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Carlos del Amor invita a participar en un juego tan real como ficticio

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Carlos del Amor invita a participar en un juego tan real como ficticio

Carlos del Amor invita a participar en un juego tan real como ficticio

Como le ocurre al protagonista de "El año sin verano", Carlos del Amor cree que no hay mejor ficción que la propia realidad, dos conceptos con los que el periodista juega al engaño en una novela, la primera, que atrapa y confunde.

Pero no es esa la única coincidencia que "sospechosamente" existe entre autor y personaje. Los dos son periodistas culturales, trabajan en televisión, les gusta el cine y la escritura, son inquietos y fisgones.

"Sí -reconoce Carlos del Amor en una entrevista con Efe-, tiene mucho de mí, de mis pensamientos, inquietudes... Tiene un ADN muy parecido al mío".

Muchas coincidencias pero ninguna confirmación de que sean la misma persona. "Es un personaje con mucha parte de realidad, pero en el que hay también mucha ficción", juega a la confusión el periodista de TVE, quien reconoce que se trata de un "alter ego" que, incluso, escribe como a él le gusta escribir.

"Invito al lector a entrar en el juego. Amigos que han leído la novela -cuenta Carlos del Amor- me dicen que soy yo, que me tiro todo el tiempo hablando de mí...A todos les digo: tu sabrás".

El personaje al que tanto se parece el autor, y que no tiene nombre, de forma deliberada, para contribuir a una mayor confusión entre realidad y ficción, está solo en un Madrid vacío del mes de agosto de 2013, con el propósito de cumplir el compromiso adquirido con su editorial de escribir una primera novela.

Un verano que, "sin dejar resquicio a la duda", algún meteorólogo había anunciado que no iba a ser tal, pues las temperaturas serían más bajas de lo normal.

Pronóstico que finalmente no se cumplió, una "mentira" que fue aprovechada por Carlos del Amor para dar título a "El año sin verano" (Espasa), que llega casi dos años después de su debut editorial, con el libro de relatos "La vida a veces".

Una primera novela para autor y personaje que es, explica, "un juego, una mezcla a partes iguales de realidad y ficción". "Un juego de confusión y engaño. El lector juzgará qué hay de verdad y qué de mentira" en el relato, que no era el inicialmente previsto.

"Entre sueños", la historia de una mujer con mucha historia a sus espaldas, la de su propia abuela, era lo hablado en un primer momento con la editorial. "Pero se me cruzó otra que me inquietaba mucho, a propósito de un piso vacío que hay justo debajo del mío, con las persianas bajadas desde hace mucho, mucho tiempo".

Un misterio que se convirtió en obsesión y que dio pie a la historia que, real o ficticia, le ha permitido debutar como novelista. "En mi DNI pone que soy periodista; lo de escritor, de momento, es un accidente", comenta pudoroso.

El protagonista de "El año sin verano" -o quizás el autor- aprovecha que el edificio en el que vive se ha quedado prácticamente vacío durante unas semanas de agosto para "asomarse" a la vida de sus vecinos, para entrar en sus viviendas y conocer de primera mano cómo son quienes las habitan, sus pequeñas o grandes historias.

"Cuando escribo, quizás por deformación periodística, -advierte Carlos del Amor- necesito el ancla de la realidad, necesito partir de una realidad concreta, o de una chispa que encienda mi imaginación. Quería que la línea que separa realidad y ficción fuera muy difusa, que el lector dudara o no supiera dónde acaba una y comienza la otra".

Ese colarse en la vida de los demás le permitirá al autor-protagonista -"¿Quién te asegura que no he sido yo quien se ha colado en las casas?", bromea- conocer historias de amor y desamor, de muerte e intriga, de enfermedad, mentiras...

"Vivimos -dice- en nuestra burbuja confortable y, salvo el grupo de amigos más cercanos o la familia directa, no sabemos mucho más de la gente que nos rodea".

Algo que siempre ha despertado la curiosidad del periodista. "Nos rozamos todos los días -argumenta- con gente de la que no sabemos nada, en el ascensor, en el trabajo, por la calle,..., con la que no compartimos apenas nada, pese a ir casi, casi pegaditos por la vida".

El resultado es una novela muy cinematográfica, que remite a títulos concretos de películas. Escrita por alguien que sabe mucho de cine, por trabajo y gusto personal, y en la que las historias cruzadas de los personajes ("Babel", de Iñarritu) acaban encajando como un puzzle.

Historias en las que alguien husmea pacientemente y en secreto. Como en "La vida de los otros" (Florian Henckel von Donnersmarck) o en "La ventana indiscreta" (Hitchcock).

Y ¿qué pensarán sus vecinos si leen la novela?. "Eso me pregunto yo. Si no les entrará la duda de que he entrado en sus casas", comenta con una media sonrisa Carlos del Amor, cuyo estilo tan personal de contar las cosas en televisión se reconoce también en esta su primera novela. "Es bueno que se me reconozca, para lo bueno y para lo malo".

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