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Cultura

Cinco sombras de Grace

De gélida de Hitchcock a rebelde de Mónaco, sin olvidar cómo su talento diplomático impidió una guerra, la biografía protagonizada por Nicole Kidman deja muchas sombras donde no las hubo

Cannes abre con el glamour y la sofisticación de Nicole Kidman y Grace Kelly

Cannes abre con el glamour y la sofisticación de Nicole Kidman y Grace Kelly

1. La carrera malograda

Grace de Mónaco se presenta como el retrato de la transformación de una actriz cuya carrera estuvo frustrada por su familia hasta conseguir un Oscar con La angustia de vivir (1954). Visto y no visto porque, tras una carrera deslumbrante pero fugaz en Los Angeles, Kelly renuncia al sueño de trabajar en el cine para casarse y ser princesa, esposa y madre. Entre palacio y palacio (su familia era muy rica), la bellísima americana fue una de las actrices fetiche de Hitchcock, que la inmortalizó en Atrapa un ladrón (1955), La ventana indiscreta (1954) y Crimen perfecto (1954).La película de Dahan comienza con suficientes referencias a la profesión de Kelly para sugerir esa bipolaridad entre la estrella de cine y el trono de Mónaco. Cuando Hitchcock se presenta en pleno palacio real para proponerle protagonizar Marnie (una licencia poética, ya que en realidad el director nunca le presentó la propuesta en persona), Grace empieza a dudar sobre su permanencia en la familia monegasca y su relación con Raniero. Todos sabemos en qué se quedó el momento de indecisión antes de perder la vida en un trágico accidente de coche.

2. Solo soy una princesa

El personaje de Kidman se parece a todas sus predecesoras, desde la Diana Spencer de la última película a la pizpireta Sisí emperatriz que hizo famosa a la bellísima Romy Schneider, como una recién llegada que no conoce el protocolo real y dispuesta a cambiarlo todo. Le sigue la rendición de Kelly como persona para asumir el rol de princesa que deja de ser la luchadora que nos prometieron para al empezar la película. Agacha la cabeza y se esfuerza por aprender sus deberes como autoridad. El tono abandona a los clásicos para adentrarse en la infantil Princesa por sorpresa de Anne Hathaway, un registro que se siente equivocado.

Otra indudable alusión es ese momento -o estrategia- de la organización del baile de la Cruz Roja en el que ante los miembros del comité organizativo (compuesto íntegramente por mujeres) asegura participar en el acto por que ella 'solo es una princesa'. Un reflejo claro de cómo la actriz pasó a ser una Barbie Malibu con corona.

3. La princesa que salvó a Mónaco de los franceses

Por motivos difíciles de dilucidar, la película desvía a un segundo plano lo que en principio esperábamos que fuera la protagonista. La vida de la princesa de Mónaco pasa a relato anecdótico para centrarse en las tensiones entre el principado y Francia. Con un discurso consolador, Kelly trata de poner a Europa de su lado y darle la espalda a De Gaulle, adalid principal del ataque a la pequeña región. Se subraya con clara intención que con diplomacia, buenas intenciones y una buena estrategia se puede evitar una guerra que la región no podría hacer frente. Un discurso tan esperanzador y naíf que algún invitado acaba provocando al general francés con un 'no pensará bombardear a la princesa, ¿verdad?'.

4. Cámaras sin dueño

Al margen de la descentralizada trama, otra de las locuras a destacar es en la dirección fotográfica. Abundan los filtros desenfocados sobre la lente en los que la imagen da la sensación de estar en un profundo sueño y los planos exageradamente cerrados, al modo de cámara 'acosadora'. Hasta prodría hablarse de una cámara sin dueño, al libre albredrío, donde la toma no deja de moverse sin dejarnos ver la cara de Kidman entre planos detalle de pómulos, orejas, cabellos y bótox. Aunque, sin duda, una referencia clara a la actuación de Kelly en Atrapa a un ladrón son las secuencias en las que Kidman conduce a toda velocidad por las cerradas y vertiginosas calles de Montecarlo, como si participara en el Gran Premio de Fórmula 1 de Mónaco. Advertencia quizás de cómo dejó la actriz este mundo.

Atrapando a un ladrón, Grace Kelly

Atrapando a un ladrón, Grace Kelly

5. ¿Qué público busca?

Al margen de las críticas, Grace de Mónaco tiene un público potencial variopinto. Por un lado, los fanáticos de Nicole Kidman que no la disfrutaban desde el El chico del periódico y que están esperando algunos títulos como Un largo viaje o Before I go to sleep, de estreno en septiembre de este año. Por otro lado, los amantes de los cuentos de princesas que consigan creerse la conformidad de Grace Kelly que dejó de luchar por su sueño de ser actriz por el trono más pequeño del mundo. También contará con otros sectores más conservadores, amantes del lujo, los años 50 y 60 y las tramas de la realeza. Ni se descarta a aquellos que sienten fascinación por ver españoles en películas extranjeras -Paz Vega en la piel de la soprano María Callas-, defensores del producto made in Spain. Y por supuesto, a los seguidores de Paz.

A los que no podemos incluir en la lista es a la actual descendencia de la familia Grimaldi, que desde el primer momento ha mostrado su descontento por la producción de la película. Parece que proyectar cómo Antonieta de Mónaco, tía de Rainiero, intentó derrocar a su sobrino no ha sido de su agrado. La familia de Mónaco prefiere que los trapos sucios se queden en palacio.

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