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Granada renueva su tradición con las Cruces de Mayo

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Granada renueva su tradición con las Cruces de Mayo

Granada renueva su tradición con las Cruces de Mayo

Calles, plazas, patios, escaparates y centros escolares se llenan estos días en Granada de color y vida con motivo de las Cruces de Mayo, una festividad que se renueva cada primavera y que ha logrado recuperar su carácter más tradicional después de que, hace una década, hubiera cedido ante el alcohol.

Esta capital andaluza vive hoy, con una climatología envidiable, los actos centrales de una fiesta que algunos historiadores ya testimoniaban en 1625 y cuya participación ha batido en esta ocasión todos los récords, con un total de 89 cruces.

El patio del Ayuntamiento de Granada ha acogido este mediodía el pregón del Día de la Cruz a cargo del coreógrafo y bailaor granadino Adrián Sánchez, quien ha recordado esta festividad con orgullo y sobre todo se ha sentido un privilegiado de haber podido disfrutarla desde su infancia hasta parte de la juventud.

"Jamás se alejaron de mí esos momentos de alegría, el olor a primavera y el ambiente que se respiraba, durante los diez años que he vivido en Madrid, añorando pequeñas cosas, los cantes típicos y degustar las famosas habas y salaíllas propias de este día", ha rememorado el pregonero, que ha contando a los presentes una leyenda sobre el significado del Día de la Cruz.

Tras la lectura del pregón, se han entregado los galardones a los ganadores del Concurso de Cruces, cuyo primer premio ha recaído en la modalidad de calles y plazas una vez más a la de Plaza Larga, en pleno corazón del histórico barrio del Albaicín y no muy lejos del mirador más famoso frente a la Alhambra, el del San Nicolás.

En la de modalidad de patios también ha sido galardonada la Corrala de Santiago, en la de escaparates el Bar Antonio de calle Santiago y en la de centros escolares la Obra Social Padre Manjón.

Desde que en 2005 se restringiera la autorización para instalar barras exteriores junto a las cruces, la fiesta ha dejado atrás polémicas motivadas por el hecho de que parecería ser más bien sinónimo de consumo incontrolado de alcohol y dejara muchas zonas históricas de la ciudad repletas de toneladas de residuos.

Decoradas con numerosas de flores y macetas, las cruces se presentan como verdaderos altares engalanados con cacharros de cerámica, mantones y textiles, peroles de cobre y un elemento que, para los desconocedores de la tradición, puede resultar inquietante: unas tijeras abiertas y clavadas sobre un pero (manzana).

En un sentido figurado, este fruto sirve para advertir que el que se atreva a criticar la cruz se expone a que le corten la lengua, lo que intenta frenar la maledicencia popular que en muchos casos puede acabar poniendo algunos "peros" al montaje.

La historia local recuerda que, especialmente en los históricos barrios del Albaicín y del Realejo, los jóvenes construían pequeños altares con una cruz, que eran decorados con mantones de manila, cacharros de cerámica, peroles de cobre y el curioso pero antes mencionado con una tijera clavada.

Paralelamente al montaje de las principales cruces de Granada, los jóvenes recreaban sus versiones a escala pequeña y, desde sus casas o paseando por sus barrios, se acercaban al visitante pidiendo un "chavico", una propina simbólica.

Por Roberto Ruiz Oliva.

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