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La arqueología circense en la búsqueda de Cervantes

Tras los resultados de las excavaciones en el convento de las Trinitarias que señalan que los restos hallados quizá no sean los de Cervantes se abre el debate sobre la necesidad de este tipo de trabajos

En España se han recortado los presupuestos en Ciencia a niveles de 2006 y para la arqueología en el extranjero se ha pasado de un millón de euros hace tres años a 300.000 euros

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Creen haber hallado los restos óseos de Miguel de Cervantes y su esposa

Los investigadores no aseguran haber encontrado a Cervantes

Podría haber sido el gran titular del año: hallados los huesos de Miguel de Cervantes. Pero no fue así. La gran noticia, esperadísima principalmente por su promotor, el Ayuntamiento de Madrid, se diluyó como un azucarillo en la rueda de prensa del 17 de marzo. Se habían hallado tres huesos de un señor mayor en una fosa del convento de las Trinitarias de Madrid en las que aparecían las siglas M.C, sí, pero no hubo campanada. El equipo de investigadores –capitaneado por el investigador Luis Avial, el antropólogo forense Francisco Etxeberria y los historiadores Fernando de Prado y Francisco Marín Perelló– manifestó que podía tratarse de los restos del autor de El Quijote, mezclados con los de otras 14 personas, pero era imposible identificarlos con exactitud al no poder hacerse la prueba del ADN. Sí, pero no.

Los resultados a estos trabajos, que comenzaron hace un año, y que han contado con una financiación pública de 124.000 euros, han suscitado una serie de interrogantes. ¿Realmente se debía buscar a Cervantes? ¿Qué razones había detrás? ¿Por qué estas prisas ahora? ¿Algo que ver con las elecciones municipales de mayo y con que se conmemora el IV aniversario de la segunda parte de la novela sobre el hidalgo caballero de La Mancha?

Motivación desconocida

Primero, no se sabe bien por qué ahora se ha buscado a Cervantes. La investigadora del área de Palentología de la Universidad de Alcalá de Henares, Ana Gracia, reconoce a eldiario.es que no podría decir “si ha sido promovido porque hacía falta por humedad, es decir, si era de urgencia. Si de verdad estaba Cervantes, hay inundaciones y se van a perder los restos, me parece de rigor”. Pero nadie lo ha dicho. Esta investigadora pone como ejemplo los trabajos que se hicieron en la tumba de los amantes de Teruel hace unos años: “Había un bulo sobre si se trataba de una pareja de guardias civiles. Se hizo para descartar aquello. Se comprobó la antigüedad por lo que quedó desmentido que fueran de la Guardia Civil”.

Segundo: la calidad del amasijo de huesos que se ha encontrado. Nada que ver con los restos del rey inglés Ricardo III, que aparecieron en perfecto estado –hasta se pudo determinar el grado de escoliosis de su espalda- mientras que en este caso han sido tres huesos y ni siquiera los más importantes, como la mano dañada o las costillas. Se podrían hacer pruebas de ADN a la hermana de Cervantes, Sor Luisa de Belén, enterrada en Alcalá de Henares, pero los investigadores han señalado que sus huesos también están mezclados con otros.

Los recortes en arqueología

Tercero y quizá el más importante: la arqueología y la palentología, precisamente, no pasan por sus mejores momentos.  Como ocurre en todos los ámbitos de la ciencia y la investigación en general. La causa tiene nombre propio: recortes. Los expertos consultados por este diario señalan que, a priori, el presupuesto para los huesos del escritor no es muy alto. “Si han estado varios meses, con tantas personas y se han hecho pruebas de carbono 14, que ya solo una muestra cuesta 6.000 euros, no es desproporcionado”, admite Gracia. Tampoco el doctor del departamento de Prehistoria de la Universidad Complutense, Víctor Fernández, cree que haya sido “demasiado caro”. El gran problema es otro: las subvenciones públicas.

“Desde hace tres años el palo a las excavaciones ha sido muy grande. Antes contábamos con un millón de euros para las misiones en el extranjero, ahora nos hemos quedado en 300.000 euros. Y en Castilla La Mancha, por ejemplo, se han cerrado los trabajos en cinco yacimientos muy importantes, como son los de Segóbriga o Carranque. Hasta que llegó Dolores de Cospedal allí había gente trabajando. Ahora no hay nadie”, explica Fernández. Un tanto contradictorio cuando es esta comunidad el epicentro del aniversario quijotesco.

Y sólo hay que mirar hacia Atapuerca, nuestro gran emblema arqueológico. Como dice Gracia, que ha trabajado en sus excavaciones, “tenemos un proyecto del Ministerio trianual dividido en varios subequipos y la financiación para personal es nula. Hay becarios FPI (Formación de Personal Investigador), uno por proyecto y excavamos entre 150 y 160 personas al año, pero es vocacional. Le dedicamos nuestras vacaciones. Y nuestros alumnos lo pueden convalidar con créditos, pero habría que hacer contratos y eso no existe”.

La emigración de los recién licenciados

Víctor Fernández es un veterano de la arqueología en España y como él afirma, ya está a punto de jubilarse y sólo se dedica a los libros. La peor parte les toca a los que vienen detrás, a los recién licenciados en esta rama, como Pablo Aparicio Riesco que después de conocer la noticia del no hallazgo decidió mostrar su indignación en su blog de arqueología. “Es que ya sabíamos dónde estaba Cervantes. Se ha creado una noticia de la nada. Y como no han encontrado los resultados que esperaban nos lo intentan vender como una especie de triunfo, y los pobres arqueólogos solo han podido decir que eran indicios. Ha sido un auténtico fracaso”. Para él, todo se ha tratado de “arqueología espectáculo cuando siempre tiene que estar por delante el fin educativo y social”, señala a este diario.

Pablo, que se dedica a la arqueología virtual, ya tiene casi hechas las maletas para marcharse a trabajar a Ecuador porque en España cada vez hay menos trabajo. Él sabe bien cómo se llevan a cabo las excavaciones arqueológicas: “Se hacen en verano contando con voluntarios para los que no se tienen más de 5.000 euros y todo ello en un mes. Pero no hay dinero público. Una parte es público, sobre todo de universidades, pero los arqueólogos se tienen que buscar la vida contactando con mucha gente”.

Si se le pregunta qué se podía haber hecho con esos 124.000 euros, suspira: “No podría cuantificarlo, pero muchísimo. Apoyar 30 proyectos o por ahí, repartiendo todo ese dinero. Pero proyectos que no consisten en buscar el tesoro sino para crear Historia, y eso se hace yendo a la vida de gente humilde, excavando en casas sin nombre. Este circo que se monta en torno a Cervantes para convertirlo en una pieza de museo que se pueda visitar por mucha gente, en realidad no aporta ninguna información nueva”.

Francisco Rico: “Es una tontería”

Ni siquiera para los expertos en la vida y obra cervantina, como el académico Francisco Rico, que nada más conocer la investigación resaltó que le parecía  “una tontería” y que no había servido para nada, puesto que a día de hoy se sabe del escritor lo mismo que hace un mes. El literato también jugó con las cifras del proyecto y se preguntó cuántos ejemplares de El Quijote se podrían haber comprado, porque al fin y al cabo, si se trata de leer, o releer a Cervantes, puede que sus huesos no sirvan para mucho.

Para los arqueólogos, pensar dónde se podría destinar este dinero es entrar en demagogia. “Cuando hay tan poquísimo presupuesto, todos los demás nos llevamos las manos a la cabeza. ¿Qué es más importante Cervantes o un castro celtibérico? Si yo una vez tuve 25.000 euros para un trabajo y ya me parecía una maravilla”, reconoce el doctor Víctor Fernández.

Ahora bien, también saben que hay muchos lugares que se están destruyendo por el paso del tiempo y donde no se está haciendo nada. “Por ejemplo, el frontón Beti-Jai, de Madrid. ¿Por qué no se hace nada?”, se pregunta Pablo Riesco, que, por otra parte, acaba de presentar un proyecto para documentar y hacer en 3D un refugio de la Guerra Civil, “para el que hemos puesto un presupuesto de 5.000 euros entre dos personas”. Después su destino será Ecuador.

Lo que nadie ha querido poner en duda es el trabajo de los investigadores en la fosa de Cervantes. Y todos reconocen la labor del antropólogo forense Francisco Etxeberria, “que es un veterano en exhumaciones de fosas de la Guerra Civil”, apostilla Fernández. También para la investigadora Gracia es una persona “muy cauta con su trabajo. Estuvo en el 11S y también cuando el accidente de Spanair. Lo que él haya dicho seguro que es todo cierto”.

El joven Riesco tampoco pone objeciones: “Estoy seguro de que los arqueólogos y antropólogos lo están haciendo perfectamente. Ellos hacen lo que les pagan. Lo peor es la motivación que hay detrás, que no es científica, sino que lo que se pretende es hacer dinero con los huesos de alguien famoso en nuestro país”.

¿Y qué puede ocurrir ahora con los restos después de este espectáculo? Para conservarlos habría que meterlos en una vitrina “para la cual hay que mantener una vigilancia que no sé si merece la pena si no es Cervantes”, afirma Gracia. No es la primera vez que al final no acabaría pasando nada. En 1999 se levantó toda la plaza de Ramales para buscar los restos del pintor Diego Velázquez. El resultado fue el mismo o peor porque no se encontró nada. Entonces el Ayuntamiento puso seis millones de pesetas (36.000 euros), y al final, sin restos del artista ni de su mujer, Juana Pacheco, se decidió construir un aparcamiento.

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