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García Yebra analiza en "Madera de Cela" un escritor engullido por la palabra

García Yebra analiza en "Madera de Cela" un escritor engullido por la palabra

EFE

Un escritor obsesionado por la palabra en detrimento de la literatura, explotador y explotado, contradictorio y provocador, ha observado en Camilo José Cela el periodista Tomás García Yebra, autor de "Madera de Cela" (Funambulista), el segundo ensayo que ha dedicado al autor gallego.

En el año en que se celebra el centenario de su nacimiento, catorce después de su muerte, de Cela "nos queda la poderosa voz de sus primeras obras, personal y cautivadora, que la echó a perder cuando el personaje se apoderó de la persona", explica García Yebra en una entrevista con la Agencia Efe.

La frescura de sus primeros libros, publicados entre 1942 y 1951 y entre los que figuran "La familia de Pascual Duarte", "Viaje a la Alcarria" y "La colmena", con el tiempo dejó paso a un ejercicio de "ingeniería verbal" donde el discurso se volvió "pirotécnico, carente de alma", apunta en una de las páginas de este ensayo.

Tenía el lenguaje, "elegía cada palabra como si fuera una nota musical", pero le faltó canalizarlo al servicio de la narración, añade García Yebra, autor de "Desmontando a Cela", editado en 2002 y concebido entonces como el planteamiento y el nudo de "ese culebrón literario y extraliterario que rodeó la vida del Nobel", y al que ahora sigue, como desenlace, este "Madera de Cela".

"Qué lástima de literato. Pudo ser uno de los mejores contadores de historias del siglo XX y se empeñó, erre que erre, en que el protagonista debía ser el lenguaje. Ni siquiera las escenas sexuales, tan caras en él, le salen naturales. Vemos follar a las palabras, no a la gente", insiste en otro pasaje de su ensayo.

Para García Yebra, autor de novelas como "El cebo" y "Los crímenes del Museo del Prado", Cela aprovechó y fue aprovechado con la diferencia a su favor de que "supo explotar la estupidez humana", que transformó en material "para escribir algunas de sus mejores páginas, y eso le hace imperecedero".

"El gallego hizo de la contradicción un ejercicio de estilo y la utilizó como martillo para provocar", sostiene en su análisis este escritor y periodista que regenta junto a la estación ferroviaria de Las Navas del Marqués (Ávila) una singular librería-museo dedicada a este municipio, en el que veraneó Cela y al que García Yebra ha brindado varios libros de carácter histórico y divulgativo.

Con el sugerente subtítulo de "Cartografía de un país llamado España", no elude algunos de los episodios más polémicos en la trayectoria del premio Nobel, entre ellos el que envolvió su victoria en el Premio Planeta con "La Cruz de san Andrés" (1994).

"Reconoció haber cometido 'un error' al aceptar presentarse al Planeta con una novela de factura poco limpia", apunta este periodista que también habla en "Madera de Cela" del oficio de informar desde su experiencia pasada como redactor y coordinador de la sección de Cultura en la Agencia Colpisa.

"Parafraseando a Suárez, puedo prometer y prometo que en España no hay censura. Lo que hay es un tijeretazo mental, es decir la autocensura que cada periodista se aplica según el medio donde trabaje y según los intereses a quien sirve", comenta.

En el mismo renglón de su experiencia informativa, pero en relación con los premios literarios, desvela que muchos jurados "los utilizan para estrechar sólidos lazos de amistad: hoy te voto yo a ti y mañana, cuando yo me presente, me votas tú a mí".

"Los premios literarios de fuerte dotación económica se adjudican a dedo. Lo que me asombra no es esto, sino los participantes y su ilusión por ganarlos", analiza.

No obstante, a guisa de corolario, concluye que Camilo José Cela tuvo virtudes "muy marcadas en las que los jóvenes deberían mirarse", entre ellas el trabajo, la voluntad, la osadía, la fe y el entusiasmo, "componente indispensables si quieres lograr algo en esta vida, seas escritor, futbolista o investigador".

Roberto Jiménez.

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Publicado el
5 de junio de 2016 - 11:42 h

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