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La tradición y la presión social mantienen en España las fiestas latinas de los 15 años

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La tradición y la presión social mantienen en España las fiestas latinas de los 15 años

La tradición y la presión social mantienen en España las fiestas latinas de los 15 años

Aunque a miles de kilómetros de los países de origen, los inmigrantes iberoamericanos cumplen en España con una tradición arraigada allí, que mantienen, en parte, por la presión de los círculos familiares y de conocidos. Son las fiestas de los 15 años, que simbolizan el tránsito de las adolescentes a la edad adulta.

La celebración puede convertirse en una 'boda sin novio' -misa incluida-, con un coste de miles de euros, comenta a Efe el presidente de la asociación ecuatoriana Rumiñahui, Vladimir Paspuel, que preparó la fiesta para una hija suya.

Existe una "presión social" para festejar los 15 años de las chicas de manera muy especial, reconoce, y la mayoría de los ecuatorianos residentes en España lo hacen, desde aquellos que preparan algo sencillo en casa hasta los que no escatiman en gastos.

"Te puedes gastar tranquilamente de cinco a diez mil euros (5.900-11.800 dólares) -según el número de invitados-, y no todas las familias pueden", constata.

Solo el vestido de gala de la muchacha puede alcanzar los 600 o 700 euros, aunque los hay a partir de 80 euros, explica a Efe la propietaria de la empresa especializada Eventos Principesa, Rose Ballesta.

Si se alquila, son de 25 a 125 euros, incluidos los complementos de vestuario y una diadema, pero sin zapatos ni otras joyas.

A ello habría que añadir peluquería y maquillaje, invitaciones, recuerdos, flores, decoración, reportaje fotográfico y audiovisual...

Fuera de casa, el coste medio por asistente varía entre los 20 y los 60 euros. Depende del salón, el banquete y la tarta, las bebidas, la música y las actuaciones contratadas, comenta a Efe Marisa Martínez, de la empresa Centralfiestas. La limusina, aparte, serían otros 150 o 170 euros.

Pero antes que endeudarse, las familias suelen ahorrar y gastarse solo lo que tienen, según el presidente de Rumiñahui.

Es una fiesta que se hace con todas las hijas cuando cumplen esa edad, muy enraizada en todos los estratos sociales, asegura, aunque algunas quinceañeras prefieren un viaje o un gran regalo a una fiesta.

En el culmen de la celebración, el padre cumple con el rito de calzar los zapatos de tacón a la hija ya como "señorita", rodeada de una corte de damas. Es una "presentación en sociedad", una puesta de largo con origen en la alta sociedad europea, explica.

Tampoco faltan el brindis, los discursos y, por supuesto, el vals que abre el baile.

Son hijas de inmigrantes que han crecido, incluso nacido, en España. Pero entre los españoles, comenta Paspuel, ha quedado como algo "muy arcaico o no tan bien visto, incluso alguien puede considerarlo rancio".

En cambio, es algo habitual entre iberoamericanos e hispanos de EEUU, y las mismas niñas se ven a veces "obligadas" por familiares y amigos que le dicen: "¡Cómo no lo vas a hacer!"

Admite que, tal vez, los inmigrantes de primera generación tienen esta costumbre muy presente por un vínculo muy fuerte sus propios países.

"El tiempo va a determinar si esta tradición va a persistir en España o va a decaer", dice Paspuel en alusión a las nuevas generaciones.

Jessica, hispano-boliviana de 21 años, niega a Efe que se sintiera presionada para su fiesta de 15, y volvería a celebrarla.

"Tú vas viendo, escuchando, te vas enterando de las tradiciones y de que es algo típico de nuestro país celebrarlo, pasar de niña a mujer", asume Jessica con naturalidad. Hija única, lleva en España desde pequeña.

"A mi abuela, que había fallecido, le hubiera gustado verme con mi vestido", enfatiza.

La celebración, confirma, depende del presupuesto, pues conoce amigas que tuvieron que conformarse con "algo chiquitito en casa, con un vestidito normal y los más allegados". En su caso, fueron 150 invitados en un local.

Sin embargo, hay familias que deciden no festejarlo, hay niñas que piden algo alternativo a la fiesta, pues es más difícil, admite Jessica, preservar las raíces entre los descendientes de inmigrantes tan lejos de América.

De hecho, conoce hijos de bolivianos que se relacionan prácticamente solo con españoles. No es su caso: "Aunque esté fuera y lejos, quiero representar mi folclore, soy boliviana, estoy orgullosa de ello", apostilla.

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