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El culto al agua, sagrada misión de templo de 3.000 años descubierto en Perú

El culto al agua, sagrada misión de templo de 3.000 años descubierto en Perú

Fotografía cedida y difundida este sábado por el Proyecto Arqueológico Valle de Zaña - Museo Tumbas Reales de Sipán, donde se observan los trabajos arqueológicos en el templo dedicado al culto del agua, de unos 3.000 años de antigüedad, en Valle de Zaña (Perú). EFE

En la misma unión de dos ríos que bajan de los Andes hacia el océano Pacífico, un grupo de arqueólogos peruanos descubrió un templo de piedra de hasta 3.000 años de antigüedad donde se rendía culto al agua, fundamental para la vida en el desértico valle de Zaña, ubicado en el norte del país suramericano.

El templo, de 50 metros de largo y 40 de ancho, está formado por grandes bloques de piedra tallada de hasta tres toneladas, contó a Efe el reputado y célebre arqueólogo peruano Walter Alva, a cargo de las investigaciones de este hallazgo ubicado en la norteña región de Lambayeque, a unos 800 kilómetros al norte de Lima.

"Para construir el templo, estos bloques han sido traídos desde por lo menos un kilómetro y medio de distancia", detalló Alva, quien descubrió en 1987 al Señor de Sipán, el primer gran gobernante del Antiguo Perú, caudillo de la civilización moche, cuya fastuosa tumba es comparable con la del faraón egipcio Tutankamón.

INFLUENCIA CHAVÍN

Este lugar sagrado para el agua es, sin embargo, anterior al Señor de Sipán, y Alva no tiene dudas en afirmar que la construcción estuvo bajo la influencia de la cultura Chavín, la primera gran religión del Antiguo Perú que se extendió desde el gran templo de Chavín de Huántar, enclavado en el corazón de los Andes.

Entre las evidencias que apuntan a Chavín hay una vasija de cerámica que era parte del único entierro de la época que se ha encontrado en el lugar.

En total se han descubierto una veintena de entierros pero, menos ese que coincide con el templo, el resto son de muchos siglos después.

"El lugar fue utilizado para tumbas de la cultura chimú e inca. No son de dignatarios. Se trata de tumbas populares, de gente que vivía cerca del lugar cuando este ya había perdido toda importancia religiosa", indicó Alva, quien también es director del Museo Tumbas Reales de Sipán, ubicado en la ciudad de Chiclayo.

ÚNICO EN LA REGIÓN

El templo es "parte de un complejo mucho más grande" llamado huaca El Toro, que tiene la singularidad de ser la única construcción de piedra de la región de Lambayeque, pues el resto de civilizaciones que habitaron en la zona, como los moche, los chimú y los incas, utilizaron el adobe (barro) para sus construcciones.

Para Alva, que el complejo sea de piedra no se debe a que se buscara soportar la humedad del lugar, sino al patrón arquitectónico de la cultura Chavín, a semejanza de otro templo que existe en la región de Cajamarca, en el norte de los Andes peruanos.

"Todos estos templos tienen como características altares de piedra dedicados al culto al agua", precisó el arqueólogo, quien en 2011 también estuvo en las excavaciones para sacar a la luz ese templo similar en las altura de los Andes.

PLAZA CON ALTARES

Así, el nuevo templo descubierto "tiene todo un sistema de plataformas superpuestas, y dentro de estas plataformas hay varias construcciones más antiguas, donde la última es aparentemente esta estructura de piedra, que ha significado un trabajo muy fuerte para mover sus bloques", describió Alva.

"Delante del templo hay una plaza, y en el muro perimétrico de esta hay algunas piedras talladas que son típicos altares de culto al agua", agregó.

La construcción cuenta, además, con una escalinata de diez metros de ancho que comunica la plaza con la parte más alta del edificio.

"El lugar debió ser especialmente importante, porque la escalera está mirando al este, donde están las montañas que son el nacimiento del agua. Eso es poco usual porque generalmente los templos miran hacia el valle y la zona productiva agrícola", detalló Alva.

LUGAR SAGRADO

Su localización tampoco es baladí, en la confluencia de los ríos Nanchoc y Udima, los mismos que dan inicio al río Zaña, que permite irrigar miles de hectáreas en el árido valle del mismo nombre, uno de los principales de la costa norte de Perú.

Ese río fue la fuente de vida para todas las civilizaciones del valle de Zaña, donde el recinto sagrado fue rescatado ahora gracias a los trabajos del Proyecto Arqueológico Valle de Zaña, con financiación del Patronato Sipán y la Unidad Ejecutora 005 Naylamp-Lambayeque, del Ministerio de Cultura.

Hasta ahora el agua del río Zaña es fundamental para la vida en esta parte de Perú, una de las más ricas en yacimientos arqueológicos como la huaca El Toro, donde por milenios este recinto megalítico ha sido testigo del déficit hídrico de estas tierras.

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