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Cultura

Estas fueron las cinco películas más interesantes de la Berlinale

El festival berlinés se cierra con una programación irregular, marcada por una apuesta por el cine social. Rescatamos algunos de sus títulos más importantes

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L'avenir
Mia Hansen-Love

"No os voy a dar mi opinión sobre la política", dice la protagonista de L'avenir a sus alumnos. Ella es profesora de filosofía en un instituto. Está casada con un maestro de filosofía. Tiene a su madre enferma. Lucha contra las nuevas pautas de enseñanza. Y está interpretada por Isabelle Huppert. Es la primera vez que la directora, Mia Hansen-Love, cuenta con una actriz de renombre para protagonizar una de sus películas.

Huppert imprime el equilibrio necesario, entre la comedia y el mal humor, a su personaje, una mujer en plena crisis que decide salir adelante por sus propios medios, de la mano de su amor por los libros y por el pensamiento. L'avenir es una de las mejores películas de la Berlinale, un relato sobre el paso del tiempo y un retrato de la intelectualidad. Se trata de un film con una importante carga política, por mucho que su personaje principal diga que no quiere hablar de ello.

Chi-raq
Spike Lee

Chi-raq es el nombre con el que los raperos del sur de Chicago bautizaron su ciudad. La película de Spike Lee se abre con un rap y con una serie de cifras, que señalan cómo en los últimos 15 años, los muertos en la capital de Illinois (EEUU) superan la suma de las bajas norteamericanas en las guerras de Irak y Afganistán. El director de Haz lo que debas ha hecho una película trasgresora por su argumento, que, como Lisístrata, relata la huelga sexual de un grupo de mujeres. En este caso, son las novias de los raperos de Chicago las que la llevan a cabo, hartas de la violencia que perpetúan sus parejas. No peace, no pussy, reza uno de los eslóganes de este grupo de mujeres.

Chi-raq es subversiva también en su forma, la de un musical rap, la de un delirio visual, la de la sátira política, la de un sentimentalismo exacerbado hasta la parodia. En un festival que apuesta por la diversidad, resulta curioso ver cómo la película más diferente en su lenguaje, más radical en su propuesta formal, es un film estadounidense, obra de un cineasta que, sin duda, ha hecho caso omiso a los cánones del cine hollywoodiense.

A quiet passion
Terence Davies

En la rueda de prensa de A quiet passion, el director Terence Davies afirmó que su película no es un biopic de Emily Dickinson, que su intención no era ser fiel a los hechos. En verdad, A quiet passion se debe sobre todo a las palabras, a los versos y a la actitud vital de la poetisa norteamericana. La primera parte del film es un homenaje al verbo, que pesa, en boca de unos personajes que a menudo están recitando el texto. Es, también, el retrato de una mujer de convicciones fuertes, de una amante de la literatura que vio cómo su obra permanecía silenciada (no fue hasta después de su muerte que Dickinson gozó de pleno reconocimiento).

La segunda parte de la película muestra la decadencia física de la escritora, su encierro en la casa familiar en la que vivió, sus dificultades y su fragilidad. La entereza de Dickinson se vehicula a partir de sus palabras, cuando dice que no tiene por qué ir a la iglesia para demostrar algo a Dios o cuando insiste en que cualquier conflicto es una cuestión de género. A quiet passion representa, con permiso de L'avenir, el mejor retrato femenino que ha dado la Berlinale.

A lullaby to the sorrowful mystery
Lav Diaz

La película más esperada del festival fue A lullaby to the sorrowful mystery, del filipino Lav Diaz. Sus ocho horas de duración se celebraron como un gesto de atrevimiento por parte de un festival que tuvo que hipotecar su parrilla de programación para dar cabida a la colosal obra de Diaz. Lo de colosal, sin embargo, es relativo, porque A lullaby to the sorrowful mystery se presenta mediante una puesta en escena que premia los momentos mínimos. Diaz ha realizado una película que desecha la amplitud del cuadro y que relata el deambular de sus personajes como si su film fuese una pieza de cámara.

Tras la ejecución de un líder revolucionario, un grupo de personas atraviesa un bosque, y un hombre se dispone a vengar a su compañero perdido. Ellos son los héroes de este relato en torno a la revolución filipina de finales del siglo XIX, un momento histórico que convive (y en el film de Diaz este dato no es casual) con el nacimiento del cinematógrafo.

Midnight special
Jeff Nichols

El nombre de Jeff Nichols comenzó a estar en boca de todos con Take Shelter, un film apocalíptico en torno a la paranoia que se ha instalado en EEUU. Con Midnight special, el director regresa al género fantástico y vuelve la mirada al pasado, especialmente al cine de los 80. La historia de un padre que ha secuestrado a su propio hijo, sacándole de la secta religiosa en la que ambos vivían, le sirve a Nichols para tramar un discurso en torno a la paternidad y en torno a la fe.

De hecho, Take Shelter ya era una película sobre la capacidad de creer. En Midnight special, la creencia pasa más que nunca por el filtro del fantástico, pues el niño protagonista demuestra tener misteriosos poderes que lo convierten en alguien único. Nichols maneja con maestría la información que va transmitiendo al espectador, en un juego de pistas que, hasta el final, omite más de lo que explicita.

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