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Quince "picaos" de San Vicente rememoran una tradición de hace cinco siglos

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Quince "picaos" de San Vicente rememoran una tradición de hace cinco siglos

Quince "picaos" de San Vicente rememoran una tradición de hace cinco siglos

Quince disciplinantes han revivido esta tarde la tradición de los "picaos" en la pequeña localidad riojana de San Vicente de la Sonsierra, donde cada Semana Santa se mantiene esta tradición cuyo origen data del siglo XVI.

Por primera vez en este año, de las cuatro veces que se practica este rito en Semana Santa, quince hombres han recorrido las calles del municipio flagelándose para cumplir una penitencia.

Hasta el inicio del recorrido, también como marca la tradición, no se ha conocido el número de penitentes, cuya identidad se mantiene en secreto y tampoco se dan a conocer los motivos por los que acuden a la precisión.

No obstante, ha detallado a Efe el portavoz de la Cofradía de la Santa Vera Cruz, José Ramón Eguiluz, antes de iniciar la procesión sí que han tenido que acreditar a esta institución los motivos por los que han decidido hacer esta penitencia, que es presenciada en las calles de San Vicente por miles de personas.

Los "picaos" cumplen con esta secular tradición durante la procesión de la Santa Cena; hoy mismo también lo harán otras personas en el interior de la iglesia del municipio durante la Hora Santa, en un acto que destaca por el recogimiento y el silencio y contrasta con las multitudinarias procesiones, como la de hoy.

Mañana tras el Vía Crucis al Calvario, por la mañana, y en el Santo Entierro, por la tarde, también saldrán los "picaos" hasta completar unos 40 disciplinantes, como en los últimos años.

Los disciplinantes, todos varones, -deben ser mayores de edad, católico y tener un certificado de su párroco que acredite su sentido religioso- han recorrido las calles separados unos metros unos de otros, para darse alrededor de 800 golpes a los lados de la espalda.

La procesión marca el final de un proceso que comienza en la ermita del pueblo, donde la Cofradía comprueba que los candidatos a disciplinantes cumplen los requisitos.

Una vez hecho eso a cada uno se le ha asignado un hermano cofrade, que ha sido su guía y que como misión tienen ofrecer ayuda, consejo y protección durante el tiempo de su penitencia.

Tras vestirle con una túnica blanca de lino bajo el hábito marrón de la cofradía, el cofrade ha acompañado al "picao" ante el paso al que desea ofrecer su penitencia, donde, con el rostro cubierto, se ha arrodillado y ha rezado una oración.

Después todos se han desprendido de la capa marrón que les cubría, con lo que se han quedado con su vestimenta blanca, con la cara tapada y la parte de la espalda abierta.

Los "picaos", que recorren la procesión descalzos, se golpean la espalda con un flagelo denominado "madeja", confeccionado con cuerdas de cáñamo de unos 80 centímetros y cuyo peso oscila entre 850 y 950 gramos.

Para cumplir la disciplina, cogen la "madeja" con las dos manos y descargan golpes secos y rítmicos sobre sus zonas lumbares, primero en el lado izquierdo y después en el derecho, durante un plazo de entre diez y quince minutos, aunque no hay un tiempo predeterminado y depende de su constitución física.

Los golpes provocan unos pequeños hematomas que el "práctico" de la cofradía se encarga de pinchar y, para ello, le punza con la "esponja" -una bola de cera con seis puntas de cristal incrustadas de dos en dos-, con seis suaves golpes de dos pinchazos cada uno, que simbolizan el número de los Apóstoles.

Tras los doce pinchazos, los penitentes vuelven a golpearse la espalda con la "madeja" entre quince y veinte veces más para que la sangre fluya mejor de los hematomas y se alivie su dolor.

Cubierto con la capa y ya en la ermita, el disciplinante es curado por otro hermano, quien le aprieta los pinchazos y le lava con agua de romero, hecha por los "prácticos" y mantenida al sereno durante 24 horas.

La cofradía de la Vera Cruz de San Vicente cuenta con unos 150 miembros, de los que 50 son mujeres, quienes también participan en las procesiones como "Marías" y, así, tres de ellas recorren las calles descalzas, con el rostro cubierto y ataviadas con el manto de la Virgen de los Dolores.

Eguiluz ha recordado que los estatutos de esta cofradía se constituyeron en 1551, aunque la práctica de esta disciplina es mucho anterior, ya que cuentan con documentos que acreditan que es un "acto inmemorial".

En 2005 esta tradición fue declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional.

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