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Ναι ή όχι? ¿Sabemos en España de música griega?

Anthony Quinn y Alan Bates en la película 'Zorba el griego' (1964)

Patricia Godes

Quizás sí, pero Nana Mouskouri –que grabó con Quincy Jones y Harry Belafonte– se peleó por llevar sus gafas cuando la coquetería todavía condenaba a las jóvenes a ser como Mr. Magoo y fue la primerísima que se presentó sobre las tablas del Olympia parisino con un embarazo evidente mandando a la porra los remilgos de la época.

La anglosupremacía musical se apoderó de Occidente a lo largo del siglo XX. España la abrazó con especial calor en nombre de una bobalicona modernidad. Con ella, la música se convirtió en negocio billonario y, gracias a ella, hemos disfrutado de Louis Armstrong, John Lennon, Michael Jackson y un etcétera tan largo y emocionante que te hace temblar solo de pensarlo. En contraposición, hemos perdido el contacto con músicas tan cercanas a nosotros como la francesa y la italiana, pero, sobre todo, se ha generado el desprecio más profundo y visceral hacia nuestras músicas populares y folklóricas (excepto el flamenco que tanto gusta a los guiris).

¿Qué conocemos de nuestros vecinos del Magreb o de Portugal? Básicamente, los lanzamientos de las empresas anglosajonas explotadoras de la 'world music'. ¿Y de Grecia? ¿Qué sabemos de la música griega cuando el nombre del país ocupa los titulares y el drama de su gente angustia el corazón de los defensores de la justicia y la dignidad? “Un músico griego y su madre enferma se suicidan acuciados por la crisis” decían los periódicos en 2012.

Como democracia, melodía y armonía son palabras griegas. Rapsodia, sinfonía y música también... Los modos griegos, revisados o no al gusto americano Berklee style, siguen siendo la base de muchas músicas, del mismo modo que Platón sigue explicando mejor que nadie la vida y la naturaleza humanas...

En 1960, el Festival de la canción Mediterránea se celebraba en Barcelona a imitación de San Remo. En su segunda edición, Nana Mouskouri quedó ganadora y su compatriota Aleko Pandas, segundo. Los que vieron la retransmisión en la joven TVE nunca olvidaron la belleza de sus voces. Años después, un tema chicle, Ela Ela de Axis -músicos griegos establecidos en París- se convirtió en viral en verano de 1972.

En 2015, sabemos que, en Grecia, la música de la gente pobre se llama rembétiko o rebétikorebétiko. Los sellos Rounder y JSP han editado colecciones de CDs que son un negocio redondo porque los derechos de esos temas ya están extintos. Como sucede con el flamenco, los anglosajones, tienen que comparar el rebétiko con el blues a ver si consiguen entenderlo, pero nosotros estamos sobradamente familiarizados con esos ritmos de 9/8, esos buzukis y esas liras... Qué le voy a hacer si yo nací en el Mediterráneo...

Influjo griego en España

Los ritmos y cadencias griegas llegaron a constituir por sí mismas una constante en el pop español setentero: Libre de Nino Bravo, ¿Dónde están tus ojos negros? de Santabárbara, Esa niña que me mira de Los Puntos, Vino griego de José Vélez, etc. Con gargantas prodigiosas y un estilo declamatorio similar, Lluis Llach y Camilo Sesto compartían tendencias helénicas a pesar de sus evidentes diferencias: Melina, Con el viento a tu favor, La casa que vull, Vaixell de Grècia... No olvidemos que Viatge a Itaca sigue siendo uno de los discos más vendidos de la historia del mercado musical español.

Luna de miel (1961) y la Danza de Zorba (1965), temas cinematográficos, han sido incombustibles en España. Son composiciones de la figura más emblemática de la música griega: Mikis Theodorakis, músico de formación clásica que compone con el mismo aplomo sinfonías, bandas sonoras y canciones populares. Izquierdista convencido, Mikis sufrió cárcel y torturas durante la dictadura militar. Sus adaptaciones musicales del Canto General de Neruda y el Romancero Gitano de Lorca fueron muy aplaudidos por nuestros progres carpetovetónicos hacia 1971 y 82.

Una información trágica: Salvador Puig Antich, ejecutado por el tardo-franquismo, pertenecía a un grupo de lucha bautizado por una canción de Theodorakis, que cantaba Georges Moustaki. En otro registro, la mallorquina Maria del Mar Bonet graba el álbum El·las en 1993, con canciones de Theodorakis en catalán. Ya desde 1977, había adoptado en su grupo los instrumentos griegos y orientales.

El contacto más directo del público español con la música griega tuvo lugar con Demis Roussos, tremendamente famoso en los 70. Gordo, con túnica bíblica, melena y barba cerrada, Demis se convirtió en figura obligatoria de los concursos televisivos de El doble de los famosos. Con una voz extraordinaria y una ristra inacabable de éxitos claramente inspirados en el folklore griego, fue un ídolo sentimental atípico.

Vangelis, su compañero en Aphrodite's Child, eligió la música electrónica. En 1980, formó dúo con el cantante de Yes y, un año después, ganó un Oscar con Carros de Fuego cuyo tema principal suele pincharse para animar a los participantes de las carreras populares. Se convirtió en la gran figura mundial griega mientras Demis se sumía en sus problemas de peso y su depresión.

Muy famosa ha sido recientemente Eleftheria Arvanitaki, dueña de una voz preciosa y habitual de los festivales de 'world music' desde los 90. Asimismo la ganadora de Eurovisión 2005, Helena Paparizou, actuó en el Orgullo Gay madrileño de aquel año...

Electro, metal... y hasta punk

En las distintas tribus musicales, existen especialistas que conocen las distintas traducciones locales de sus estilos favoritos. Agustín Gómez Cascales, periodista y DJ conocido como Cascales, nos pasa sus recomendaciones: Olga Kouklaki, conocida como 'La sirena electrónica del mar Mediterráneo', presentación que constituye una verdadera invitación para escucharla. Marsheaux, un dúo tecno-pop formado por dos chicas atenienses que tocan teclados y cantan en inglés pero no se les entiende nada. Y ELIOT, productor y remezclador dentro de la tendencia de combinar electrónica con sonidos analógicos. Como a las anteriores, no se le nota nada que es griego. Sospecho que los tres estarían encantados de leerlo.

Dentro del metal, Grecia cuenta con una primera figura, informa Marisa Pérez, directora de la promotora de conciertos Frontline: Gus G, uno de los mejores guitar heroes actuales. Gus estudió en Berklee y es el guitarrista de Ozzy Osbourne. También está al frente de su propio grupo, Firewind. En el metal más extremo, Marisa recomienda a Rotting Christ que dan muchísimo miedo, han sido muy influyentes y se caracterizan por temas con mucha dinámica y cambios de tempo y estilo. Mariano Muniesa, redactor de La Heavy y miembro del grupo de trabajo de música del circulo Podemos Cultura, confirma a Firewind y Rotting y añade el rock clásico de los atenienses Outloud y, también de Atenas, On Thorns I Lay, la banda de metal gótico más conocida de Grecia.

Cuando los Sex Pistols rompieron sus camisetas y todos los convencionalismos musicales, el eco de sus guitarrazos resonó en todo el mundo. También en Grecia, cuenta Vicente Mena, uno de nuestros coleccionistas de punk rock más serios y comprometidos y otro de los fundadores de Frontline: “En Atenas existió un conglomerado de grupos punk desde los primeros 80: Stress, Ex–humans, etc”. En activo desde 1983, Panx Romana tienen el pelo gris pero la misma rabia de su adolescencia. Han anunciado un álbum con nuevas canciones para finales de año “porque”, afirman, “nuestra época las necesita más que nunca”.

Poco de todo esto conocemos los españoles. Ni históricos como Vassilis Tsitsanis, Manos Hadjidakis o el mismo Theodorakis suelen tener presencia en nuestros medios. ¡Qué triste nuestro contacto musical con Grecia! La Unión Europea ni siquiera ha servido para acercar nuestras músicas.

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