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ENTREVISTA

"Rus es un pasado que no debe volver a repetirse"

El socialista Jorge Rodríguez asegura que tras 100 días de la 'nueva' Diputación se ha conseguido que los valencianos "dejen de avergonzarse" de la institución

El presidente de la Diputación de Valencia, Jorge Rodríguez

El presidente de la Diputación de Valencia, Jorge Rodríguez

Se cumplen cien días desde que el alcalde de Ontinyent, el socialista Jorge Rodríguez (1979), tomó el relevo del popular Alfonso Rus (caído en desgracia tras hacerse público el escándalo de Imelsa, conocido popularmente como Dipugate) al frente de la Diputación de Valencia, unos días en los que asegura Rodríguez han conseguido que los valencianos "dejen de avergonzarse de la institución".

¿Qué balance realiza de estos primeros cien días?

Lo primero que tengo que hacer es un balance positivo, en el sentido que hemos trabajado duro para tratar de dar nuevos aires a una Diputación que desgraciadamente desde hace tiempo venía siendo noticia por cosas negativas. Nunca hubiera pensado que en tan poco tiempo y con tantos obstáculos podríamos traer este nuevo aire a la institución, no solo con objetivos sino también con hechos. No obstante, cien días dan para lo que dan.

Y las metas que se marcaron para este comienzo...

El primer objetivo que nos marcamos fue la transparencia, ver qué había y qué no había y colaborar al máximo con la justicia. No hemos tenido la suerte de encontrar a la Diputación en su mejor momento. El segundo objetivo era construir una nueva Diputación que no partiera de arriba hacia abajo sino al revés. Visitar todas y cada una de las comarcas y escuchar a los alcaldes para saber cuáles son sus necesidades y qué esperan de la Diputación. Y había un tercer objetivo, que es respetar al máximo la autonomía local, pensar que los Ayuntamientos son mayores de edad y deben ser las instituciones locales las que decidan donde deben ir las inversiones.

La reputación de la Diputación de Valencia estaba muy deteriorada, ¿es complicado lavar esa imagen?

El camino es largo y 20 años de clientelismo no se deshacen en 100 días, pero lo que está claro es que esta Diputación ha dejado de ser noticia por casos extraños, y cuando lo ha sido es por cuestiones como destinar 72 millones de euros a crear puestos de trabajo. Para nosotros no ha sido plato de buen gusto recibir la herencia que hemos recibido, pero hemos conseguido que los ciudadanos dejen de avergonzarse de la Diputación haciéndola transparente.

Y para marcar claramente las distancias con el pasado, ustedes hablan de la "nueva" Diputación

Estamos ante un nuevo tiempo, con una nueva forma de hacer y un nuevo estilo. Sin duda ya podemos decir que la 'nueva' Diputación es la buena, la que escucha a los alcaldes -queremos tratar a los ayuntamientos como iguales- y a los colectivos, como Escola Valenciana o las asociaciones feministas, que han estado marginados.

¿Qué piensa de Alfonso Rus?

Pienso en pasado, en un pasado que no debe volver a repetirse. La justicia dirá lo que tenga que decir.

¿Y de Imelsa?

Pese a ser una muy buena herramienta para la promoción económica municipal -nació con una filosofía muy positiva- la han pervertido al máximo. Es un ejemplo de mal hacer. Y seguro que todavía queda mucho por descubrir y muchas alfombras que levantar.

¿Y el futuro de la empresa?

No sé si se podrá limpiar su imagen. Es necesaria una herramienta como Imelsa, que permita desarrollar políticas de promoción económica desde la Diputación, pero no necesariamente tiene por qué ser Imelsa la que se encargue de esas funciones en el futuro. La puerta está abierta, porque lo que no queremos es tener un Canal 9 dos, tenemos que tener absoluta seguridad jurídica.

Por último, la Diputación ha pasado de tener un gobierno presidencialista a otro multicolor, ¿cómo se gestiona?

Para mí es una experiencia muy positiva, ya que yo vengo de un gobierno -en Ontinyent- con el PSPV, Compromís y Esquerra Unida, y se gestiona desde el diálogo. Estamos en un punto en el que lo que debería ser ordinario se convierte en extraordinario, y lo normal en la vida es hablar y llegar a acuerdos. Aquí no hay un poder absoluto, sino la capacidad de llegar a acuerdos y de entender que lo importante no es de dónde vienen las ideas, sino el fondo de esas ideas.

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