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Farruquito con su familia y amigos "hippytanos": "Bailamos como somos"

Farruquito con su familia y amigos "hippytanos": "Bailamos como somos"
Inmaculada Tapia Madrid —

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Inmaculada Tapia

Madrid, 28 jun (EFE).- Juan Manuel Fernández Montoya "Farruquito" se presenta por primera vez en el Teatro Real, "humildemente, es muy especial estar aquí", con un espectáculo en el que se rodea de su familia y amigos para expresar quién es, "somos hippytanos", y para "celebrar la vida"

Un espectáculo que en sí mismo es una fiesta "irrepetible" porque confluyen tres generaciones sobre el escenario y se rodea de amigos.

Confiesa con mirada radiante y la sonrisa siempre en los labios, que la presentación por primera vez en el Teatro Real le tiene sin dormir y nervioso. "Es un reto en el que he puesto mucha ilusión", advierte ante la atenta mirada de su madre y de su hijo.

Para él la familia es un pilar fundamental y sentía necesidad de contar con ellos también sobre el escenario:"Bailamos como somos y somos una familia muy unida".

El 9 de julio se presenta en el Teatro Real, "Farruquito y amigos", donde el bailaor compone una historia muy personal junto a madre Rosario Montoya, "La Farruca" (Sevilla, 1962), su hijo Juan, el Moreno (Sevilla, 2011), además del grupo Ketama; el bailaor Antonio Canales; el toque de Antonio Rey y el cante Pepe de Lucía.

"Todos han estado en mi crecimiento, en mi desarrollo personal y como artista y por eso tenían que estar", dice Farruquito.

Su hijo, Juan, debutó en el mimo teatro de Broadway que él con la misma edad, cinco años, y sus maneras, su brío sobre el escenario y su desparpajo presagian en él que recoge el testigo de esta dinastía flamenca que comenzó con su bisabuela y continuó con el gran "Farruco", el abuelo del artista.

Farruquito asegura que el flamenco tiene que ver con la "sensibilidad, que se puede heredar, pero también hay que trabajar". Todo el mundo puede bailar flamenco, pero "ser flamenco de corazón, de sentimiento, de filosofía es lo mismo que ser hippy: o eres o no eres, pues nosotros somos hippytanos", explica, arrancando la carcajada de La Farruca.

Entre los consejos que da a su hijo resalta sobre todo que "disfrute. Si se quiere dedicar a esto le tiene que gustar mucho y luego ya sabe lo que toca: trabajar toda la vida. Nunca hemos tenido en mi casa el título de bailaor flamenco colgado en la pared", añade que además debe de ser serio, respetuoso, honesto con el arte y su persona y disciplinado.

Se define como un hombre positivo, y positivo es el balance que hace su carrera. "Para apreciar lo bonito de los colores también hay que conocer los más oscuros", también hay que sacar el lado positivo incluso de las experiencias que son buenas "porque te hacen más fuerte".

Llega al Real "humildemente, a darlo todo" porque para él bailar en la Sala Principal es un "logro", una toma de conciencia de que el esfuerzo y el sacrificio de todos estos años ha merecido la pena, se siente agradecido y recuerda a los grandes artistas que han pasado por este teatro.

No quiere demostrar nada, solo mostrar "lo que me enamora. Lo bien que lo pasamos, que somos una familia y que los amigos también forman parte de ese familia" y solo espera que el corazón de todos "lata" al mismo compás esa noche y escuchar que entre el público resuene un "ole".

"El flamenco es uno de los mejores psicólogos que yo he conocido", ha señalado en alusión a los difíciles momentos vividos durante la pandemia. "Gracias a la vida y a Dios todo vuelve, poco a poco, a la normalidad. La gente tiene ganas de vivir y sonreír".

"La Farruca" asiente a las palabras de su hijo al que mira con devoción y orgullo. Ella, "la mama", se siente la "guardiana de las esencias de nuestro flamenco, no me queda otra al no estar el patriarca" y es lo que transmite a sus hijos y nietos: "si queréis este camino debéis de ser rectos", no mezclar cuatro cosas a la vez.

Esta orgullosa de sus cuatro hijos, "cuatro soles", no solo como artistas sino como personas y asegura que el maestro Farruco también lo estaría "porque siguen el mismo camino que él enseñó".

No duda en marcarles el paso si se desvían "precisamente, ayer lo hice con el más pequeño, Manuel, el Carpeta. Somos de la misma escuela, pero cada cual tiene su particularidad y su corazón".

Ambos Farruquito y la Farruca han aprovechado para recordar que el flamenco ha sido uno de los espectáculos más castigado por la pandemia, una danza que "lleva años representando a España no ha tenido ningún tipo de ayuda. Hemos estado muy desolados".

"Pero no tengo miedo de que desaparezca. Las nuevas generaciones vienen pisando fuerte, tenemos retorno", concluye La Farruca.

Atento a sus mayores, "Juan, el Moreno", reconoce que se siente abrumado por el espacio, "estoy loco por ver entero el teatro", algo nervioso, recién terminado el colegio con "sobresalientes y notables".

Espera el aplauso del público porque "me da alegría. Cuando aplauden a mi padre se levanta todo el mundo y cuando me aplauden siento que me dan mi lugar", dice muy consciente de la responsabilidad del momento. EFE

it.fch

(foto) (vídeo)

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