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Kike Maíllo: "El cine estadounidense se aferra al género en el mal sentido"

Toro es el segundo largometraje del cineasta y se estrena este viernes con una liga de actores reconocidos y solventes en la taquilla

Maíllo, gran valedor del género comercial en nuestro país, no se avergüenza de las etiquetas pero también conoce las dificultades de jugar en la liga de las grandes producciones

Kike Maíllo pertenece a esa generación de cineastas del ESCAC que heredó la importancia del blockbuster para acercarse a un público mayoritario y se sabe los mandatos al dedillo. Al igual que su colega J.A Bayona, no se avergüenza de la etiqueta comercial, siempre y cuando se distancie de la frivolidad de Hollywood. "Me interesa el género cuando no se olvida de los personajes".

Aunque con una carrera bastante más acotada que la de sus compañeros de promoción, Maíllo ha sabido venderse gracias a unos carteles que reúnen arostros veteranos con los más reconocidos de la nueva hornada española. También porque ha importado el filón de las superproducciones a un país acostumbrado al cine de autor. Su primer largo fue una apuesta arriesgada por la ciencia ficción cuando en España solo nos llegaban ecos de Terminator, Yo robot y Blade Runner. Cuatro años después de Eva, y con algún anuncio Freixenet mediante, firma un silogismo de mafias a la española con pasos de Semana Santa y acento andaluz. 

Hablamos con su director de la importancia de definirse como creador, sea de la índole que sea, del maltrato inmerecido a los guionistas y de los riesgos -sobre todo económicos- de jugar en la liga de las grandes producciones.

Con Eva rompiste el tabú de la ciencia ficción. Ahora Toro es pura acción y persecuciones de mafias. ¿Qué te atrae de este tipo de géneros blockbuster?

El género es una estrategia de márketing para resumir al público los parámetros en los que se va a mover la historia. Es verdad que apelo de alguna manera a estos géneros, pero me gusta presentarlo un poco desteñidos. Me interesa ese tipo de cine siempre que no deje de abordar a los personajes y no se olvide cómo se desarrollan sus relaciones. Tengo mucho apego a mis protagonistas. 

Julieta, ejemplo de cine más independiente, ha pinchado en la taquilla. ¿Crees que el público está más abierto al cine de entretenimiento?

Nuestro cine tiene que poner el acento en crear un caldo de cultivo que sea agradable y atractivo para nuestros espectadores. Y además, en paralelo, hay que velar para que las películas independientes no se queden estancadas. Pero no debemos olvidarnos de la primera parte, de alguna manera estar conectados con nuestro público.

Vivimos en un momento en el que meterse en el cine es casi un acto a regañadientes. Y hay muy poca gente que vaya al cine a experimentar o a sorprenderse. Los espectadores quieren saber si se van a reír, si van a enamorarse de una pareja o si van a sufrir ante la tensión de un drama. Los géneros ayudan a dejar de una forma bastante clara el tipo de emoción que vas a vivir en la película.

Eva también vivió un momento especialmente negro en la taquilla. ¿Se enfrenta Toro a otra era en el cine español?

De dos años a esta parte nuestro cine ha experimentado cierta reestructuración, y gracias al fenómeno Ocho apellidos vascos se ha generado una situación de confianza del público hacia nuestras películas. No sé si Toro va a ir mejor. Espero que sí, pero no soy especialmente bueno acertando quinielas.

Contáis con vuestra propia productora Escándalo Films. En esta situación, ¿hasta qué punto es importante el apoyo privado de las televisiones y de las subvenciones públicas?

Hay un límite en el presupuesto de una película sobre el que no puedes trabajar si no vas de la mano de una televisión. Esas son las reglas del juego. Si quieres estar por encima del millón y medio de presupuesto tienes que ofrecerte a ello. En nuestro caso no hemos tenido mucha presión para recuperar ese presupuesto en la taquilla. Atresmedia ha intercedido más por el lado narrativo, para hacer la comprensible la trama al público.

Respecto al apoyo público, es obvio que tener un IVA tan alto no ayuda a la accesibilidad del público a nuestras obras. Sean cinematográficas o de cualquier otro tipo.

Kike Maíllo, director de 'Toro' en la librería Ocho y medio de Madrid \ Foto: Alejandro Navarro Bustamante

Kike Maíllo, director de 'Toro' en la librería Ocho y medio de Madrid \ Foto: Alejandro Navarro Bustamante

Simpre has tenido gran visibilidad en Sitges, San Sebastián o los Goya. ¿Qué hace falta para aumentar la presencia en festivales extranjeros?

Las ligas en el extranjero son esencialmente dos. Hay una que tiene que ver con lo artístico, que marca las directrices sociales a nivel de pureza cinematográfica. Este sería el caso de Cannes y Venecia, esencialmente. Y luego está la otra liga comercial. Yo creo que es importante para nuestro cine que haya cierta visibilidad en esas ambas.

En el caso de J.A Bayona, que es reconocido mundialmente, hablamos del asunto comercial y es muy importante que sus películas lleguen a funcionar tan bien en EE.UU como funcionan en España.

Los géneros se han fortalecido porque las películas estadounidenses cada vez son más caras y necesitan un aparataje promocional más importante y necesitan gustar a más gente. Y esto no siempre es bueno. Tienen que atraer tano al chaval de doce años como a la abuela de ochenta. Eso provoca que las películas sean bastante sencillas en su concepción de la trama y tengan pocas complicaciones. Esa industria está aferrada al género en el mal sentido. Yo creo que trabajar en el género no tiene que generar malas películas, al revés. El problema es cuando apelar al género significa reutilizar todos los recursos que ya has visto en otras cintas.

Y hablando de festivales nacionales. Como guionista, ¿qué te pareció el episodio de los Goya?

Cuesta muy poco dejar que un guionista pase por la alfombra roja y no hacerle sentir como un apestado. Pero el maltrato al guionista ha sido así desde el principio de los tiempos. Y más en el cine. En América tienen un dicho:"esa actriz que era tan estúpida, tan estúpida que quiso medrar en el cine y lo que hizo fue acostarse con el guionista". Vamos, que esa falta de rigor y de respeto hacia esa persona que está ideando la trama ha existido siempre y en todos los países.

Nuestro país se tiene que poner al día y entender que hay varios autores que realizan una película. Tanto el guionista, el músico o el directo merecen el mismo trato.

Es verdad -y esto hay que entenderlo- que los productos en general son más fáciles de vender cuanto más personalizados son y cuanto más basados en una misma personalidad estén. En el caso de películas es más fácil centrarlas en la estrella principal y la estrella secundaria. Y después si acaso el director. Esto es como una pirámide que cae y no hay que hacerse mala sangre. El trato es lo primero que no deberíamos perder, pero son las reglas del juego.

También eres profesor de la ESCAC. ¿Qué perspectiva de futuro tienen las nuevas promociones respecto a la vuestra?

Mi sensación es que el cine siempre ha estado en crisis. Lo primero que me dijeron cuando entré es que nunca trabajaría en esto. Ahora hay cientos de nuevos canales digitales a los que dar sentido y en los que desarrollar el trabajo. No creo que se hagan menos películas que cuando yo comencé a estudiar. Vivimos otro momento de resurgir.

Yo se lo digo siempre a mis estudiantes: quien quiera un mercado estable que no se dedique al cine. Es un sistema de horarios extraños, vacaciones extrañas, en el que tu familia tiene que entender que llevas una vida extraña. Además, contamos con que el mercado fluctúa constantemente. Los que trabajamos en el cine estamos muy preparados para las crisis porque las vivimos en nuestro día a día.

Primero en los robots, después en el videoclip de Love of Lesbian y ahora Toro. ¿Son los ojos recurrentes en tu filmografía?

No lo había pensado hasta hoy, pero es verdad. En Eva el eslogan era "¿qué ves cuando cierras los ojos?"; en WIO los protagonistas asaltan un banco de ojos y ahora a la virgen de José Sacristán le arrancan los ojos. Debe ser una cuestión del subconsciente. Me parece que apelar a los ojos es importante cuando la forma de entender la artesanía que tienes delante [el cine] es a través de la mirada.

¿Y cómo ve Kike Maíllo la situación política actual?

En general es muy poco interesante no tener Gobierno y que los objetivos no estén bien detallados. Ya venimos cinco o seis años sufriendo eso. Estaría bien que los que vayan a dirigir el país, sean de la índole que sean, tengan claro qué quieren hacer y hacia dónde quieren caminar. Y no me refiero solo en el ámbito cultural, sino en todas las materias.

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