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Tropicalismo, Jazz Latino y Flamenco, al rescate de un festival en crisis

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Tropicalismo, Jazz Latino y Flamenco, al rescate de un festival en crisis

Tropicalismo, Jazz Latino y Flamenco, al rescate de un festival en crisis

Jazz de inspiración brasileña en el Gran Teatro; y de aliento latino y flamenco en el Teatro de La Axerquía, han puesto banda sonora a la penúltima jornada del 37 Festival de la Guitarra de Córdoba, que ha llegado exhausto a los conciertos de Kurt Rosenwinkel, Tomatito y Michel Camilo.

Era uno de los días grandes del festival, un evento consagrado, recordemos, a las cuerdas, y que tenía marcada para hoy la presencia casi simultánea de dos virtuosos de la guitarra de dos géneros distintos: Tomatito en el ámbito flamenco; y Kurt Rosenwinkel en el jazz, un género que este año ha sido el salvavidas de esta cita musical.

Ha sido este último el primero en atacar. El "profesor" de Filadelfia, un Rosenwinkel que debutaba en esta cita musical, lo hacía con un disco debajo del brazo, el recién editado "Caipi", de inspiración brasileña y tropicalista, en el que no sólo demuestra su pericia con las seis cuerdas, sino que se ha explayado en aspectos compositivos.

Con apoyo de un colchón electrónico y de un puñado de músicos jóvenes y talentosos, el compositor norteamericano se ha inspirado en clásicos del pop, el funk y el jazz brasileño, con especial cariño en el aspecto psicodélico del conjunto, lo que ha dado como resultado un disco que ya ha sido saludado con entusiasmo por la crítica especializada.

Reputado músico de sesión, requerido por algunas de las estrellas más rutilantes de la música negra, Rosenwinkel ha desarrollado una carrera brillante aunque bajo el radar del gran público, pero con especial énfasis en la enseñanza -de hecho, mañana imparte una clase maestra en el marco del festival-, sin que ello haya supuesto descuidar su faceta compositiva e interpretativa, que le llevó a fichar por un sello tan reputado como Verve.

De hecho, si algo ha llamado la atención de su última obra, es que el guitarrista de Filadelfia ha tocado todos los instrumentos, desde la batería al bajo, pasando por el piano, el sintetizador o la percusión, e incluso con incursiones vocales quizá osadas, porque en directo han sonado faltas de carisma y expresividad.

Con la sobriedad por montera, Rosenwinkel que se plantaba en el Gran Teatro acompañado por Bill Campbell (batería), Antonio Loureiro (percusión y voz), Federico Heliodoro (bajo), Olivia Trummer (piano y teclados), Pedro Martinz (guitarra, sintetizador y voz), ante unas 500 personas, una entrada flojita propia de un sábado de verano.

A éstos, Rosenwinkel les ha regalado un concierto que ha ido de menos a más, en el que ha estado siempre certero en la guitarra, pero con un tono suave, como la música brasileña en la que se inspira 'Caipi', que sonaba un tanto encapsulada en un espacio tan cerrado como un teatro: La Bossa y el Tropicalismo piden aire libre.

Aire como el que han tenido, al término del recital de Rosenwinkel, Michel Camilo y Tomatito, que volvían a Córdoba con 'Spain Forever', y ofrecían un concierto con un tono más reposado, de conocimiento profundo en comparación a sus anteriores trabajos, pero no exento de Jazz latino.

A la espera de que mañana cierre el festival la banda Amaral, la 37 edición del Festival de la Guitarra quedará como una de las más descompensadas, con una falta de garra en la elección de grandes artistas, y con una moderada pero competente respuesta en las propuestas más estimulantes, como los conciertos de Jazz, Blues y músicas del mundo.

Vacío de cabezas de cartel capaces de movilizar a las masas, a la cita estival con la música de Córdoba la ha salvado la calidad intermitente de un puñado de conciertos de Jazz -Dhafer Youssef, Lee Ritenour y Dave Grusin o Ponty-Lagrene-Eastwood, entre otros-, o por el recital que dio ayer, también en clave jazzística y soul la irlandesa Imelda May.

Mañana, al cierre de esta edición, tocará repensar cómo volver a seducir al público mayoritario, huérfano, no ya de guitarristas, sino de ganchos que lo hagan conectar con un festival tan maduro como el de la guitarra, y que puede estar viviendo la crisis de los 40 un poco antes de tiempo.

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