plena gira de promoción no deja tiempo para más. Especialmente cuando se trata de la exministra de Cultura Ángeles González-Sinde.

¿Qué le hace más ilusión llevarse el Goya o ser finalista del Planeta?

Pues te diré que el proceso es tan distinto que el Planeta me hace más ilusión. Porque es un premio antes de empezar. Cuando tu recibes un Goya, la película se ha estrenado, ya tiene todo el camino hecho, pero esto es completamente distinto; es el proceso de un embarazo, esa expectativa, la lista de finalistas, la noche del premio, el que se empieza a fabricar y a imprimir... Aparte, es más personal porque eres tú solo frente al lector.

¿Esperaba que fuese tan polémico?

Yo esperaba que iba a haber críticas, pero no me esperaba que fueran a cuestionar si era legítimo o no que yo escribiera. Porque es a lo que me he dedicado, el oficio que tenía antes, y lo que fue un interludio ha sido mi dedicación a la política. Cuestionar si debo escribir o no, cuando la ley expresamente ampara ese derecho y cuando ha pasado un tiempo, eso sí que me dejó completamente bloqueada.

¿Cree que ser ministra le ha perjudicado en su carrera profesional?

No, yo creo que me ha enriquecido mucho como persona, que he conocido mucho mejor no sólo mi país sino cómo funciona una democracia. Es una experiencia de la que no reniego, a la que no renuncio y que estuvo muy bien.

Entonces, ¿no se arrepiente de haber sido ministra?

No. Yo creo que uno se arrepiente de las cosas que no ha hecho.

¿De qué está más orgullosa de su época como ministra?

Estoy orgullosa de todo lo que tiene que ver con los museos, de la obra del Museo Arqueológico que todavía no ha inaugurado este Gobierno, de haber comprado un Bruegel para el Museo del Prado, de todas las obras que se compraron o se restauraron para ampliar la colección del MNAC... En general, el arte, los museos, la conservación, todo eso me generaba mucha satisfacción. La Tabacalera de Embajadores, generar un modelo de participación ciudadana en un espacio público, ese era un camino que me hubiera gustado que creciera más y que me pareció que la crisis ofrecía esa oportunidad de darle la vuelta a las infraestructuras públicas que no están utilizadas y abrirlas a los ciudadanos. Pero de nuevo te acuerdas más de lo que se quedó pendiente.

Son aspectos que los ciudadanos no relacionan con su paso por el ministerio.

Son cosas más anónimas, que también está bien. Si no eres un político o partido profesional obsesionado con la comunicación, te apropias menos de las acciones. Tú las impulsas, detectas dónde hay talento y rigurosidad profesional y las apoyas. En los museos públicos, en los teatros públicos, en las orquestas públicas hay mucha gente que propone cosas que están muy bien y sólo tienes que permitirles hacerlas y ayudarles.

¿Cree que ha sido el chivo expiatorio de la polémica ley que popularmente lleva su nombre?

En los Gobiernos siempre hay un ministro que tiene una presencia mediática mayor, que a veces es inversamente proporcional al presupuesto que tiene su ministerio. El Ministerio de Cultura tiene un presupuesto muy pequeño comparado con otros y, en cambio, tenía un protagonismo mediático... También le pasó a mis antecesores, con distintos asuntos polémicos. Eso es lo bueno de la cultura, está hecha para ser entregada al público y juzgada por el público, y sus protagonistas tienen mucha más voz y más lugares donde mostrar su desacuerdo.

Y también son más vulnerables: es más difícil que te apoye la confederación de artistas de música clásica a que te apoye una confederación de empresarios cuando eres ministro de Industria. Los artistas, los creadores, la gente de la cultura –por mucho que este Gobierno lo diga– no están en el juego de la política como están los empresarios y otros elementos de nuestra sociedad. Por eso tienes una posición a veces de fragilidad como ministro de Cultura, pero va en el cargo. Yo tampoco lo vivía con sorpresa.

Yo venía de la Academia de Cine, que tampoco está exenta de polémica; sabía lo que era tener un cargo institucional en el que no te representas a ti mismo como individuo, sino que representas a un colectivo y en el que tienes que defender los intereses del bien común, no lo que a ti te parezca individualmente. Conjugar todo eso fue muy intenso pero, cuando miro hacia atrás, tampoco me sorprende. ¿Que lo hubiera manejado de otra manera ahora? Sí, pero es muy fácil decirlo cuando las cosas ya han sucedido.

¿Quizá se siente identificada con Wert?

No, hombre. No me siento identificada con Wert porque los valores, la ideología en la vida, para distinguir lo bueno de lo malo del señor Wert y mío son muy distintos. Yo puedo respetar los suyos, como respeto el juego democrático y parlamentario, pero no los compartimos. Yo tuve que hacer recortes también. Pero no eran los mismos que ahora ni se recortan de los mismos sitios y, como cualquiera que maneje un presupuesto, tienes opciones de dónde poner dinero, dónde quitar o cómo repartirlo. Y eso depende del valor que tú le des, en este caso, a la cultura, al conocimiento, de la utilidad que tú creas que tiene para una sociedad, y yo creo que en eso las derechas y las izquierdas tienen una idea muy distinta.

¿Cómo lleva que haya una ley que lleva el nombre de Wert pegado al suyo, la conocida como ley Sinde-Wert?
 

Bueno, no me parece mal, aunque él llegó al final y, sobre todo, él no la está aplicando. Es una ley que llegó al final de su tramitación muy descafeinada y seguramente podía haber sido mucho más eficaz si hubiera sido finalmente aprobada en su modelo originario pero, como ahora tampoco veo que la estén aplicando, pues tampoco veo una ley que está siendo muy útil.

A día de hoy, ¿cuál es su postura con respecto a 'la piratería'? ¿Cambiaría ahora algo de esa ley?

No. No cambiaría mucho; creo que la situación es la misma, con una economía sumergida que no tributa, que no genera altas en la Seguridad Social, en la que se venden y compran unos contenidos, y unas personas se benefician sin haber pedido permiso a otras, y ya está. Es bastante simple.

Que hay distintas maneras de afrontar ese problema, desde luego. Que una ley pueda ser de una manera –un modelo británico, un modelo francés, un modelo alemán, estadounidense–, que tiene que haber un acuerdo entre todas las partes –y ahí el Estado tiene un lugar limitado como mediador– y que son las grandes empresas y corporaciones privadas las que tienen que ponerse de acuerdo, desde luego. Pero es insostenible como modelo económico, pues también. Mi análisis sigue siendo ese, que es un modelo muy desequilibrado y que no tiene viabilidad de futuro.

Dice que la ley no se ha aplicado, pero ha tenido un gran impacto mediático. Hay analistas que afirman que uno de los orígenes del 15M está en la aprobación de su ley.

Jo, tú imagínate qué país. Es que me parece sensacional. Imaginar un país que se levanta en armas y se arma una gran revolución cívica por el precio de la cultura. Sería maravilloso, apoyo esa hipótesis. Lo que pasa es que no me la creo.

¿Qué países lo están haciendo bien?

Lo están haciendo bien los países donde todos ganan. Donde uno que hace un disco puede tener la expectativa de unas ventas acordes con el interés que genere y donde también el que lo alberga en su web tiene su beneficio y donde todo es legítimo y donde, según unos contratos, unos dan unos permisos y el que prefiere Creative Commons también puede hacerlo, y todos los modelos son contemplados y todo el mundo respeta y todos los derechos son compatibles. Esos son los países donde funciona bien.

Pero ¿en qué países pasa eso?

Pasa en más países de los que en España pensamos que ocurre. En general todos los países de nuestro entorno están encontrando un sistema equilibrado.

Volviendo al nuestro, ¿qué piensa sobre los presupuestos de cine y el IVA cultural?

No puedo pensar que son muy positivos. Yo entiendo que puedas no tener dinero y que un país pueda estar en una situación en la que no tiene recursos para eso, pero también entiendo que tú tienes que pelear como un ministro en la mesa del consejo de ministros cada viernes para defender a los sectores que te han sido designados para que los defiendas y los representes. Es tu cometido y es tu obligación.

Quizá el modelo actual ha quedado fuera y quizá ahora estamos en otro tipo de mercado y hay que apoyar la cultura en general de otra manera. Pero entonces cambias las reglas, tienes otros instrumentos de Estado para activar estos sectores. Y ahora yo no veo que haya unas alternativas. Tampoco creo que nos beneficie como país o como colectivo no tener presencia audiovisual. Es dar pasos atrás en algo que íbamos conquistando y que iba bien, diga lo que diga el ministro Montoro.

Su primer guión se llama La buena estrella; su primer libro, El buen hijo, ¿escribirá La buena ministra?

Pues no me había dado cuenta. A veces cuando estaba apoyando a candidatos en campaña electoral municipal sí me parecía que había recorrido para una comedia porque todo es tan precipitado y tan intenso, y las cosas que me contaban alcaldes y concejales o aspirantes... Sí me parecía que había una buena historia pero quizá necesito más tiempo, la escritura no es así de inmediata.

- PUBLICIDAD -

Comentar

Enviar comentario

Comentar

Comentarios

Ordenar por: Relevancia | Fecha