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Tres libros de fantasía escritos por mujeres: utopías socialistas, mundos ambisexuales y heridas de la esclavitud

La fallecida Ursula K. Le Guin, una autora referencial de la literatura fantástica del siglo XX

La literatura de fantasía y ciencia ficción a menudo ha explorado la dificultad, o la imposibilidad, de entender aquello que nos resulta ajeno. Parte de la obra novelística de  Stanislaw Lem trata de los fracasos de intentar comunicarse con civilizaciones extraterrestres. En su enigmática versión cinematográfica de 2001: una odisea en el espacio, despojada de las explicaciones apuntadas por Arthur C. Clarke en la versión literaria, Stanley Kubrick escenificó en parte ese abismo de incomprensión entre inteligencias.

Más allá de la dificultad de inventar formas de vida verdaderamente diferentes, que fuesen algo más que variaciones del modelo humano, multitud de escritores tenían que lidiar con un desafío mucho más abordable: tratar de unos otros mucho más cercanos, con quienes dialogar y empatizar hasta dejar de considerarlos ajenos, fuesen los extranjeros de tierras más o menos lejanas o, sencillamente, las mujeres.

Muchos autores optaron por cultivar la literatura fantástica sin cuestionar sus inercias colonialistas, sin cuestionar su tendencia a reflejar y reforzar un modelo social dominado por el hombre blanco. Otros, y otras, aportaron una visión diferenciada desde la asunción de muchas convenciones de los géneros literarios. Rescatamos tres ejemplos recientemente recuperados en castellano.

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Tres libros para redescubrir a Akira Kurosawa, el perfeccionista que internacionalizó el cine japonés

Inspirada en la novela de Dashiell Hammett 'Cosecha roja', Yojimbo' ha influido en filmes como 'Por un puñado de dólares', 'El último hombre' o 'Van Damme's Inferno'

Akira Kurosawa puso su grano de arena para explicar el Japón de la derrota militar en sus filmes de posguerra ( Un domingo maravilloso), exploró los códigos del cine negro ( El ángel ebrio) y puso en diálogo las historias del Japón feudal con el western ( Los siete samuráis) o con la dramaturgia de Shakespeare ( Trono de sangre). Dicen las historias del cine que fue un filme suyo, Rashomon, el que abrió las puertas de Occidente a sus compatriotas realizadores en 1950.

A pesar de ello, parte de la crítica y el público de su país asumieron una mirada nacionalista propia del Japón en guerra: sus filmes resultaban cuestionables por evidenciar influencias extranjeras. Con todo, sus relatos de samuráis sin señor y nada ejemplares (véase Yojimbo) abrieron el camino a las miradas revisionistas y politizadas a este género, habituales en los años sesenta y setenta.

En su periodo de actividad, que concluyó con la agridulce y nostálgica Madadayo (1992), Kurosawa fue seguramente el cineasta asiático más popular fuera de sus fronteras. Su trabajo de reelaboración de tradiciones establecidas facilitó que la cinefilia se acercase a una obra que, además, generó remakes evidentes y muy populares ( Por un puñado de dólares, Los siete magníficos). A pesar de ello, su talante perfeccionista y obstinado, difícil de encajar dentro de un sistema de producción estandarizado, dificultó que consiguiese financiación para sus proyectos.

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Tres libros sobre nuevas masculinidades

Brad Pitt en 'El club de la lucha'. Fox Movies.

Años después del éxito de El club de la lucha, novela cuya adaptación dirigida por David Fincher elevó irremediablemente a la categoría de culto, Chuck Palahniuk reflexionaba sobre qué era lo que había hecho que su novela se vendiese tanto siendo una sátira a la masculinidad tóxica. Así, en el prólogo de una de sus pocas obra de no ficción, Error Humano, decía que tal vez todo se debía a que en ella proponía una nueva forma de conectar entre hombres, aunque fuera a hostias. "No vemos muchos modelos nuevos para la interacción social masculina. Está el deporte. Y construir graneros. Y ya está", escribía tan cínico como siempre.

En la última década, las reflexiones sobre lo que se ha venido a llamar nuevas masculinidades se han multiplicado en una necesaria traducción de sensibilidades de la calle a la letra escrita. Primero, en estudios de carácter sociológico en contextos especializados, después en textos universitarios y, con el tiempo, en libros de los que podemos ver en las estanterías de cualquier librería. La reconfiguración de la idea de lo que significa ser hombre en la sociedad actual avanza progresivamente y se alimenta de lecturas.

Entender la forma en que vivimos mujeres y hombres nuestra condición, implica también empatizar y conocernos unos a otros desde todas las perspectivas posibles, para construir una sociedad más igualitaria y solidaria. Esto, que suena vago, se concreta en obras literarias que entienden el sexo como una construcción cultural que, en nuestro caso, ha venido cortada con el patrón propio de una sociedad heteropatriarcal. "No se nace mujer, se llega a serlo", decía Simone de Beauvoir allá por 1949. De la misma forma no se nace hombre, somos lo que somos como resultado de un proceso de socialización obviado durante demasiado tiempo.

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Tres libros de utopías, distopías y pesadillas soviéticas

El prestigioso Alexander Sokurov filmó una adaptación libre de 'Mil millones de años hasta el fin del mundo', 'Días de eclipse'

Algo cambió en la literatura fantástica a lo largo de la primera mitad del siglo pasado. Varios autores comenzaron a explorar territorios más alejados de la tradición de las aventuras colonialistas y sus guerras heroico-divertidas. Quizá porque las matanzas ya no se veían desde tan lejos: las dos conflagraciones mundiales encharcaron de sangre las tierras europeas.

Un centenar de millones de muertes sirvió de terrible anticuerpo contra la confianza en el futuro. El progreso tecnológico y científico mostró su reverso en forma de artillería pesada, gases letales y bombas atómicas. En paralelo, se vivió el auge de los totalitarismos.

De todas estas decepciones partieron las principales distopías de la época. H. G. Wells, un socialista avanzado a su tiempo en diversos aspectos, hizo su aportación con  Cuando el durmiente despierta, donde desarrollaba una premisa que recordaba a un cuento propio y también a la novela más popular del socialismo utópico estadounidense: El año 2000, de Edward Bellamy.

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Tres libros para redescubrir la fantasía de Neil Gaiman

La novia de Frankenstein, uno de los iconos que Neil Gaiman analiza en 'La vista desde las últimas filas'

Hay autores que pisen la tierra que pisen, pestilente lodazal o reverdecido campo, caminan como si no tocasen el suelo. O más bien como si cualquier superficie sobre la que se plantasen les viniese bien. Como si se sintiesen tan cómodos en ella que quisiesen pasar allí el resto de su vida. Neil Gaiman es uno de esos nombres únicos.

Nació en Hampshire, y creció cerca de una biblioteca que le pillaba a medio camino entre la escuela y el trabajo de sus padres. Así que a los ocho años ya había descubierto a los autores que le marcarían para toda la vida. Convivía con C.S. Lewis, Ursula K. LeGuin, J.R.R. Tolkien y Edgar Allan Poe, mientras que en el colegio pocos le conocían de verdad y prácticamente ninguno se hacía llamar su amigo. Era tan tímido que parecía no estar.

Empezó en el oficio de escribir de la mano del periodismo y desde entonces pisó todos los campos habidos y por haber. Hizo biografías, luego probó con suerte en el cómic mano a mano con un ilustrador que le acompañaría el resto de su carrera: Dave McKean. Juntos crearon The Sandman, una de las obra más influyentes del noveno arte. No contento con eso, también hizo prosa, poesía, guiones de cine y teatro y hasta letras de canciones. Es el único autor que ha ganado tanto el premio Carnegie Medal como el Newbery Medal - uno de los más prestigioso de la literatura infantil-, por una misma obra: El libro del cementerio.

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Tres libros sobre tecnología, cyborgs y monstruos viscosos en el cine

'Terminator 2' ha sido una influyente película sobre el miedo a la inteligencia artificial

La ficción audiovisual, sea en forma de largometrajes o series, es una pata relevante de la vida cultural de muchas personas. El cine fantástico y de ciencia ficción es una fuerza relevante en el imaginario popular y en las cuentas de resultados de la industria del entretenimiento. Multitud de ensayistas ponen su grano de arena reflexionando a partir de estas películas que, a menudo hablan de nuestra sociedad, nuestros miedos y nuestras esperanzas (o desesperanzas) de futuro.

En ocasiones, encontramos un enfoque divulgativo que hibrida la crítica cinematográfica y la historia del cine ( El despertar de las máquinas). En otros casos, se opta por una prosa que proyecta pasión por las películas de género y, a la vez, aporta consideraciones y análisis interesantes sobre este goce ( Lovecraft, la alargada sombra del tentáculo). Y también podemos encontrar muestras de un ensayismo de orientación más especializada que sigue fijándose en la cultura pop como objeto de estudio ( Ghost in the shell, nostalgia de la encarnación).

El despertar de las máquinas

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Tres libros para entender mejor Star Wars antes de ver el episodio VIII

Star Wars También se lee

Si nos ceñimos a hacer una lectura económica e inevitablemente parcial del alcance de Star Wars, ya nos podemos hacer una idea de cuál es su tamaño en el mundo actual: según el Statistic Brain Research Institute, Star Wars lleva amasada la friolera de 39.536 millones de dólares. La cifra supera el PIB de noventa países del mundo tales como Jamaica, Armenia o Islandia.

Pero si no nos limitamos al dato concreto, lo más razonable sería decir que alcance de la saga en lo cultural e incluso en lo político es a todas luces incalculable. Desde Barack Obama despidiéndose de los periodistas en la última rueda de prensa de 2015 al son de "Ok, chicos, tengo que llegar a tiempo para ver Star Wars", hasta Hillary Clinton cerrando el debate demócrata con un elocuente " Que la fuerza os acompañe", pasando por las constantes comparaciones de Trump con Darth Vader.

En nuestro país, al panorama editorial no se le ha pasado por alto el peso de la franquicia. Parece una norma no escrita que pocos se afanan en contradecir y reza que si tu editorial tiene una colección de ensayos, tendrás que tener un título dedicado a Star Wars. Desde lecturas filosóficas como la que publicaron  Roca Editorial o Errata naturae, hasta pormenorizados análisis cinematográficos del universo de la saga como los ensayos de Diábolo, o sobre su creador como el caso de Dolmen y su excelente libro American Odyssey. Y esto por mencionar unos poquísimos casos, pasando por alto las miríadas de cómics, libros ilustrados, enciclopedias, guías y hasta manuales para hacer crochet que publica constantemente  Planeta. Entre tantísima letra dispuesta a dar la razón al fan, rescatamos tres títulos que ofrecen otra mirada del tema desde una perspectiva social, cultural y hasta vital.

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Tres libros sobre fantasmas para temblar en el Día de Todos los Santos

Los Cazafantasmas también iban a la biblioteca

Antes que una sábana blanca con dos agujeros pintados, un fantasma podía ser un reflejo o una luz. De hecho, el término fantasma viene del mote latín phantasma, que a su vez proviene del griego φάντασμα, cuya raíz -el verbo phanein-, significa aparecer, brillar, mostrarse. Para los griegos, que eran muy suyos, un fantasma podía significar cualquier imagen mental que fuésemos capaces de imaginar. Bastaba con que la viésemos en nuestra cabeza. No es casualidad que fantasma y fantasía tengan al misma raíz.

Ya se llame Día de Muertos, dos finados, de Todos los Santos o de Difuntos, o la importada Halloween, en estas fechas se cultiva el gusto por los relatos sobrenaturales llenos de fantasía, criaturas extraordinarias, apariciones y fantasmas.

Pero ¿qué sabemos de los fantasmas? Tal vez desconocíamos que el término Poltergeist, por ejemplo, se empleó por primera vez en círculos luteranos y aludía a un fenómeno muy popular en la Alemania del siglo XV, cuando la presencia de duendes y hadas que hacían destrozos en cosechas y haciendas era el pan de cada día. O que el aspecto de gran parte de los fantasmas contemporáneos demuestra poca imaginación, pues se constatan apariciones de estética blanquecina y sábana limpia con agujeros en los ojos desde la Roma Imperial. Sea como sea, sabemos poco de espíritus y qué mejor momento que Halloween para aprender un poco más.

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Del músico al melómano: tres libros para descubrir al sucesor de Dylan en el Nobel

Un joven Kazuo Ishiguro practicando una de sus pasiones

Bob Dylan le da el relevo a otro hombre, a otro anglosajón y a otro melómano en el podio del premio literario más importante del planeta.

Kazuo Ishiguro pone un peso más en la desequilibrada balanza del Nobel de Literatura y devuelve a la Academia sueca a la senda de la tradición.

Podían haber apostado por algo revolucionario y premiar a una mujer, para variar, pero un año más el 88% del palmarés sigue siendo cosa de hombres. También se han alejado del mainstream. Los Nobel eran ese trampolín para obras importantes que no han recibido la atención profana que se merecen, y con Ishiguro han recuperado su condición de escaparate.

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Tres libros para repensar las ciudades

La ciudad del futuro de Robert McCall, 1970

Como explicaba José Luis de Vicente en esta interesante charla, las ciudades que habitamos son hijas de dos tecnologías: el coche y el ascensor. Antes del ascensor, los ricos vivían abajo y los pobres ocupaban los áticos y buhardillas. El ascensor invirtió ese orden de cosas y añadió una dimensión nueva a los espacios urbanos, que pudieron crecer a lo alto además de a lo ancho, aumentando exponencialmente su densidad.

El coche renegoció las distancias entre la casa, el trabajo y el ocio, convirtiendo las afueras en barrios residenciales y la ciudad misma en un entorno que ya no está diseñado para los ciudadanos sino para millones de exoesqueletos rodantes de gasolina, vidrio y metal. La ciudad del siglo XX se expandió a lo alto y a lo ancho, como una catedral. La del siglo XXI es todavía un misterio.

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