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Cultura

Entrevista

Hilary Mantel, la mujer que mató a Margaret Thatcher

La autora de En la corte del lobo estrena una formidable colección de relatos. Hablamos con ella sobre las consecuencias de matar a Margaret Thatcher, lo despiadado que es Juego de Tronos y sobre si España tiene un héroe a la medida de Thomas Cromwell

Hilary Mantel y su libro, El asesinato de Margaret Thatcher

Hilary Mantel y su libro de relatos, 'El asesinato de Margaret Thatcher'

Hilary Mantel (Glossop, Derbyshire, 1952) es quizá la segunda escritora más poderosa de Gran Bretaña, después de su majestad JK Rowling. Pero Mantel juega en otra liga. Es la única mujer que ha ganado dos veces el Booker, con En la corte del lobo (Destino, 2011) y su secuela Una reina en el estrado (Destino, 2013), las dos primeras novelas de su trilogía Tudor.

Hoy las dos se comen los escenarios londinenses y la primera triunfa como drama político en la era de los grandes dramas políticos, digna competencia para Borgen, Juego de Tronos y House of Cards. Ahora presenta una colección de relatos que también compiten con lo mejor de la narrativa corta anglosajona.

En su nueva colección de relatos, El asesinato de Margaret Thatcher (Destino, 2015) me parece oír ecos de la pluma siniestra de Shirley Jackson o la muy meticulosa de Katherine Mansfield. ¿Quiénes son sus cuentistas favoritos?

Annie Proulx es una de mis heroínas. Algunas de sus historias más complejas y largas están entre la mejor ficción que he leído; especialmente una llamada The Half-Skinned Steer. También hay muchos irlandeses escribiendo clásicos del relato; entre mis favoritos están Bernard MacLaverty, William Trevor y mi vieja amiga Clare Boylan, que falleció hace unos años. Lorrie Moore es también un gran talento; escribe con gran y engañosa ligereza.

Su nombre está asociado a la novela histórica, un género de largo recorrido y mucha investigación. ¿Siente que la ficción pura y el formato más corto cambia su escritura de alguna manera?

Cada nuevo libro, cada nuevo tema, requiere un estilo diferente. Se puede tardar más en acabar una historia corta que una novela. En mi caso, por ejemplo, está El asesinato de Margaret Thatcher: llevo intentando escribir esa historia desde 1983.

Hay una interesante crítica a este libro en el que una académica digiere su uso de la palabra “bleb” (yema) en uno de los cuentos (La coma) y sugiere una delicada tela de araña que usted teje alrededor de esa palabra para generar un ambiente especifico. ¿Es tan real y premeditado su uso de esa palabra o se trata más bien de intuición?

Si, Terry Castle está completamente en lo cierto: esa simple palabra tiene todas esas connotaciones que sugiere. Pero yo la usé sin premeditación, sin pararme a pensarla. No era consciente de haberla elegido de manera deliberada. Es una verdad extraña en la vida del escritor que uno toma las grandes decisiones cuando escribe una gran novela en una micra de segundo; pero cuando bajas al nivel de cada frase, uno tiene que reescribir y reequilibrar cada una veinte veces. En este caso, sin embargo, la palabra estaba ahí, en la punta de mis dedos. No tuve que darle muchas vueltas.

¿Trabaja usted con tesauro?

Siempre tengo uno a mano, pero probablemente lo cojo dos veces al año. En mi experiencia, si la palabra no te viene es que no existe.

Desde que The Guardian publicó el relato que da título al libro en septiembre, muchos han acusado a esta historia de ser maliciosa y hasta “enferma”. ¿Qué es lo que más les ha ofendido de esta ficción?

Es imposible adivinar por qué algunos se sienten ofendidos por una ficción sobre la muerte de una mujer que ya está muerta. Supongo que aquellos miembros de su partido para los que Thatcher es una heroína no están cómodos leyendo cómo dos personajes expresan su odio de un modo tan articulado, incluso si son personajes de ficción.

La acción sucede cuatro años después de que Thatcher llega al poder en 1979. ¿Imagina una Inglaterra muy diferente después de eso?

¿Si la hubieran asesinado en 1983? Sin duda, el mundo sería un lugar diferente, pero no podemos hacer cálculos de esa manera. Un pequeño cambio en los acontecimientos genera otro pequeño cambio en los acontecimientos, y el efecto de cada uno de esos pequeños cambios se propaga, cambiando el Universo. Por eso no encuentro mucho sentido en preguntarnos “Y si...?”

Hace un tiempo se refirió a la duquesa de Cambridge [Kate Middleton, esposa del príncipe William], entre otras cosas, como “una muñeca articulada a la que le cuelgan la ropa... sin características, sin idiosincrasias, sin el riesgo de una personalidad”. ¿Hay otra manera de ser princesa?

En esa conferencia, más adelante publicada en el London Review of Books, no estaba atacando personalmente a la duquesa de Cambridge. Hablaba de cómo ella y otras mujeres de la realeza, a lo largo de los siglos, han sido construcciones artificiales, su imagen manipulada por las poderosas familias que tienen detrás, y también por la opinión pública y los medios de comunicación. Le pedía a la prensa que recordara que la duquesa es una mujer joven con una vida privada, no una muñeca para jugar.

Cambiando de tema: ¿ve series de televisión? ¿Cuál es su favorita? (espero secretamente que sea Juego de Tronos).

Me encanta Juego de Tronos. Normalmente no me gusta el género fantástico, pero en muchos aspectos es terriblemente realista. En el drama histórico, a menudo somos conscientes de que algunas realidades están siendo suavizadas, o que hay un efecto normalizador que se impone sobre los acontecimientos. Pero los escritores de Juego de Tronos son conscientes de que, en la “historia verdadera”, los acontecimientos a menudo desafían tus expectativas. El héroe es decapitado. El gran espadachín pierde su mano derecha. Es despiadado, como la vida misma. Además, pocos de sus personajes son simples. Pueden ser listos y cobardes, heroicos y destructivos, valientes pero desafortunados; no hay nadie perfecto.

Hay un revival de lo medieval, la alquimia y las artes oscuras. ¿Podemos esperar algún libro en torno a esta época?

A mí no me interesa demasiado la Edad Media, más bien el principio de la modernidad. Pero pregúntame otra vez dentro de unos años, porque creo que, en mis futuros proyectos, voy a ir moviéndome hacia atrás en el tiempo.

La realeza española ha tenido una historia bastante agitada. ¿Alguna vez ha pensado en escribir sobre ella?

La realeza no me interesa especialmente; creo que la gente que nace con privilegios son menos interesantes que aquellos que escalan las estructuras de poder y encuentran salida de su pobreza o su mala suerte. Es por eso que Thomas Cromwell, hijo de un herrero, es el centro de mi saga sobre los Tudor, en lugar de Enrique VIII y sus nobles. Y mi novela sobre la revolución francesa (La sombra de la guillotina, Ediciones B) gira en torno a los hombres de origen incierto que llegaron al poder gracias a la revuelta popular, y no Luis XVI y María Antonieta. Pero podría ser. ¿Tiene España algún héroe proletario?

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