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Cañizares, de advertir del riesgo de los refugiados y cargar contra la ideología de género a número dos de la Iglesia española

El cardenal arzobispo de Valencia se ha asentado como un potente y mediático altavoz de la fe católica más conservadora

Rita Barberá, junto al cardenal Antonio Cañizares, durante una 'mascletà' de fallas

Rita Barberá, junto al cardenal Antonio Cañizares, durante una 'mascletà' de fallas

El cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, retoma el cargo de vicepresidente de la Conferencia Episcopal Española (CCE) que ya ostentó de 2005 a 2008 asentado como un potente y mediático altavoz de la doctrina de la fe católica más conservadora, lo que le ha valido numerosas polémicas.

Su defensa, bien en homilías o en conferencias, de los valores eclesiásticos y sus alertas, sobre todo, acerca de los peligros sociales y morales que a su juicio conllevan la ideología de género, el aborto, el "imperio gay", los nacionalismos o algunos refugiados han marcado su reciente y controvertido mandato eclesiástico.

Antonio Cañizares Llovera, nacido en Utiel (Valencia) hace 71 años, es sacerdote desde 1970 y fue nombrado en 1992 obispo de Ávila, tres años antes de que entrara a formar parte de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

En 1996 pasó a ser arzobispo de Granada y en 2002, titular del Arzobispado de Toledo. Un año más tarde, Juan Pablo II le impuso el palio arzobispal en Roma.

Después de que en 1999 fuera elegido presidente de la Comisión de Enseñanza y Catequesis de la CCE, en 2005 accedió a la vicepresidencia de este órgano y un año más tarde fue creado cardenal en el primer consistorio convocado por Benedicto XVI.

Miembro de la Real Academia de la Historia desde 2008, ese año fue sustituido como vicepresidente de la CEE por Ricardo Blázquez, obispo de Bilbao y que hoy ha renovado el cargo de presidente, y nombrado por el papa como prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos.

Desde 2010 integra la Congregación para la Causa de los Santos y en 2013 fue uno de los cinco cardenales españoles en el cónclave para la elección del nuevo papa. Precisamente Francisco le nombró, en 2014, enviado especial del Vaticano a Panamá para clausurar el quinto Centenario de la primera diócesis en tierra firme.

El actual papa le nombró también ese año arzobispo de Valencia en sustitución de Carlos Osoro, designado arzobispo de Madrid y a quien hoy se ha impuesto en la votación para renovar la cúpula de la Conferencia Episcopal, solo superado por Blázquez.

Protagonista de numerosas polémicas

Desde su llegada a Valencia, Cañizares ha protagonizado varias polémicas a cuenta de sus opiniones públicas, tanto sobre asuntos de actualidad como sobre la doctrina de la fe católica.

Por ellas ha tenido, en ocasiones, que matizar sus palabras aunque sin dejar de defender los valores de la Iglesia, algo que también le ha reportado apoyos no solo de la propia Conferencia Episcopal, sino también civiles y políticos.

En una conferencia de octubre de 2015 se preguntó si en "esta invasión de inmigrantes" y refugiados que a su juicio registra Europa "es todo trigo limpio" y añadió: "¿Cómo quedará Europa dentro de unos años, con la que viene ahora? No se puede jugar con la historia ni con la identidad de los pueblos".

Según dijo, los gestos de acogimiento a estas personas "pueden quedar muy bien hoy" pero estas son "realmente el caballo de Troya en las sociedades europeas", unas palabras que generaron numerosas reacciones de condena e incluso denuncias formales por incitar al odio.

Dos días después, en medio de la polémica general, pidió perdón a los refugiados aunque dijo ser víctima de un "linchamiento" por haberse "manipulado" sus declaraciones, y ese mismo día sufrió heridas leves en un accidente de tráfico.

En una homilía de mayo del año pasado atacó la "escalada" contra la "familia cristiana" de "dirigentes políticos, el 'imperio gay' y ciertas ideologías feministas", lo que le valió un nuevo aluvión de críticas.

Pocos días después, en la misa del Corpus, llamó a desobedecer leyes "injustas" basadas a su juicio en "la ideología más insidiosa y destructora de la humanidad de toda la historia, que es la ideología de género".

El pasado verano protagonizó una misa en desagravio de la Virgen, al entender que se le había "profanado" con un cartel de una organización juvenil que mostraba a las patronas valenciana y catalana besándose.

En 2008, Francisco Camps le concedió la Gran Cruz de la Orden de Jaume I de la Generalitat y el pasado noviembre presidió la misa en la Catedral en memoria de Rita Barberá, con quien se sentía muy unido. "Aprendemos día a día de doña Rita a amar sin límites, a acoger a todos sin excluir a nadie", dijo en aquella homilía.

Son también habituales sus defensas de la unidad de España y de la enseñanza de la Religión católica, así como sus pastorales antes de cada cita electoral. En 2015 propuso vender patrimonio de la Iglesia para atender mejor a los pobres.

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