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"L'enigma di Lea", un homenaje al origen de la ópera, se estrena en el Liceu

"L'enigma di Lea", un homenaje al origen de la ópera, se estrena en el Liceu

"L'enigma di Lea", un homenaje al origen de la ópera, se estrena en el Liceu

El Gran Teatre del Liceu estrenará mundialmente el próximo 9 de febrero la ópera "L'enigma di Lea", del compositor Benet Casablancas, con texto del filósofo Rafael Argullol, que, siguiendo la concepción del origen de este género de Monteverdi, presenta "un equilibrio entre literatura y música".

Con dirección de escena de Carme Portaceli y dirección musical de Joan Pons, "L'enigma di Lea" cuenta en el reparto con Allison Cook (Lea), José Antonio López (Ram), Xavier Sabata (Dr. Schicksal), acompañados por un total de once solistas, un gran coro en el escenario (más de 70 coristas) y una orquesta de 78 músicos en el foso.

"L'enigma di Lea" está considerado un cuento mítico por el propio Argullol, un mito que entra en confusión con la propia realidad, y que se define como "una historia de amor, una historia de un secreto".

Según ha explicado este martes Argullol, "la portadora de este secreto, Lea, es una mujer que, después de ser sometida a circunstancias excepcionales, perseguida por unos monstruos identificables como los dictadores de nuestra época, se convierte en protagonista absoluta, deambula por el espacio y el tiempo, por los países y por los siglos, naufraga en la existencia, poseída por una pasión casi imposible de canalizar".

Desde el punto de vista musical, la ópera se organiza en tres actos y quince escenas, siguiendo el esquema de "exposición, scherzo y movimiento lento", ha comentado Benet Casablancas, quien transmite a cada personaje "características singulares que le dan carácter: la tesitura y un tratamiento vocal diferente determinan una opción teatral".

"L'enigma di Lea" reivindica, en palabras de Argullol y Casablancas, "la igualdad de música y literatura, recogiendo el espíritu del inicio de la ópera con Claudio Monteverdi".

"Ambos tenemos estima por el género, pero la figura de Monteverdi es significativa para los dos, con esa idea de que la música es la servidora de la palabra", ha repuesto Casablancas.

El filósofo tardó seis meses en tener finalizada la primera versión de la historia, y Casablancas empleó los últimos tres años, a plena dedicación, para elaborar la música, y ya en el primer texto detectó dúos, tríos e intervenciones corales.

Para Rafael Argullol, la obra es "distópica, pero también utópica, con elementos humanísticos, especialmente presentes al final del tercer acto".

Un tercer acto que acaba con el verso "Sólo la fe puede rescatar al ser humano de su naufragio", que, aclara Argullol, "no se refiere a la fe religiosa, sino a la fe que nos lleva a luchar por la libertad y por romper el círculo de ciertos totalitarismos que nos rodean, con el mismo espíritu con el que se refiere Goethe casi al final de "Fausto".

A pesar de que Argullol trabajó con tres versiones, en catalán, castellano e italiano, finalmente se decantó por una obra en su mayoría en italiano y con las partes del coro en catalán, porque es "una de mis lenguas literarias, es una lingua franca de la ópera y el contexto mítico del que parte también lo favorecía".

La directora de escena, Carme Portaceli, se sintió atraída por el proyecto porque "para el que le gusta el teatro, una ópera es como una concepción total, casi wagneriana de lo que es un espectáculo", y hay además un reivindicación del papel de la mujer en "un mundo bastante reducido a los hombres".

Por su trayectoria, la escenografía de la obra es contemporánea, ha dicho Portaceli, que ha argumentado: "Aunque el texto esté basado en una tradición mítica, eso no quiere decir que sea una obra antigua, porque tomamos la esencia para hacer una obra del siglo XXI".

La primera parte, añade Portaceli, pasa en un lugar distópico, referencia visual para cualquier europeo del siglo XXI; un mundo uniforme, en el que todos piensan igual, visten igual, como si se perteneciera a una secta".

En el segundo y tercer acto, Carme Portaceli devuelve la acción a nuestros días, a "una especie de manicomio donde se encuentran los disidentes que han de ser tratados para ser como todos".

Argullol ha explicado que la primera idea de este proyecto surgió en 2011, cuando Benet Casablancas le propuso hacer una ópera, inicialmente a partir de un escrito del filósofo barcelonés, pero finalmente se decantó por un texto nuevo.

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