eldiario.es

9

ENTREVISTA

Bianka Gabriela Rodríguez, activista trans: “La discriminación que sufrimos en El Salvador también la he sufrido en España”

La presidenta de la ONG Comcavis Trans participa en las jornadas ‘Diálogos de Mujeres por la Paz' en Casa Mediterráneo, en Alicante

Sobre la llegada el pasado domingo de Nayib Bukele a la presidencia de El Salvador, no lo considera “ni un avance ni un retroceso” para el colectivo LGTBI: “más bien estamos a la expectativa”

Denuncia el asesinato de más de 700 personas trans desde 1993 hasta 2008, la mayoría de los crímenes sin resolver debido a que “las instituciones judiciales aún están plagadas de transfobia”

La violencia, que considera “estructural” contra el colectivo, ha llevado a la anterior presidenta de la ONG Karla Avelar a huir del país y ella estuvo a punto de pagar con la vida su activismo a manos de un pandillero

Bianka Gabriela Rodríguez

Bianka Gabriela Rodríguez

A los seis años, Bianka Gabriela Rodríguez empezó a ser consciente de que su cuerpo de niño no era el que ella sentía. Coincidió con el fallecimiento de su padre y desde entonces sufrió “todo tipo de violencia” por parte de una madre que no la aceptaba como mujer. “Le dijo a toda la clase que era una aberración”, señala. A los 15 marchó de casa pero la violencia la ha perseguido hasta los 25 que tiene ahora. Presidenta de la ONG Comcavis Trans en sustitución de la también activista Karla Avelar, asilada en Irlanda tras peligrar su vida por unos pandilleros que también han intentado matar a Rodrigúez, ha pasado estos días por las jornadas ‘Diálogos de Mujeres por la Paz en el Mediterráneo’ organizado por la Conselleria de Transparencia y que se ha celebrado en Casa Mediterráneo (Alicante).

El pasado domingo Nayib Bukele ganó las presidenciales en El Salvador. ¿Supone un avance para los derechos LGTBI?

No se considera ni un avance ni un retroceso, más bien estamos a la expectativa ante la toma de gobierno y de las acciones que adoptará para la cuestión LGBTI. Esperamos que las acciones afirmativas que se tienen no desaparezcan y a su vez se avance en el tema de reconocimiento de nuestros derechos. Ya ha dicho que reconoce que las personas LGBTI sufren discriminación y violencia y que se debe fortalecer los derechos de la población, pero descartó que esté a favor por ejemplo del matrimonio igualitario.

Hablando de violencia, usted pudo morir por un pandillero y aun así ha seguido siendo una de las activistas más destacadas del colectivo.

Sí. En 2016, sufrí privación de libertad por parte de un pandillero que intentó asesinarme. Me retuvo dos horas en un municipio muy violento y me dijo que me iba a matar porque yo defendía los derechos de los culeros, que es un término peyorativo para referirse al colectivo LGTBI. Pero al final logré salir con vida. Puse la correspondiente denuncia pero hasta la fecha no ha habido ninguna resolución por parte de la investigación.

Estos hechos ocurrieron poco después de que entrara en la asociación Comcavis Trans (Comunicación y Capacitación a Mujeres Trans). Lo hizo en marzo de 2015 de la mano de Karla Avelar, la primera mujer trans en El Salvador que hizo pública esta condición y a quien ha tenido que sustituir en la dirección en 2017 tras dos intentos de asesinato y varias amenazas de muerte. Su compañera tuvo que huir a Suiza y ahora está en Irlanda

¿Hablamos de violencia estructural contra ustedes?

Sí, violencia por parte de las pandillas y del propio estado unido a la impunidad y la falta de acceso a la justicia, lo que ha provocado que muchas mujeres trans tengan que huir a otro país para solicitar la protección internacional ya que no existe en El Salvador ningún mecanismo de protección.

De hecho, esta ONG está enfocada en la ayuda al colectivo LGTBI de personas “mayores” que superan la esperanza de vida de los 33 años, que es la media, asegura. Desde diciembre de 2015 a diciembre de 2018 ha habido más de 40 muertes por transfobia y homofobia, “porque también ha habido hombres gays asesinados”, según los datos del observatorio de muertes violentas.

¿Se hace justicia?

No. Todas han quedado en total impunidad. Y todo pese a que se reformó en 2015 el Código Penal para incrementar las penas por crímenes de odio hasta en 50 años. Pero recuerdo que desde 1993 hasta 2018 hay más de 700 casos. Las instituciones judiciales aún están plagadas de transfobia. Siendo los tribunales los que dictan sentencia no reconocen a las mujeres trans como mujeres sino como hombres vestidos de mujer.

¿Ha habido avances en la ley de Identidad de Género que vienen reclamando?

Actualmente este anteproyecto de ley no ha sido discutido por la Asamblea Legislativa desde que solicitamos su debate en marzo de 2018 pese a contar con las recomendaciones del pacto internacional de Derechos Civiles, las recomendaciones de la Corte Interamericana y la reciente opinión consultiva número 24 de la Corte Interamericana.

¿Cómo les afecta este vacío legal?

Yo actualmente tengo un pasaporte con una foto femenina pero un nombre masculino, vulnerando mi derecho a la identidad, a tener un nombre que me identifique. Esto me expone a violencia institucional porque los funcionarios de migración se burlan de mi cuando ven que mi nombre es masculino.

¿Es algo frecuente?

Sí, incluso en España. Cuando entré a Madrid en la conexión que hice con el vuelo a Alicante tuve que pasar nuevamente por el arco de seguridad. Me pidieron el pasaporte y no podían creer que era una mujer con nombre de hombre. Se empezaron a reír y una de las funcionarias le dijo a otros dos: ‘A ver qué hacemos, ella no es una mujer, es un hombre’.

¿Estamos en retroceso en los derechos LGTBI por la irrupción de Bolsonaro o las políticas de Trump?

Hay países en los que ha habido avances pero en otros retrocesos como en EEUU con la eliminación del acceso de las personas transexuales al ejército. En Costa Rica, Uruguay y Argentina, en cambio, ha habido avances. También en El Salvador ha habido avances en materia de políticas públicas que no son ley, sino políticas de atención en las instituciones que al final dependen del funcionario de turno y no de un marco legal general.

En la conversación mantenida con esta joven, el optimismo siempre parece sobresalir pese a que reconoce que la batalla que ha emprendido en un contexto como El Salvador le puede costar la vida. A la pregunta de si ha pensado tirar la toalla responde con un lacónico y contundente “no, para nada”. Y concluye:

“Tengo 25 años y me aproximo a la esperanza de vida de 33 años. Sigo luchando por los derechos LGBTBI y mientras tenga vida lo seguiré haciendo para las nuevas generaciones que están por venir, aunque yo ya no esté”.

Muy Bien, has hecho Like

¿Qué tipo de error has visto?
¿La sugerencia que quieres realizar no está entre estas opciones? Puedes realizar otro tipo de consultas en eldiario.es responde.
Error ortográfico o gramatical Dato erróneo

¡Muchas gracias por tu ayuda!
El equipo de redacción de eldiario.es revisará el texto teniendo en cuenta tu reporte.

Comentar

Enviar comentario

Comentar

Comentarios

Ordenar por: Relevancia | Fecha