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“El IVA ha sido la demostración de la consideración que tienen los políticos por la cultura”

Nuria Espert se enfrenta de nuevo a Lucrecia, una de sus obras más intensas / EFE

Prado Campos

Nuria Espert no necesita introducción porque es historia viva del teatro de este país. Basta verla para comprobar (y sentir) qué es eso del ejercicio del teatro con todo su peso. Eso es lo que vuelve a demostrarnos estos días en el Teatro de la Abadía con La violación de Lucrecia, una obra ambiciosa y compleja que ya se estrenó en 2010.

El La violación, ella sola da vida al poliédrico, íntimo, desgarrador y violento universo creado por Shakespeare bajo las órdenes de otro de los grandes de la escena del momento, Miguel del Arco. Es un tándem que no debe perderse nadie porque es de los que hacen historia. Y por el regalo de ver, de nuevo, en todo su esplendo a la actriz catalana en una de sus cimas interpretativas.

Hablamos con Nuria Espert sobre por qué retomar esta obra y elegir a Miguel del Arco para dirigirla –“en nuestro primer encuentro, después de leer La violación de Lucrecia su comentario fue: ”¡Oh, es genial, trepidante, como un guión de Tarantino!“, y yo pensé ”¡Es mi hombre!“, cuenta–, el panorama teatral actual con sus paradojas creativas y económicas, y la crisis. Siempre esa crisis que hoy oscurece aún más la cultura. Y avanza que tiene nuevo proyecto a la vista. Pero asegura que no puede decir nada más que se verá en noviembre en Barcelona.

¿Por qué decide volver con La violación de Lucrecia, una obra tan emocional que le exige tanto esfuerzo?La violación de Lucrecia

Por puro placer. Antes de aparcarla de un modo definitivo para embarcarme en otros proyectos, pensé que estaba bien cerrar lo que fue una experiencia absolutamente fantástica en Madrid y con una gira que hicimos por toda España y dar estas breves funciones cerrando la obra. Es un texto muy violento y a la vez muy tierno. El secreto del éxito de este acontecimiento es que Shakespeare explica tan bien los personajes, con cuatro estrofas los presenta tan profundamente, que se tiene la impresión de ver una obra con muchos actores. La clave del éxito es de Shakespeare, no mía.

¿Ha sido un reto enfrentarse a un monólogo tan intenso como este?

No por la soledad porque monólogos se hacen continuamente pero el reto, como todas las obras de Shakespeare, es tratar dar todo lo que él ha escrito. Uno sabe antes de empezar que es imposible pero lo intenta una y otra vez. Es el un reto, mucho más que el monólogo en sí mismo. Es su escritura, su profundidad, la belleza de su lenguaje... hacer que llegue todo eso al espectador.

Cuando decide embarcarse en este texto de Shakespeare, ¿por qué, de entre todos los directores que beberían los vientos por trabajar con usted, elige a Miguel del Arco para que la dirija?

Me fijé en Miguel del Arco por lo que sus actores decían de él, porque realmente no había visto nada suyo. Pero sabía lo que los actores comentaban de su trabajo, lo que era importante para él en sus ensayos y pensé que todo lo que decían era lo que andaba buscando. Le llamamos y descubrí que era eso y más. Es un grandísimo director y un ser humano excepcional.

¿Han variado algo respecto al estreno de hace años?

Cuando hemos vuelto a ensayar hemos pulido aquí o allí, a marcar cosas o hacer más ligeras otras. Son cosas que siempre se matizan con unos ensayos de refresco. Cuando llegas fresco de nuevo a un espectáculo, aparte de que lo disfrutas muchísimo, eres capaz de pulir esas pequeñas cosas.

Lleva toda su vida sobre los escenarios, ¿qué piensa de la situación de la cultura en la actualidad?

Creo que participa de un modo muy destacado de toda la negrura que se está viviendo. Todos los grandes escritores han dicho que el teatro es el espejo de una sociedad y cosas similares. Yo creo que es cierto y que el momento es oscuro y el momento de la cultura, más oscuro todavía porque los dirigentes actuales no tienen el menor respeto por ella. Si le tuvieran mucho respeto tampoco serían momentos de gloria y brillantísimos porque no lo son para los ciudadanos, para el público, para la gente para la quien trabajamos así que difícilmente podría estar disociado el momento cultural de las preocupaciones de la sociedad.

Pero no sé si cree es un tópico o una necesidad real. En los momentos de crisis la gente llena los teatros.

La gente busca reencontrarse de nuevo, salir de toda esta sociedad triste y acomplejada en la que vivimos ahora pero se le ha dado un mazazo tremendo al teatro con un IVA que lo compara a los yates de lujo y a los diamantes. La gente va al teatro pero haciendo un esfuerzo sobrehumano y eso lo notamos.

¿Volver al IVA reducido sería la solución o son necesarias más respuestas?

No es la única respuesta. Pero el IVA ha sido la demostración de la consideración que tienen nuestros políticos por la cultura. Han escrito negro sobre blanco lo que piensan de la cultura dándole ese papel de objeto de lujo y diversión. Lo necesario y primordial sería que la sociedad recuperase el tono muscular que ha perdido.

¿Es optimista sobre ello?

Yo siempre he sido la optimista de mi familia (ríe). Es difícil ser optimista, la verdad, si estas al día de cómo vive la gente, es imposible no pensar en toda la gente desdichada que hay en el país en este momento pero claro que saldremos, como hemos salido de cosas peores.

Eso pasa un poco en el panorama escénico. Se multiplican las salas pequeñas, las nuevas propuestas, ese off alternativo. ¿Lo ve como la respuesta creativa del sector a la situación o como la única salida para su supervivencia?off

Creo que es muy gratificante. Es savia nueva. Es un fenómeno que ya ha ocurrido en otros países y aquí ha llegado muy tarde. Es espléndido que, liberándose de los problemas económicos que tiene un gran espectáculo o un gran teatro de 800 localidades, los montajes, las estrellas y los grandes sueldos, puedan llevarse a cabo ensayos, propuestas nuevas y vanguardias pequeñas pero ambiciosas. Me parece refrescante. Lo sigo con muchísima atención y estoy convencida de que es muy bueno para la profesión. De ahí va a salir mucha gente nueva y diferente, y también es una oportunidad para que actores consagrados puedan experimentar sobre ideas y textos. Son como talleres de prueba que me fascinan y parecen muy interesantes.

Si lo trasladamos a los 'grandes', también estamos viviendo este año una temporada con montajes de un altísimo nivel (Misántropo, Los Mácbez o Continuidad de los parques por citar tres ejemplos) y muy buena respuesta del público.MisántropoLos MácbezContinuidad de los parques

Al mal tiempo, buena cara (ríe). Ha sido una temporada espléndida en la que hemos visto muy buenos espectáculos. El teatro se renueva constante y permanentemente. Es un lugar de lucha intelectual, de esfuerzos personales, de generosidades, de bizarría, como dirían nuestros clásicos, pese a todo.

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