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"1945", una bellísima bofetada a la memoria nazi de los húngaros

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"1945", una bellísima bofetada a la memoria nazi de los húngaros

"1945", una bellísima bofetada a la memoria nazi de los húngaros

Ferenc Torok ha filmado una película que se disfraza de antigua, en blanco y negro, con diálogos cortos y profundos, sobre lo ocurrido en un pueblo cualquiera de la Hungría rural en el año que todos pensaban que "llegaba la liberación" tras la Segunda Guerra Mundial. Era 1945 y "todo era mentira".

En una entrevista con Efe, realizada en Madrid con motivo del estreno de la cinta este viernes, el director húngaro afirma que ha rodado "1945" para "provocar" y para poder contar a las generaciones posteriores "lo que pasó, pero sin los filtros que nos impusieron".

"1945 era un año importante porque, en poco tiempo, se pasó del fascismo para meterse en el comunismo. Y parecía que ese momento, ese año, podría ser el punto cero y empezar todo de nuevo, pero todos sabemos lo que pasó, que no fue eso. Nos quedó -explica- una sociedad llena de traumas".

"Hubo un silencio de 40 años en los que no se hablaba de nada, ni de judíos ni de antisemitismo, y de lo que no se habla no existe", señala.

Torok empezó a pensar en la película tras leer un cuento corto del escritor húngaro Gábor T. Szántó; adaptarlo, ha comentado el director con Efe, le ha llevado casi diez años.

Aún así, dice que "este es el momento" de hablar de estos temas en su país, con "muchas heridas sin cerrar" a causa de la invasión, primero, alemana, y después, soviética, y de los "muchos traumas que arrastran todas las familias húngaras, sin exceptuar ni una".

Con antecedentes cinematográficos como "El hijo de Saúl", de László Nemes, que ganó un Óscar, y la más reciente "Jupiter's Moon", de Kornél Mundruczó, con la que "1945" comparte directora de arte, Zsofia Tasnadi, el cine húngaro vive un momento si no "crucial", dice Torok, sí "decisivo" para una época "un poco rara".

Se refiere el realizador a las manifestaciones de neonazis en su país, "quién lo hubiera pensado, jamás nadie creyó que los veríamos desfilando por el barrio gótico de Budapest (el barrio judío) pero esto está pasando".

"Uno se asusta de verdad cuando oye a estos jóvenes que terminaron Derecho y están incluso en el Parlamento, las cosas que dicen, como si no hubieran entendido nada de los últimos cincuenta años. Y había que reaccionar", dispara Torok.

"Los alemanes llevan 30 años tratando de digerir y sobreponerse a su pasado, pero los demás países, ya sea Hungría, como Francia, Holanda o Polonia, necesitan hablar de quienes fueron colaboracionistas". Ese es el punto de vista que eligió Torok.

"1945" está atravesada por un viaje espiritual totalmente provocado, que utiliza la travesía de un padre y un hijo judíos, desde que llegan en tren a un pequeño pueblo húngaro con un extraño cargamento hasta que llegan a su destino.

Este peregrinar a pie, caminando por las calles donde los vecinos van especulando sobre su presencia, es la excusa para que el director cuente cómo ocurrieron las delaciones, las deportaciones y las usurpaciones tras la partida y los horribles remordimientos que les quedaron.

"La paranoia forma parte de esta historia, porque hubo mucho pecado, mucho delito, que se cometió en un solo año. Y esto pasó en todos los pueblos de Hungría, porque fue en estos pequeños lugares donde se identificaba más fácilmente a los judíos. Todos, el que no denunció, vio y calló, y eso es un trauma que hemos arrastrado, como sociedad, hasta hoy", repite.

La hermosísima fotografía de la película, rodada por el octogenario Elemer Ragalyi, "el gran maestro de los cámaras" húngaros, afirma Torok, es "quizá demasiado bella" para la crudeza de la historia.

Torok defiende que "tenía que ser en blanco y negro porque así es la memoria colectiva de la Segunda Guerra Mundial", pero también por su declarado amor al neorrealismo italiano, de hecho, Vittorio de Sica "está" en "1945", dice.

"Evidentemente esta es una película independiente, alternativa, que no sigue los 'colores' del país, es provocativa y busca esa provocación", concluye Torok.

Alicia G.Arribas.

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