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El invierno estepario y flúor de Delpozo deslumbra en Nueva York

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El invierno estepario y flúor de Delpozo deslumbra en Nueva York

El invierno estepario y flúor de Delpozo deslumbra en Nueva York

La magia de Josep Font, director creativo de Delpozo, volvió a brillar en Nueva York con su vocación de alta costura, en una propuesta casi museística inspirada por los pintores Rhys Lee y Andrey Remnev y que muestra sofisticadas campesinas rusas con juegos volumétricos, toques flúor y terciopelo.

El desfile de la firma española Delpozo sigue subiendo su ya de por sí altísimo listón cada seis meses en la Gran Manzana con colecciones para paladares educados, en las que el tiempo discurre más despacio, las telas cobran vida propia y las modelos tienen algo de inerte.

Font, que acostumbra a buscar referentes en genios ocultos de la pintura, en los últimos seis meses se ha dejado sorprender por el pintor australiano Rhys Lee, del que destaca "un punto siniestro, pero es muy colorista", y por el ruso Andrey Remnev, cuya afiliación al Prerrafaelismo en el nuevo milenio conecta con el espíritu romántico y vanguardista de Delpozo.

"Intento no pensar en otras épocas, intento ir más allá. Puedes tener algún tipo de referencia pero siempre miramos al futuro, tanto en texturas como en volúmenes y tejidos", dijo Font en una entrevista con Efe.

En esta ocasión su futuro parece estar en la poética del contraste. "De la combinación de los dos pintores ha salido la colección y estamos muy contentos con los contrastes de colores y materiales. Sigue siendo muy Delpozo, con mucha arquitectura y fresco, que es lo que siempre busco, además de un toque poético".

Sobre la pasarela blanca, árboles desnudos del mismo color. Una estepa minimalista que congela a las modelos, ataviadas con un pañuelo campesino en el pelo que se dispara hacia el cielo, que tienen en sus delicados vestidos flores escarchadas y apuestan por voluminosas faldas.

Luchan contra esa frialdad con colores fuertes. Primero fosforescentes, luego la paleta se va suavizando hasta llegar al color carne, mientras las telas, por su parte, comienzan a hacer virguerías, a atrapar los cuerpos en armazones exquisitos.

"Seguimos buscando volúmenes, experimentando", dice Font, quien asegura que "el tiempo es lujo" y que trabaja a contrarreloj para crear "nuevos volúmenes, nuevas cinturas, nueva caderas, nuevos bajos...", añade. En definitiva, busca y consigue reinventar las prendas en cada colección.

Lanas de punto gordo conviven en el mismo desfile con mangas globo en transparencia y con los neoprenos. Bordados que acaban casi emancipándose del vestido hasta convertirse en altorrelieves, que funcionan, en la línea orgánica de Delpozo, como vegetación que se enrosca alrededor del cuerpo de la mujer.

Pero, en esta ocasión, el tejido protagonista es el terciopelo. Ora en su versión tecnológica, cómoda y flexible para el día, ora en su versión tradicional, suntuosa y elegante.

Completando el trío, el terciopelo de seda o "devoré" emerge en la noche como lienzo para apliques, brocados y flores hechas pétalo a pétalo en el taller. Y es que Font utiliza los tejidos para pintar sus propios cuadros.

En el desfile, una vez más, rostros conocidos como Olivia Palermo, que llegó tarde, o el "hada madrina" de la firma, Indre Rockefeller, miembro de la multimillonaria familia que, tras dejarse seducir por los diseños de Font, se ha convertido en la presidenta del Delpozo en Estados Unidos.

Mateo Sancho Cardiel

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