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La frágil nave de ARCO en la tempestad del mercado

ARCO 2017 abre sus puertas

J.M. Costa

Otro año de ARCO y van treinta y seis. Pero este 2017 viene interesante. Tras un 2015 en el que el mercado global del arte contemporáneo bajó de forma notable y no se recuperó mucho en 2016 ni en estos principios de 2017, ARCO, a la que medios del país invitado, Argentina, llaman una feria “hoy en su ocaso”, vuelve a sacar sus trajes de fiesta. Con su principal acceso, una linea de metro cerrada por obras, añadiendo suspense logístico a la situación.

Competencia global

Lo que sucede en el mundo de las ferias es que la competencia ha crecido. En 1970 había tres ferias de arte contemporáneo en todo el mundo. Hoy hay más de 300, sin contar algunas de las ferias-satélite de los grandes eventos internacionales. Solo a finales de febrero, coincidiendo con ARCO, JustMAD y Art Madrid (las tres más notables de las más de media docena de ferias que tienen lugar en Madrid esta semana), hay ferias en Bruselas, Filipinas, Miami, Ciudad del Cabo o Zurich (esta ultima una feria-boutique con solo seis galerías). A principios de marzo llega Nueva York con al menos siete ferias coincidentes y luego Dubai, Tokyo, Hong Kong o París. Es cierto que ARCO sigue siendo la feria más visitada del mundo, con casi 100.000 visitantes. Pero incluso a ese nivel ha sido alcanzado por Art Basel, por Estambul, por el Armory Show de Nueva York e incluso por el Arte BA de Buenos Aires y sobre todo por ART Miami. Esto último es notable porque la crisis obligó a ARCO a abandonar sus ambiciosos y puede que quiméricos planes de expansión americana. Y cuidado, aunque este sea un ámbito de sedicente lujo, la mayor parte de los visitantes que se dejan 30-40 Euros en la entrada ha solido ir en metro. ¡Y la linea 8 está en obras! No se sabe si pintan bastos, pero oros tampoco parece.

ARCO sufrió su crisis particular cuando llegó la crisis y ahora puede ser calificada por la revista argentina ambito.com como “La Argentina, invitada a la feria madrileña ARCO (hoy en su ocaso)” en una entrevista con el ministro de Cultura argentino, Pablo Avelluto, al discutir que la presencia de su país en ARCO 2017 vaya a suponer entre 1 y 3 millones (cada uno hace cuentas diferentes) de euros con cargo al maltrecho erario publico del país. Y encima, con acusaciones de favoritismo político hacia algunas de las galerías invitadas, como la de una sobrina del presidente Macri.

El descontrol de ARCO

Pero ¿cuál es la realidad económica de ARCO? No se sabe ni se ha sabido nunca. Del 2016 las únicas cifras que conocemos son que el presupuesto era de 4,5 millones de euros (como en este 2017) de los cuales se destinaron y destinan 1,5 millones a promoción internacional. Y que el Reina Sofía compró 19 obras por valor de 400.000 euros. No hay más ni, por supuesto, un balance público. ¿Es esto de recibo en una institución, Ifema, cuyo 62% pertenece al Ayuntamiento y a la Comunidad? Lo será mientras los medios acepten y reproduzcan sin mover una ceja cifras tan desconcertantes como la aducida por el director de ARCO, Carlos Urroz, sobre que en 2016 acudieron a la feria 30.000 profesionales. ¡30.000! Curiosamente en la presentación de ese ARCO 2016, Urroz había hablado de 1.000 profesionales. ¿No hay una disparidad algo aparatosa?

Sabemos o intuimos que el 35% de las ventas en España tienen lugar en ferias, nacionales o internacionales. Eso es al menos lo que decía la Fundación Arte y Mecenazgo en su informe sobre el Mercado español del arte 2014. Según el informe, el 72% de las 650 galerías españolas de alguna importancia (hay casi 3.000 registradas) vendió arte contemporáneo y el 99% de las ventas no superó los 50.000 euros por unidad. Pero todo esto es sigue en penumbra: un estudio serio como pretende ser el de la FAM no puede decir: “Se calcula que, en 2013, ARCO generó para la economía española unos ingresos de más de 100 millones de euros en menos de una semana”. ¿Cómo que “se calcula”? Un balance es un balance y se basa en datos, no en cálculos que tampoco se explican.

La mutación del gran mercado

Pero es que ARCO abre sus puertas en unos momentos donde el sistema del arte contemporáneo no es que haga aguas, pero sí atraviesa cambios de gran calado. Sus protagonistas son las ferias, las casas de subastas y la venta online en detrimento del galerismo tradicional.

Ha de pensarse que solo un 1% de las ventas de arte de posguerra y contemporáneo, supusieron un 57% de valor de las ventas totales (unos 4.500 millones de euros). Esto implica que si se retrae ese escalón superior (obras por encima de un millón de euros), el conjunto del mercado sufre de forma proporcional y muy notable. Que es una de las razones de la debilidad de los dos últimos años, prolongada en las primeras subasta de este 2017.

Además, las casas de subastas tienden a trabajar cada vez más coordinadas con dueños de hedge fonds. Estos financieros invierten en arte con los mismos criterios especulativos de alto riesgo con que lo hacen en el mercado de valores. Dicha complicidad, antes reservada a galerías o marchantes de primer orden, tiende a distorsionar aún más el mercado, en el cual ya no entra consideración artística alguna. Y puede suceder que problemas financieros en un solo país, como fue el caso de China, con casi un 20% de cuota de mercado, impliquen una reducción repentina de compradores y la venta muy a la baja de obras compradas poco antes.

Siguiendo en ese ámbito, remoto pero definitorio, el año pasado ha visto cambios de personal sorprendentes, como que el director de arte contemporáneo en Sotheby's de los últimos veinte años, Brett Gorvy, haya dejado la empresa para pasarse a la galería neoyorquina Dominique Levy's. Esta no es una galería al uso, sino una especializada en legados como los de Yves Klein o Roman Opalka, representación de artistas famosos ya octogenarios, como Frank Stella, Pierre Soulages, Enrico Castellani o Günther Uecker y al mercado secundario de una larga lista de obras de artistas clásicos y generalmente fallecidos de la modernidad y la contemporaneidad. Tal vez como reacción a esta evolución, Sotheby's ha modificado su plan de negocio y ofrecerá servicios de representación para artistas y legados, algo que entraría en un campo tradicionalmente administrado por las galerías.

La especulación como fin en sí mismo

En realidad, el montante del arte realmente contemporáneo, de artistas vivos para entenderse, en las subastas europeas y norteamericanas nunca ha pasado del 16% del total y tanto Sotheby's como Christie's, las dos primeras casas de subastas del mundo, vendieron durante el 2015 cerca de un 20% menos en arte contemporáneo que en el 2014. Durante el 2016 la situación se mantuvo, pero no se recuperó.

En septiembre pasado Bloomberg publicaba un artículo sobre la caída espectacular en los precios de artistas jóvenes en solo un año, del 2014 al 2015. Ponía como ejemplo la brutal costalada del pintor de 29 años Hugh Scott-Douglas, cuyas ventas en subasta pasaron de 650.00 dólares a poco más de 50.000 en solo un año. Sin recuperarse al siguiente. Si uno mira los resultados de la subasta especializada en actualidad New Now del último diciembre en la casa Phillips, rápidamente cae en la cuenta de que poquísimas de las 244 obras puestas a la venta superaron los 10.000 euros. Y no es que todos fueran desconocidos, alguien se llevó un dibujo de Warhol por esa cantidad. Por cierto, el 3000 Huecos de Santiago Sierra fue de los más caros: 25.000 euros. Eso sí, lejos de los 50.000 euros que se pedían en galería por una fotografía similar antes de la crisis.

Ya lo hemos indicado, este agitado vaivén tiene que ver sobre todo con que el gran (y parte del pequeño) mercado es pasto de la especulación más descarnada. En palabras del presidente de Sotheby's, Tad Smith, tras considerar la victoria de Trump algo positivo para el mercado: “Hay un montón de gente muy rica de todo tipo de países. Y hay mucho capital a disposición”. El amor al arte no parece ser un argumento siquiera mencionable cuando antes, en parte para cubrir las apariencias, solía ir por delante. Las consecuencias para el mercado primario, el de galerías y representantes son desoladoras. Aparte de que ni artista ni galería reciben nada de una subasta, esta forma de mercado secundario híper-especulativo y a corto plazo, distorsiona por completo la carrera comercial, no solo de los artistas directamente implicados sino la de todo su grupo generacional, estilístico, nacional, etcétera. Si a ello le sumamos que este tipo de comercio se realiza cada vez más online (ya representa un 7% de las transacciones) parece evidente que las antiguas estructuras, cuyos cimientos comerciales son las galerías, están sufriendo daños aún difíciles de valorar.

¿Ferias o galerías?

Todo esto es lo que suele llamarse mercado secundario, la reventa en subasta o por acuerdo privado de una obra de arte. Pero es que el mercado primario, el de nuevas obras (generalmente de artistas vivos) también esta sometido a cambios acelerados. Regresemos al ejemplo de la ferias, entre ellas ARCO. Las ferias han salido de las grandes capitales de Europa o EEUU y pueden tener lugar en China, Turquía, Brasil, Indonesia o Dubai. Algunos de estos eventos, como Arts Stage Singapur, Art Miami o Dubai pueden convertirse en verdaderos puntos de encuentro de la plutocracia regional. Y de quienes desean codearse con ella pero aprovechando lineas aéreas low-cost.

Los nuevos coleccionistas proceden de China, países de la antigua Unión Soviética y Oriente Medio, aunque estos últimos ya hubieran sacudido el mercado en los 80. Esta crema y nata del turismo, los principales de los cuales son conducidos en limusinas a cargo de la feria, no se preocupan de visitar o descubrir galerías locales a las cuales, con cierta lógica, ya suponen representadas en la feria. Más aún cuando casi todas, como ARCO, tienen una sección de arte emergente. Esto puede tener varias consecuencias. Si lo unimos al fenómeno online, una de ellas es el cierre físico de galerías para operar desde un piso. En Australia, según parece, han cerrado casi un 30% de las galerías.

Un galerista que se pretenda de primera fila debe, no solo estar en su feria nacional, sino en algunas más que actúan como lugares de encuentro y negocio. Como ejemplo casi cogido al azar, el año pasado Victoria Miró, una importante galería de Londres montó stand en ¡trece! ferias de medio mundo, incluida ARCO, de la que permanece alejada este 2017. Hace treinta años este papel de conexión en las alturas les estaba reservado a Art Basel, París y Colonia en Europa y a la feria de Chicago. Hoy en día alguien como Victoria Miró debe estar en muchos lugares para establecer o mantener contactos y/o cerrar ventas, lo cual conduce a enormes gastos y a que una galería de este tipo dedique prácticamente la mitad de su tiempo y esfuerzo a las ferias. Y aún más, porque un gran galerista debe estar allí donde uno de sus artistas tenga una gran exposición institucional. Que ahora se producen a escala global.

La verdad es que todo esto tendría relativa importancia, al fin y al cabo y como proclaman sin el menor rubor muchos directores de feria, esto es para los muy ricos y sus peripecias especulativas y sociales. Pero inmediatamente ha de añadirse que en todo el mundo hay una miríada de galerías que sí creen en el arte (cada cual con sus razones), en dar a a conocer nuevos artistas o en mantener a otros ya adultos sin relumbrón internacional. Y estas galerías, aun perteneciendo a otra liga, sufren los efectos de lo que sucede en las alturas.

El mercado del arte en España supone, según el informe de The European Fine Art Foundation (TEFAF) un 1% del total global, lo cual nos sitúa detrás de EEUU (43%), Reino Unido (21%), China (19%), Francia (6%), Alemania (2%) y Suiza (2%) e igualados con Italia. Esa es nuestra realidad, un poco más famélica si hablamos solo de arte contemporáneo. Quizás ARCO, además de publicar sus cuentas, podría tomar nota. El mercado es distinto, el mundo ferial es distinto y es indispensable idear nuevas formas de acción.

¿Y el/la artista? “Al artista”, comentaba risueño el galerista alemán Gerd Harry Lybke (Eigen+Art), “no se le ha perdido nada en una feria”.

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