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Leo Nucci lo borda en Rigoletto y hace historia en Les Arts de Valencia

Leo Nucci lo borda en Rigoletto y hace historia en Les Arts de Valencia

EFE

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El barítono Leo Nucci realizó este sábado una exhibición vocal e interpretativa del papel protagonista de “Rigoletto” e hizo historia en el Palau de les Arts al realizar el primer “bis” en las diez temporadas del centro cultural de Valencia (este) con un memorable dúo “Sí, vendetta” junto a la soprano Maria Grazia Schiavo, como Gilda, su hija.

Con una voz potente y de gran belleza tímbrica, Nucci, a sus 77 años, realizó una magistral versión del dúo en el que el bufón Rigoletto clama venganza contra el duque de Mantua por haber deshonrado a su hija Gilda, al mismo tiempo que la joven pide a su padre perdón para el noble que la ha traicionado.

Una cerrada ovación acogió el final de este dúo, seguida de un clamor in crescendo del público que, puesto en pie, no dejaba de aplaudir mientras Leo Nucci, mirando de frente al público, se llevaba la mano derecha al corazón y con la otra cogía a Maria Grazia para compartir con ella la gratitud del público.

Tras unos minutos de aplausos y bravos intercalados, Roberto Abbado ordenó a la orquesta retomar la partitura al inicio de “Sí, vendetta, tremenda vendetta”, y Leo Nucci y María Grazi Schioavo, o Rigoletto y Gilda, volvieron a cantar ese bellísimo dúo.

Los aplausos volvieron a sonar con intensidad al final de esta segunda interpretación, hasta que los dos protagonistas se dieron media vuelta e iniciaron un mutis por el foro en medio del silencio del público. Era el final del acto segundo y la ópera tenía que continuar.

Leo Nucci, junto a Schiavo, escribían así una página histórica del Palau de les Arts, ya que en sus diez temporadas de existencia nunca se había realizado un “bis”, a pesar de que en esta década han actuando en Valencia cantantes de primerísimo nivel.

El éxito de Leo Nucci se veía venir. En el primer acto, dejó constancia de que su voz todavía guarda frescura y que, después de más de 550 representaciones de este papel a lo largo de su dilatada trayectoria, ha hecho suyo el personaje (con joroba y cojera incluidas), pero fue al inicio del segundo acto cuando plasmó todo el dramatismo con el aria “Cortigliani, vil razza dannata”. Luego vendría el colofón sublime con “Sí, vendetta...”.

El público quedó extasiado. Pero todavía quedaban momentos de gran lirismo y fuerza dramática en el tercer acto. Primero con “La donna è mobile”, una canción con la que el duque de Mantua, interpretado por el tenor Celso Albelo, manifiesta que las mujeres son más volubles que una pluma que mueve el viento, una afirmación que hoy podría considerarse impresentable (por machista) pero que es uno de los pasajes más famosos de la historia de la ópera.

Y poco después con la escena final: Gilda ofreciéndose como víctima para salvar al mujeriego conde de Mantua, un hombre sin escrúpulos del que se ha enamorado perdidamente, con lo que, sin pretenderlo, hace realidad la maldición que, en el primer acto, el conde de Monterone (cuya hija ha sido seducida por el noble) le lanza a Rigoletto por reírse del dolor de un padre mancillado.

Con los tres personajes en estado de gracia, y con un Roberto Abbado formidable al frente de la Orquesta de la Comunitat Valenciana, poco importa todo lo demás, como las dificultades para separar las piezas del tablero para formar el laberinto de calles donde Rigoletto mantiene aislada a su hija, o que, en el segundo acto, el propio Leo Nucci tuviera que sentarse para salvar un desnivel del decorado cuando momentos antes había estado saltando de un módulo a otro.

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