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"Salvator Rosa", sátira del poder de Nieva, se estrena plena de vigencia

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"Salvator Rosa", sátira del poder de Nieva, se estrena plena de vigencia

"Salvator Rosa", sátira del poder de Nieva, se estrena plena de vigencia

Francisco Nieva situó la trama de "Salvator Rosa o el artista" en el Nápoles de 1640, la obra se publicó en 1988 y no se estrena hasta ahora, pero lo hace cargada de total actualidad con su sátira del poder en un escenario de indignación social.

Producida por el Centro Dramático Nacional (CDN) con dirección de Guillermo Heras, se representará del 27 de febrero al 5 de abril en el Teatro María Guerrero de Madrid, algo que al autor le tiene "en capilla" como a los toreros, ya que espera que el público perciba que está ante "un texto muy denso, muy complejo", ha dicho hoy en rueda de prensa.

Pese a ello, cree que el espectador "puede encontrar gran paralelismo entre la obra y la realidad": un Nápoles sofocado por los impuestos se subleva por la aplicación de otra tasa sobre la fruta, y lo hace liderado por el pescadero Masanielo, a quien la masa que le otorga el poder acaba matando porque la autoridad le obnubila y se olvida de sus conciudadanos.

"Es la indignación ante una mentira. Cuando se dice que las cifras macroeconómicas están creciendo pero la ciudadanía no lo percibe, y sólo hay desgracia, frustración y desesperanza y eso es lo que no quiere ver Masianelo y algunos políticos de nuestro momento actual", ha comparado el autor nacido en Valdepeñas (Ciudad Real), en 1924.

No obstante, Nieva duda de que si hubiera una revolución ahora en España acabase bien, porque "casi nunca" lo hacen, citando como ejemplo la francesa, que se desató contra el poder establecido y acabó con Napoleón coronado emperador. "Dicen que las masas son muy manipulables y, en efecto, lo son, son muy adueñables", ha añadido.

Al escuchar su texto, se encuentran frases que "suenen como si se hubiesen escrito hoy, pero es el texto íntegro de Paco Nieva", ha subrayado el director del montaje, quien ha agradecido al autor la aportación de ideas durante la fase de ensayos.

También se debe a él la idea general de la escenografía, que firma el argentino Gerardo Trotti en función de los bocetos que diseñó el escritor, periodista, dramaturgo y escenógrafo.

Gabriel Garbisu encarna a Masianelo en su "primer Nieva". "Represento el poder, a la gente que acaba emborrachándose de poder y olvidándose de la calle". "El poder obnubila bastante, oculta la verdad de la calle; (quienes lo ostentan) sólo se fijan en sí mismos y se creen destinados a salvar el mundo", ha apostillado el autor.

El pintor Salvator Rosa, que suplanta a Masianelo y comete sus mismos errores, acaba simbolizando el triunfo del arte, "el derecho de los artistas a cambiar la vida y estimular el conocimiento, la imaginación y la fantasía de los hombres", ha dicho quien defiende que "las revoluciones del arte son siempre preferibles a las reales".

En la piel de Rosa se mete Nancho Novo, que ha dejado para ello el éxito empresarial del montaje "El cavernícola", que ha protagonizado en solitario durante seis años. "Tenía la necesidad vital de volver al teatro con compañeros. Es un placer volver al teatro clásico y creo que éste es el personaje que más me he currado en mi vida", ha confesado el actor y músico.

En una obra de Nieva, que se define como "muy feminista", no podían faltar mujeres como Floria, a cargo de Ángeles Martín, quien la ha presentado como "la heroína de la historia". "Floria es la mujer moderna como yo la imagino: metiendo en baza en todo con razón", ha apuntado el autor.

Aunque parezca el contrapunto de Floria, Rubina (Beatriz Bergamín) es "una lista que se hace la tonta, porque los caballeros siempre las prefieren tontas para que no sean superiores a ellos en nada", en palabras de un Nieva lúcidamente locuaz que ha arrancado en muchas ocasiones las risas del elenco.

"Salvator Rosa o el artista" se presenta "como un espectáculo de calidad, hecho como se hacía el teatro hace 20 años", con plena vigencia social y como reivindicación cultural ante escenarios plagados de obras que "van por un camino demasiado fácil, porque es más fácil hacer reír a la gente con chistes ocasionales de realidad política: no hay hambre de fines estéticos sino económicos".

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