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Cuando el humor escuece

La incorrección de Louis C.K. pone a prueba los límites de la comedia y demuestra que hay vida más allá de la 'sitcom' clásica

Louis C.K. fundiéndose con 'Louie'

Louis C.K. fundiéndose con 'Louie'

Hay pocas cosas tan difíciles como hacer reír al espectador. Hay series que además buscan que el espectador encadene su carcajada con una sensación de incomodidad ante lo que está viendo y por sentir la necesidad de seguir viéndolo. Algunas lo consiguen explotando el poder de atracción de la vergüenza ajena y de la provocación sin límites, otras porque nos retratan tal y como somos. Comedias que han desafiado el significado clásico del término y que siguen poniendo a prueba el de inclasificable.

El humor que practica Louis C.K es lo más parecido a un puñetazo en el estómago. Es el triunfo del hombre corriente que pone en evidencia las miserias del día a día del espectador y es difícil saber donde termina la persona y comienza el personaje. En la serie de FX (en España en Fox y Canal Plus) Louis C.K. es el productor, montador y guionista de las historias cotidianas de un cómico de Nueva York, separado y padre dos niñas pequeñas que se gana la vida actuando en un local de stand-up y haciendo giras. El género que practicó Jerry Seinfeld en los 90, su vecino neoyorquino lo empuja hasta límite y arranca una carcajada al espectador para que al segundo siguiente sienta una punzada de amargura y hasta de vergüenza. Ahí están los vídeos que comparte en sus cuentas de Twitter y Youtube, el especial Oh my God (que se puede ver aquí) o ahora mismo en emisión la cuarta temporada de Louie que está teniendo escenas tan memorables como esta:

Aunque gracias a su particular estilo Louis C.K. ha creado algo novedoso, reconoce como maestros a Jerry Seinfeld y Larry David. Los dos alumbraron Seinfeld y años más tarde Larry David dio rienda suelta a su vena más irreverente en Curb your enthusiasm ( El show de Larry David en España) en la que interpreta a sí mismo, como un millonario ocioso gracias al éxito de Seinfeld que se mete o le meten en todo tipo de situaciones en las que pone a prueba los límites del humor que pueden tolerar sus espectadores. A lo largo de sus ocho temporadas hubo gags sobre los judíos, los gays, contra los políticos, la Iglesia y algunos cameos famosos como el de Michael J. Fox parodiándose a sí mismo como enfermo de Parkinson (con nominación al Globo de Oro incluida). 

Ricky Gervais se ganó el título de rey de la vergüenza ajena con The Office, a años luz en incomodidad de su remake estadounidense, y cuando en Hollywood quisieron adoptarlo y lo pusieron a presentar los Globos de Oro se escandalizaron como si no supieran a quién habían llamado. En las series de Gervais, y su socio Stephen Merchant, no hay piedad con nadie: David Brent sigue siendo uno de los personajes más patéticos que ha pisado la pequeña pantalla, en Extras se reía con ayuda de los protagonistas reales de las miserias y los egos desmesurados de los actores, Life is too short estaba centrada en la vida cotidiana de Warwick Davis y ahora en Derek da vida a un discapacitado mental que trabaja en una residencia de ancianos.

De Reino Unido también llegaron Matt Lucas y David Walliams (Little Britain) y Armando Ianucci, que le dio la vuelta a los dramas políticos para hacer humor de la incompetencia de los políticos, primero en The Thick of it, después en su secuela cinematográfica In the loop y ahora en su adaptación estadounidense Veep. Las dos primeras son el show del gran Malcom Tucker (Peter Capaldi), el encargado de que la incompetencia de la clase política no acabe en desastre total a base de insultos y una despiadada estrategia política. En Veep el tono está más rebajado, la ironía le gana a la vergüenza ajena, pero el retrato de la vicepresidenta estadounidense (Julia Louise-Dreyfus) y su equipo de asesores sigue resultando igual de patético.

Sarah Silverman pertenece a esa generación de actrices, guionistas y productoras que han conseguido cambiar el rol que le tocaba desempeñar a las mujeres en las series y demostrar de paso lo equivocado que estaba el escritor Christopher Hitchens en 2007 cuando publicó un incendiario articulo en Vanity Fair titulado  'Por qué las mujeres no son divertidas'. Y en su caso muy políticamente incorrectas.  Sarah Silverman es la abandera irreverente de ese grupo en el que también están Tina Fey, Amy Poehler, Kristen Wiig, o Lenna Duham, aunque a Girls tampoco le encaje la denominación de comedia. Silverman pudo dar rienda suelta a su humor incómodo en The Sarah Silverman program y ha aportado su toque ácido en el cine y en series como Louie o The Good Wife. También en intervenciones tan virales como esta de Jimmy Kimmel Show 

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