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Hollywood nunca dice que no a otro 'remake'

La actriz Chlöe Grace Moretz como Carrie

Lucía Lijtmaer

La pregunta que se hace todo el mundo es: ¿hacía falta? ¿Acaso no es ya un icono impreso en nuestra retina, con toda esa sangre derramada sobre el vestido de tirantes, los ojos desorbitados, vengándose a tutiplén? ¿Necesitábamos Carrie, el remake? ¿Tenía que volver? De hecho, ¿tenía que volver otra vez, tras el intento de adaptación de 2002? Parece ser que sí. Ya sea porque los ejecutivos han decidido que hay un público joven deseoso de ver a una chavala ensangrentada dándolo todo por los perdedores que fueron maltratados en el cole, ya sea porque hay una audiencia que nunca ha visto la película de Brian de Palma o porque la historia pueda adquirir nuevos tintes gracias a otros guionistas y una directora, Carrie ha vuelto. Y parece que ha vuelto con saña.

A dos semanas de su estreno todo está por verse. ¿Cumplirá la actriz Chloë Grace Moretz con el cometido de superar a la ladina Sissy Spacek? ¿Multiplica la humillación de Carrie la incorporación de los móviles y las redes sociales en la trama? ¿Funcionará como motor de terror una chavalita que mueve cosas con la mente ante un público acostumbrado al terror que ya ha pasado por Paranormal Activity, Insidious o la saga de Saw?

Estas y otras preguntas surgirán en los próximos días, destinadas a crear expectativa y, sobre todo, taquilla. Pero hay una cosa que está más clara que nunca: a Hollywood le gusta casi más un remake que un final feliz. No hay remake imposible. No hay historia sagrada que no pueda recauchutarse, con un buen lavado de cara para ser presentada de nuevo. Ante la llegada de la última versión de Carrie, recapitulamos sobre remakes, adaptaciones y demás vericuetos.

1. El remake básicoremake. Este es el más conocido, y puede resultar el más mediático. Se trata de la adaptación, sin más, de una obra que ya existe. En ocasiones es un hallazgo (La Cosa, de John Carpenter, La invasión de los ultracuerpos, de Philip Kaufman, o Drácula, de Francis Ford Coppola), y en otras es considerada un sacrilegio (las nuevas versiones de Sabrina, Perros de paja, o La Pantera Rosa). Suele aportar el tirón de la curiosidad malsana y mucho parloteo al respecto (ver pregunta inicial: ¿hacía falta?)

2. La reactualización o puesta al día. Un subgénero del remake básico, cuando la obra en cuestión -más o menos clásica- es adaptada con la intención de resituarla en el contexto contemporáneo. Aunque por remake uno piensa en rehacer una película ya existente, el concepto original se refiere de la reutilización de cualquier material. En este caso, también tiene resultados desiguales y en lo que a adaptaciones literarias se refiere, William Shakespeare es el más afectado. Hamlet, declamando en un videoclub en boca de Ethan Hawke; Leonardo Di Caprio, como Romeo dándole al éxtasis gracias a Baz Luhrmann; Ricardo III, en manos de Al Pacino con una cámara aquejada de Parkinson; un Coriolano contemporáneo militarizado por Ralph Fiennes... Nombren la obra, y seguro que ha habido algún director que ha intentado llevarlo a nuestros -u otros- días.

3. El remake como copia exactaremake. Cuando la recreación es completa se trata del shot-for-shot, o “toma a toma”. Se deja de lado la interpretación -y el riesgo-, y se favorece el concepto “tan bueno como el original, no te vas a dar ni cuenta”. Es el caso del remake de Psicósis en manos de Gus Van Sant, o La noche de los muertos vivientes, por Tom Savini.

Pero el shot-for-shot tiene otra vertiente: si la recreación total es posible, ¿por qué no puede el fan disfrutar del placer de hacer él mismo una copia total? Esa fue la idea de Chris Strompolos, Eric Zala y Jayson Lamb, tres adolescentes que entre 1982 y 1989, de manera amateur, hicieron Raiders of the Lost Ark: The Adaptation. La recreación de la primera película de Indiana Jones fue tan entusiasta que se convirtió en película de culto y fue alabada por George Lucas y Steven Spielberg. Hoy día, el proyecto de autoría colectiva Star Wars Uncut llevará a la saga de la Guerra de las Galaxias donde no ha llegado nunca, ya que cada fan elige una escena y la recrea. En el mundo de las versiones, el entusiasta gana.

4. El remake para la audiencia anglosajonaremake. Pese a que la categoría podría titularse “el remake para otra audiencia”, lo cierto es que suele ser un tipo de adaptación para los que no quieren leer subtítulos o prefieren que la historia se la cuenten en un escenario estadounidense. Nómbrelo y verá que existe, con resultados de diverso pelaje: la estadounidense The Departed de Martin Scorsese fue primero Infernal Affairs, hongkonesa y dirigida por Andrew Lau y Alan Mak; Los siete magníficos, es un remake estadounidense de Los siete samurais de Akira Kurosawa, y, para los que se enorgullezcan, Vanilla Sky con Tom Cruise a la cabeza es la adaptación yanqui de la española Abre los ojos.

5. Haz tu propio remake, o cuando el director tiene que adaptar su propia obraremake. Se podría considerar un subapartado del caso anterior, porque la principal razón para que un autor vuelva a rodar una película que ya hizo es, precisamente, para que la vea una audiencia acostumbrada a las producciones norteamericanas. Este es el caso de Funny Games U.S., del austríaco Michael Haneke, rodada también toma a toma como su original Funny Games, pero en inglés. The Grudge es la adaptación al inglés de Takashi Shimizu de su Ju-on: The Grudge. Y El hombre que sabía demasiado, de Alfred Hitchock, tiene también dos versiones: la primera británica, y la segunda norteamericana. En palabras del propio Hitchcock a François Truffaut, “digamos que la primera versión es amateur y la segunda está hecha por un profesional”.

6. El reboot, o el remake que a mí me de la ganarebootremake. Cuando la cosa se estanca pero la marca funciona, no hay nada como cortar de raíz y empezar de nuevo. ¿Que el personaje principal muere? Puede renacer de sus cenizas, o, en su defecto, tener un hijo secreto. ¿Que el guionista cerró la película o la saga de manera hermética y total? No importa. El reboot es la acción de reiniciar la narración partiendo del punto que se quiera, aprovechando a su vez el tirón de la audiencia de la película o saga de la que se hace el corte. Es especialmente popular entre superhéroes, léase Batman Begins, Casino Royale -que es, además, un remake en sí misma-o El hombre de acero.

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