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Cultura

El Arte habla con una sola Voz

La Mesa Sectorial del Arte Contemporáneo que se ha presentado en el Reina Sofía no es un lobby, ni una burbuja; es la necesaria respuesta al peor año para el arte

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El Museo Reina Sofía ha sido el anfitrión de la Mesa Sectorial del Arte Contemporáneo

El Museo Reina Sofía ha sido el anfitrión de la Mesa Sectorial del Arte Contemporáneo

Se ha presentado en Madrid la Mesa Sectorial del Arte Contemporáneo. Un hecho que, en sí mismo, puede parecer de un interés puramente interno para un sector social, cultural y económico que, eso sí, no pasa por sus momentos más boyantes. Pero sucede que la Mesa Sectorial es ambiciosa.

Esta Mesa Sectorial viene gestándose desde hace ya un año por parte de las ya existentes y bastante representativas asociaciones del sector, mucho más organizado de lo que la imagen romántica de artistas solitarios e insolidarios o de gestores endiosados y materialistas podría hacer pensar. Sin mayores medios ni una industria como la cinematográfica o la editorial que lo apoye, los artistas, críticos, galeristas, mujeres en el arte, directores de museos/centros o el interprofesional Instituto de Arte Contemporáneo, han formado lo que, en esta sociedad de intereses propios, podría entenderse como un lobby.

Sin embargo, esta palabra fue rechazada ayer de forma explícita porque la Mesa Sectorial no nace solo como un grupo de presión para defender unos intereses corporativos, económicos o de estatus. Lo que en el fondo intenta es que el Arte Contemporáneo cumpla una función en el cambio social. Tras muchos años de reflexión, el Arte Contemporáneo entiende que su futuro depende no solo de un IVA de más o de menos -que también- sino de que este país salga de la penuria educativa y social en que está sumida la cultura. Sin esas bases no hay leyes ni decretos que valgan: al personal, a la gente, al pueblo llano, le seguirá pareciendo este un mundo elitista y perfectamente extraño a su realidad cotidiana.

Por ello la Mesa Sectorial, en su presentación madrileña, insistió en que sus acciones no se limitarán solo a tomar contacto con la política, sino a estudiar e impulsar iniciativas educativas o de otro tipo que, dentro del penoso marco actual, vayan logrando borrar, o al menos difuminar, la frontera que impide un contacto natural entre la cultura contemporánea y un público potencialmente interesado en las artes.

Sorpresa: los trabajadores del arte también son trabajadores

Como parece natural, hay también reivindicaciones laborales y profesionales. Los protagonistas del arte no son otra cosa que trabajadores autónomos, eventuales, fijos y funcionarios con problemas como todo hijo de vecino. Con sus peculiaridades, pero eso es algo que igualmente puede decirse de sectores como el sanitario. Si el sector del arte logra que los creadores y profesiones anejas tengan, por ejemplo un tratamiento fiscal medianamente sensato (actualmente los artistas están englobados para el IRPF con Circo y Variedades, bueno para el chascarrillo, no tan bueno para la profesión), se habrá avanzado algo, no solo en este terreno, sino en el de las artes en general. Hay sectores como el de la música o la danza contemporáneas que viven un estado semi-comatoso. Entre otras cosas porque no tienen voz.

El cambio o, mejor quizá, el avance en la actitud del sector consiste en que hasta el momento se había comportado, como otros de la cultura, de forma reactiva. Si había un director general amistoso, se podía llegar a logros como el Documento de Buenas Practicas o el nonato Plan Estratégico con el último gobierno socialista. Si por el contrario el director general era hostil o indiferente, la respuesta han sido decenas de protestas públicas cuya efectividad no ha sido mayúscula. Hablamos de un nivel estatal, el representado por esta Mesa Sectorial, pero lo mismo podría decirse de los niveles autonómicos y locales.

El pensamiento ahora, tal y como quedó muy explícito en la presentación, es pasar a una fase propositiva, no esperar a si te llaman o no, sino de actuar como un motor de cambio. Ya está lanzada una amplia batería de propuestas que se van trasladando a partidos, instituciones o asociaciones. Las principales tiene que ver con aplicar y ampliar el Código de Buenas Prácticas de 2007; cumplir con la Ley de Igualdad; transparencia y buen gobierno; recuperación de los presupuestos públicos destinados a la cultura; favorecer la inversión del sector privado en el arte contemporáneo; promover la igualdad con medidas económicas; mejorar el papel del arte en el sistema educativo; promoción y difusión de la producción artística o información rigurosa y de calidad en los medios de comunicación. Hay mucho más, hasta cuarenta acciones concretas se ha puesto o se pondrán en marcha.

Y no solo eso. La mesa también insinuó que, llegado el momento, el sector puede plantearse acciones más contundentes. No sería este el primer país donde se produce una huelga del arte. Por otra parte, son buenos tiempos políticos para algo como la Mesa Sectorial. Las elecciones generales llegarán en breve y bastantes de las nuevas corporaciones locales están a la búsqueda de formulaciones que resuelvan problemas, sacudan antiguos dogmas, regularicen situaciones sangrantes y contribuyan a sacar al arte (la cultura) contemporáneo de esa singularidad cósmica en la que lleva instalado demasiado tiempo.

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