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Antonio Asunción: las sombras de un socialista convertido al credo de Rivera

Albert Rivera y Antonio Asunción, a la derecha, presentan una plataforma ciudadana que podría convertirse en partido en toda España

Moisés Pérez

En los tiempos del régimen popular, los favores se pagaban muchas veces a través de aquellas instituciones financieras que restaban en manos de los dirigentes del PP. La CAM, Bancaja o el Banco de Valencia fueron utilizadas para dar vida a los proyectos faraónicos de los presidentes de la Generalitat o salvar de la ruina negocios de cercanos y conocidos.

Eso es lo que presuntamente habría hecho el Banco de Valencia (BdV) con la piscifactoría Acuigroup Maremar, propiedad del ex dirigente de Unió Valenciana, Társilo Piles y del ex líder de los socialistas valencianos, Antonio Asunción. Y a raíz de aquello, el juez de la Audiencia Nacional, Santiago Pedraz, que investiga varias operaciones de la entidad ya desaparecida, ha imputado tanto a Piles como a Asunción. Los delitos que se les achacan: administración fraudulenta y apropiación indebida. Piles había sido empleado del BdV, al que pidió volver 20 años después.

Una imputación que se suma a un par de sombras más que siempre han planeado sobre Asunción. Sus aventuras empresariales con su amigo Piles, sus intentos de liderar el socialismo valenciano, su fugaz paso por el Ministerio de Interior en plena ebullición del escándalo de los fondos reservados y su conversión a las tesis de Albert Rivera, junto a una escaramuza de volver a encabezar el PSPV-PSOE, componen su biografía.

Acechado por Roldán

Antonio Asunción (1951) nacerá en una población situada a menos de 10 kilómetros de Valencia, Manises. Con tan solo 19 años, se enrolará en las filas del PSOE. Y 9 años más tarde, se convertirá en alcalde de su municipio desde 1979 a 1983. Justamente, ese año abandonará la política local para pasarse a la provincial al ser designado como presidente de la Diputación de Valencia. Un cargo que ostentará hasta 1987, ya que dejará la corporación provincial en busca de un puesto de mayor proyección: Director General de Instituciones Penitenciarias. Su ascenso será meteórico.

De sus tiempos como garante del funcionamiento de las prisiones, tendrá un encontronazo con la ahora alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena. La entrada de dos expertos en derechos humanos para evaluar la cárcel madrileña de Carabanchel, acabará con quejas de Asunción hacía la jueza. La disputa terminará con el Consejo General del Poder Judicial dando la razón a Carmena.

Pese a varios problemas que le irán surgiendo como alto cargo de Interior, durante el bienio 1991-1993 ocupará el cargo de Secretario General de Asuntos Penitenciarios. Tras la dimisión del entonces Ministerio de Interior, José Luis Corcuera, debido a que el Tribunal Constitucional había declarado inconstitucionales dos artículos de su proyecto estrella, la ley de seguridad ciudadana, Asunción asumió la cartera. Sin embargo, solo mantuvo su silla en el consejo de ministros 5 meses.

La huida del ex director de la Guardia Civil, Luis Roldán, en pleno estallido del caso de los fondos reservados, fue la puntilla para el ministro del gobierno de Felipe González. Se le consideró el responsable político de que Roldán se escapará de la justicia. Y su única salida, fue dimitir.

El caso Roldán no solo le costó su cartera de ministro. También, le supuso verse envuelto en el disparadero mediático del propio asunto. Tanto, que el juez lo citó como testigo. Entonces campaba la sospecha –siempre negada por él y tampoco demostrada- de que la fuga se produjo gracias a un pacto entre el gobierno de González y Roldán para evitar que este desvelase los trapos sucios que escondía el escándalo. Es más, se acusaba desde distintos sectores de que Asunción había aconsejado la fuga a Roldán. Asimismo, y según el ex director de la benemérita, Asunción había recibido una carta para dársela a González donde se advertía del uso irregular de dichos fondos.

Pero, el político hoy cercano a Ciudadanos, se vio envuelto en otra sospecha. Se trataba de una adjudicación que había hecho Asuntos Penitenciarios a dedo sobre tres talleres de cerámica en el recinto carcelario de Picassent (Valencia) en 1990. La duda sobre dicha licitación residía en que se había hecho a una empresa vinculada a amigos suyos y que el proceso había carecido de fiscalización previa y de concurso. El gerente de la beneficiaria era militante del PSPV-PSOE de Bétera. Dentro del entramado empresarial, aparecía un empresario ligado supuestamente a Asunción.

Rival de Zaplana y tumbado por Pla

La dimisión tras la crisis del regate a la justicia española de Roldán, le hace a Asunción apartarse del foco directo de la política. No en vano, renuncia a ir en las listas del PSOE en las primeras elecciones que ganaría José María Aznar. Su razón para rechazar concurrir como tercero en la candidatura socialista por Valencia: la falta de democracia interna.

En 1998, Asunción volverá a la escena política. Y su aparición ya tiene los primeros efectos: lograr dividir la plataforma Movimiento por el Cambio que iba a ensalzar a Joan Romero como próximo candidato del PSPV-PSOE. Es más, se ofrece como aspirante a la Generalitat si ni las corrientes próximas al ex president Joan Lerma y al entonces secretario de organización del PSOE, Ciprià Císcar, presentan uno.

El político natural de Manises querrá ser el rival que derrotara a un triunfante Zaplana tras conseguir el pacto con Unió Valenciana. Para ello, conseguirá crear su sector, granjearse el apoyo de la corriente Izquierda Socialista y descongelará sus relaciones con Císcar. Pese a todo, Romero se alzará como candidato tras ganar las primarias internas por un margen muy estrecho. Una victoria que será el entierro del nuevo aspirante. El frente creado por Císcar y Asunción acabará forzando la dimisión de Romero.

Tras la renuncia de Carmen Alborch a pelear por encabezar la lista, el ex ministro tendrá vía libre. Recibirá el 65% de los votos para enfrentarse a Zaplana. Sin embargo, la victoria del PP, desatará de nuevo las guerras intestinas nunca aplacadas en el PSPV. La elección de Pla como secretario general tras un pacto entre ciscaristas y lermistas, obligará a Asunción a dimitir. Su entierro político lo firmará Joan Ignasi Pla.

Negocios con polémica

Las iniciativas empresariales de Asunción con el que fue concejal del Ayuntamiento de Valencia, dirigente de Unió Valenciana y presidente de la Fundación del Valencia C.F., Társilo Piles, siempre han estado rodeadas de polémicas. No en balde, durante la campaña electoral de las elecciones autonómicas de 1999, el PP ya aireó en boca de Esteban González Pons los negocios que mantenía el ex ministro con un empresario metido a político al que la sospecha tampoco le es ajena.

Los negocios conjuntos empezaron de la mano de Piles en el año 1998, ya que al parecer el ex edil le pidió a Asunción que entrara en su negocio de piscifactorías, Acuigroup Mare Mar. Una empresa que nunca fue del todo bien. En 2009, la sociedad dedicada a la cría de dorada y lubina, tenía deudas por un valor de 30 millones de euros. Todo, pese a que en 2008 recibió dos subvenciones del gobierno del ex president, Francisco Camps, por un montante total de casi 3 millones. De entre ellas, destacaba una de alrededor de 2 millones y medio. Era la más cuantiosa de las otorgadas.

Ante una deuda tan agobiante, el Banco de Valencia –principal prestamista de la sociedad- convirtió sus créditos en títulos y entró en la empresa haciéndose con el 68% de la firma. No obstante, Asunción había conseguido mantenerse en la dirección de la mercantil. Y con la entrada del BdV, había evitado responder con su patrimonio ante los préstamos.

La jugada se interpretó como un favor del Consell de Camps. ¿La razón? En 2010, Asunción decidió volver a pelar por ser candidato socialista. Defendía –al contrario que el entonces líder del PSPV-PSOE, Jorge Alarte- que había que aflojar la presión con el caso Gürtel. Pero, el recuento de avales, no le permitió luchar contra Alarte. ¿Su reacción? Acusar de “pucherazo” y de “juego sucio” a la dirección socialista.

El episodio acabó con su expulsión del partido. También, con acusaciones a Asunción desde del PSPV-PSOE de querer desgastar la formación en beneficio del PP. Así, se relacionaba las subvenciones y la operación del Banco de Valencia con esta estrategia. Incluso, se deslizó su amistad con el ahora encarcelado y ex conseller Rafael Blasco. Asunción contestó entonces: “Es buen amigo mío”.

Sus desavenencias con su partido de siempre, le hicieron abrazar los nuevos postulados que intentaba expandir el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, por España. Tanto fue así, que fue uno de los protagonistas de la presentación del partido naranja en Valencia. Su implicación fue tal, que sonó como posible candidato de los de Rivera en tierras valencianas. Mientras, Asunción también gozaba de otros negocios: asesoró al gobierno peruano en la construcción de prisiones y había sido consejero de la promotora gallega Construcciones San José S.A. entre 2009 y 2012.

Desaparecido durante un tiempo de la escena pública, aquella operación con el Banco de Valencia ha vuelto a sacarlo a la palestra mediática. Se le imputan los delitos de apropiación indebida y administración fraudulenta. Unos hechos que se relacionan con la posible “sobrevaloración de las existencias” –principal partida del balance de la empresa- que detectó Garrigues en su informe a petición de la firma con la que entró el BdV en el accionariado. El informe fue encargado al observar aspectos sorprendentes en la contabilidad de la sociedad.

Pero, no contentos con ese estudio, se pidió otro a la consultora Deloitte. En él, se concluía que había un desfase en las existencias de entre 25 y 30 millones de euros. Un informe al que se opuso Asunción, quién se querelló contra la auditora alegando una intromisión ilegítima en su identidad por revisar correos electrónicos de su ordenador, así como el contenido de este. La polémica parece que vuelve a rodear al político que ahora siente apego por Ciudadanos.

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