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Pueblo y clero firman un año más las tablas en la ceremonia de Las Cabezadas de León

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Pueblo y clero firman un año más las tablas en la ceremonia de Las Cabezadas de León

Pueblo y clero firman un año más las tablas en la ceremonia de Las Cabezadas de León

Cada año, el último domingo de abril la ciudad de León acude puntual a agradecer a San Isidoro que acabase con la sequía que en 1158 asoló los campos del reino, un agradecimiento que el pueblo dice que hace voluntariamente mientras que el clero cree que es una obligación.

La ceremonia de Las Cabezadas se ha celebrado esta mañana en el claustro de La Colegiata de San Isidoro y ha terminado, como siempre, en tablas, puesto que ni el síndico municipal, representado en la figura del concejal Javier García-Prieto, ni el capitular, el canónigo Juan Jesús Fernández, han logrado convencer al otro con sus argumentos.

El síndico municipal ha aprovechado su turno de palabra para tratar de convencer sobre el tono voluntario de esta ofrenda, consistente en dos cirios de arroba bien cumplida y dos hachones de cera.

Para ello ha insistido en que al Cabildo, "con tanta defensa del foro se le está poniendo cara de Montoro o de cobrador del frac" y les ha acusado de empeñarse tanto en la defensa de esta obligación que han descuidado una de sus misiones, que es la conservación del patrimonio.

En este sentido, les ha recordado que al propio San Isidoro le falta la cabeza.

"No ha vuelto, no se sabe dónde está su cabeza, tenemos un santo descabezado", ha afirmado.

También ha recordado que al gallo que preside la torre "le faltan los ojos" y que al cáliz de doña Urraca "le robaron algunas piedras".

El capitular le ha respondido que la cabeza del santo no está en León porque el Cabildo "es generoso, le gusta repartir" y que las piedras del considerado como Santo Grial "no las ha robado el clero".

"Le noto nervioso, no sé si es porque le falta algo de fe de lo que viene a defender o porque los leoneses le están recordando que viene aquí con la obligación de ofrecer esos regalos", ha insistido.

Fue en el año 1158 cuando una sequía asoló los campos del Reino de León, que en aquel momento se encontraba en su época de mayor esplendor.

El pueblo, bajo el reinado de Fernando II, decidió sacar en procesión las reliquias de San Isidoro, al ver que las rogativas precedentes no habían dado resultado a la hora de solventar esa sequía.

El cortejo se dirigió hacia el monte de San Isidro y al llegar a Trobajo del Camino aparecieron nubes negras que descargaron lluvia con tanta fuerza que transformaron la tierra en barro y provocaron que las andas que portaban la urna con las reliquias se atollasen.

Era imposible moverlas por mucho que lo intentaron los fornidos jóvenes que formaban parte de la procesión y la reina doña Sancha, tía de Fernando II, y otras damas oraron y ayunaron durante tres días. Fue después cuando cuatro niños de apenas diez años de edad lograron sacar las andas sin dificultad alguna.

Desde ese momento el pueblo de León acude a honrar a San Isidoro.

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