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Torres-García, maestro de una singularidad inclasificable, conquista Madrid

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Torres-García, maestro de una singularidad inclasificable, conquista Madrid

Torres-García, maestro de una singularidad inclasificable, conquista Madrid

Artista de una singularidad inclasificable que transgredió los convencionalismos del arte, el uruguayo Joaquín Torres-García es protagonista de la gran retrospectiva que procedente del MoMA de Nueva York llega al Espacio Fundación Telefónica.

"Joaquín Torres-García: Un moderno en la Arcadia", repasa los logros del creador del Universalismo Constructivo en la pintura, la escultura, el fresco, el dibujo y el collage, a través de 176 obras de más de 70 prestadores de todo el mundo.

Entre ellos la propia Fundación, que cuenta en su colección con dos obras del artista uruguayo, así como el Museo Torres-García de Montevideo, que ha cedido casi la tercera parte de las obras.

Las tesis de Luis Pérez-Oranas, comisario de arte latinoamericano del MoMA y de esta retrospectiva, arrojan una renovada mirada sobre el artista, resaltando nuevos aspectos de su trayectoria.

Este análisis subraya, en opinión de Ramona Bronkar directora de exposiciones del MoMA, "una individualidad imposible de calificar y una referencia para la modernidad".

Con esta ambiciosa retrospectiva "queremos ampliar la visión del arte moderno latinoamericano y europeo. Es importante ver lo que a Torres-García le hace contemporáneo", según el comisario.

El recorrido cubre "los periodos fundamentales de decisiones" hasta el final de su trayectoria, atendiendo especialmente a dos momentos. El primero de ellos el de experimentación formal durante los años 1926 a 1932 en París "en que filtra todos los lenguajes que encuentra" en una época caracterizada por un ecléctico panorama artístico.

"Defiende entonces que no hay oposición entre la figuración y la abstracción sino que lo que existe es la construcción que puede ser concreta o abstracta", ha recordado el comisario.

Durante su estancia en París, Torres-García elaboró sus obras a través de la aplicación de diferentes estilos, y aunque se mantuvo fiel a sus principios de orden y estructura, esa ambigüedad artística se interpreta como una demostración visual de su necesidad de asimilar los diversos y conflictivos movimientos de la época.

De este periodo son "Fresque constructif au grand pain" y "Physique", pinturas con figuras esquemáticas trazadas simplemente sobre una cuadrícula en la que tonalidades sencillas resaltan campos geométricos.

El otro periodo en el que el comisario ha puesto especial atención es el que marca su regreso, en 1934, a Montevideo, donde se convirtió en una figura cultural central, fundó la "Asociación de Arte Constructivo" y después el Taller Torres-García, verdadero órgano de difusión de sus ideas.

"Allí llegó a sintetizar sus teorías con una producción de abstracción constructiva que difícilmente puede existir otra igual". Sus cuadros arquitectónicos son, en su mayoría, cromáticamente reducidos a un contraste de blanco y negro.

Ejemplo de estas obras esenciales son "Composición abstracta tubular" (1937), "Forma abstracta en espiral modelada en blanco y negro" (1938), y "Construcción en blanco y negro" (1938).

La década final de la obra de Torres-García se caracteriza por un eclecticismo, a medida que fue revisando el repertorio entero de sus estilos característicos, abstracto y concreto, desde la figuración esquemática hasta el Universalismo Constructivo.

El recorrido finaliza con obras tardías como la abstracta "Estructura a cinco tonos con dos formas intercaladas" (1948), y su última obra, "Figuras con palomas" (1949), una escena de maternidad.

"Su curiosidad por la infancia también implicó su interés por la infancia de las formas", según el comisario para quien Torres-García fue un migrante permanente "un ciudadano de cada una de las ciudades en que vivió, convencido de que las formas solo viven en cuanto migran".

En unos años en que Europa se obsesionaba por los vínculos de sangre "él opuso el vínculo del símbolo y del universo a través de su Universalismo Constructivo. Es bueno hoy en día redescubrirlo".

Otros capítulos de la exposición, que tras su paso por Madrid se exhibirá en el Museo Picasso de Málaga, prestan atención a la estancia del artista en Barcelona, ciudad a la que llegó con 17 años y donde se convirtió en un pintor de la vida moderna y fue uno de los más reconocidos a principios del siglo XX.

La ciudad moderna es protagonista de algunas de las obras de este periodo como "Figura con paisaje de ciudad" (1917), "Composición vibracionista" y "Ritmo de ciudad"(1918).

En 1920 Torres-García se mudó con su familia a Nueva York, donde comenzó la producción de "Aladdin Toys", juguetes de madera en los que explora la noción de una estructura transformable.

Durante su breve estancia en Nueva York, representó la ciudad caótica en una serie de sorprendentes collage, especialmente "New York Street Scene" (1920), obra del MoMA que por primera vez se puede contemplar en España.

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