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Cultura

Los raperos que no amaban a las mujeres

La polémica inesperada de 'Straight Outta Compton' ilumina una parte oscura de la historia del grupo y del rap: la violencia contra las mujeres

Ice Cube: "Si no eres una zorra o una puta, no salgas a defender a estas mujeres despreciables”

Dee Barnes, con Dr Dre

Dee Barnes, con Dr Dre

“Cuando algo pasa en South Central, Los Angeles, no pasa nada”. Esta es la primera frase de la versión extendida de Straight Outta Compton, el single que lanzó a NWA, Niggaz With Attitude, y que da título al biopic del supergrupo del rap californiano con el que regresan Ice Cube, Dr. Dre, Dj Yella y McRen después de veinticuatro años, la muerte del quinto miembro Eazy-E, y el éxito descomunal primero en conjunto y más adelante en solitario de sus integrantes.

La película promete ser uno de los taquillazos del otoño en todo el mundo, ya que en tan solo dos semanas lleva recaudados 111 millones de dólares en Estados Unidos. Straight Outta Compton cuenta una historia titánica en sí misma: cinco raperos del barrio más violento de Los Angeles logran trascender su propio entorno a mediados de los ochenta, triunfar masivamente y a su vez, realizar una de las críticas más despiadadas al sistema represivo y racista de Estados Unidos.

Como una profecía a punto de cumplirse, NWA diagnosticó en 1988 la injusticia y violencia de su entorno en Fuck da Police y Gangsta Gangsta, vaticinando el caso de Rodney King, la respuesta policial y los disturbios de Los Angeles en 1991 que conmocionaron a la sociedad. NWA retrató y demostró que el racismo endémico de la policía estadounidense era real, igual que lo eran los estereotipos de violencia descontrolada que se achacaban, y aún se le achacan, a la población negra.

El 'otro' historial de violencia

Pero Straight Outta Compton, dirigida por F. Gary Gray, se ha enfrentado a un escollo inesperado: la reaparición del caso de Dee Barnes, la periodista a la que Dr. Dre atacó y golpeó en una fiesta de la industria discográfica en 1991. Supuestamente, Dre estaba molesto por el enfoque de Barnes cuando trató la separación de NWA en un popular programa sobre hip hop. En su momento fue sentenciado a cumplir 240 horas de servicios a la comunidad y a una multa de 2.500 dólares. La demanda civil interpuesta por Barnes no llegó a juicio, ya que ambas partes alcanzaron un acuerdo. Tras el incidente, Dr. Dre declaró: “Si alguien me jode, le joderé. Sí, lo hice. No es gran cosa, sólo la lancé a través de una puerta”.

Veinticuatro años después del caso, Dee Barnes ha reaparecido con un artículo en Gawker, donde ofrece sus impresiones con respecto al biopic en el que no se hace alusión a su caso, ni a la larga lista de violencia contra las mujeres que se le ha achacado a Dr. Dre a lo largo de años. Barnes argumenta que no le sorprende que el director tomara la decisión de no incluir su testimonio, ya que F. Gary Gray era precisamente el cámara del programa que causó el enfado de Dre, y por tanto, perfectamente consciente de los hechos posteriores.

A su vez, Barnes enumera los otros casos que tampoco salen en la película: la exnovia de Dr. Dre Michel'le, a la que el rapero rompió la nariz y que resumió su relación como la de “una novia silenciosa a la que golpeaban y le decían que se sentara y se callara” o la compañera de sello Tairrie B, a la que Dr Dre propinó varios golpes en la fiesta de los Grammy de 1990.

Tras la atención que ha suscitado el texto de Barnes, Dr. Dre, productor ejecutivo de Straight Outta Compton junto a su excompañero Ice Cube, ha entonado un mea culpa por primera vez en un comunicado en el New York Times: “Hace 25 años era un hombre joven que bebía demasiado y no tenía una vida estructurada. Aún así, eso no constituye una excusa para lo que hice. (…) Pido perdón a las mujeres a las que he hecho daño. Lamento profundamente lo que hice y sé que ha tenido un impacto que perdurará en nuestras vidas”.

El papel de los medios

¿Por qué ahora? La respuesta parece evidente: la revisión histórica de NWA en el cine quiere abarcar a un público amplio y ni Dre ni los estudios de Universal quieren arriesgarse a un boicot propiciado por los movimientos feministas. Por otro lado, Dr. Dre y sus compañeros han tenido que enfrentarse a su propia historia: las declaraciones que realizaron sucesivamente a lo largo de los años sobre estos casos no les dejan en buen lugar. Incluso recientemente, en una entrevista con Rolling Stone durante la promoción de la película, Ice Cube respondía a las críticas con respecto a la violencia machista en las letras de NWA y a las acusaciones contra Dr. Dre: "Si eres una zorra, probablemente no te gustaremos. Si eres una puta, probablemente no te gustamos. Si no eres una zorra o una puta, no salgas a defender a estas mujeres despreciables”.

Pero, por otro lado, una parte –aunque pequeña– de la opinión pública parece preparada para revisar también la connivencia de medios de comunicación y la pasividad social ante la violencia machista de algunas estrellas de gangsta rap. Si primero fue la denuncia por parte del periodista musical Jim DeRogatis sobre la falta de repercusión mediática de las acusaciones contra R Kelly por abuso sexual a menores, más recientemente el periodista Byron Crawford ironizaba sobre la falta de atención que su propio medio estaba prestando a sus artículos críticos con ciertos raperos de la industria. Apuntaba que el canal no los promociona en las redes precisamente por tratarse de estrellas famosas con mucha influencia entre anunciantes y marcas.

Crawford aseguraba: “Como a nadie le importará este siguiente artículo, me he molestado en recopilar todos los casos en los que Dr. Dre pegó a una mujer”.

Estados Unidos contra los hombres negros

Dee Barnes achaca la falta de atención a su caso y al del resto de mujeres a una razón endémica: “Hay una conexión directa entre la opresión a los hombres negros y la violencia perpetrada por los hombres negros contra las mujeres negras. Es un ciclo de victimización y reconstrucción de la violencia que tiene sus raíces en el racismo y se perpetúa con el patriarcado”, dice en su artículo.

Hasta muy recientemente, la violencia machista ejercida por hombres negros contra mujeres podía ser oscurecida a través de la victimización del sujeto negro y el paraguas del racismo. Casos como los del juicio de O.J. Simpson, acusado de asesinar a su exmujer, o más recientemente las acusaciones de abuso sexual contra Bill Cosby eran desechadas como campañas de desprestigio por parte de un sistema eminentemente racista.

Sólo ahora, con una nueva y más tardía lectura sobre qué representan estos hechos, las declaraciones del director de la película, F. Gary Gray, molesto ante la controversia que han acarreado las declaraciones de Barnes, adquieren un nuevo sentido: “Deberíamos centrarnos en cómo trata la policía a los ciudadanos norteamericanos inocentes. ¿Qué hay de eso? Hablemos de eso, que es tanto o más importante que lo de esas mujeres”.

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