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Carlos Hernández: "Hubo más de 40 campos de concentración franquistas en tierras valencianas"

Placa que recuerda el campo de concentración de Albatera.

"Nueve mil personas de origen español fueron deportadas a campos de concentración nazis".

Los últimos españoles de Mauthausen, Carlos Hernández.

 "En España hubo trescientos campos de concentración franquistas".

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El adiós a Neus Català, una vida centenaria de lucha antifascista

Neus Català.

"La història l'han escrit els franquistes. Encara hem d'escriure la història del poble espanyol"

Neus Català

La víspera del aniversario del advenimiento de la Segunda República ha exhalado su último aliento de vida una de esas mujeres cuyo nombre no debería borrarse jamás de la historia: Neus Català. Se ha marchado con 103 años, habiendo cumplido con creces con el sentido que marcó toda su existencia, aquel que Manuel Vázquez Montalban bautizó como el de "la Razón Democrática".

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Lucas Marco: "La Gestapo instruyó y organizó a la Brigada Político Social"

El periodista Lucas Marco

El libro comienza con una advertencia de un policía veterano: "Hay un pacto de silencio en Jefatura sobre este tema, nadie va a hablar". A pesar de que la policía no haya metabolizado aún su pasado más oscuro, el periodista Lucas Marco ha conseguido la información necesaria para esbozar una imagen fiel del comportamiento y razón de ser de uno de los brazos armados más temibles del régimen franquista: la Brigada Político Social. Recogiendo los hilos de diferentes historias ha tejido el tapiz de lo que fue este cuerpo policial dedicado a la represión política.

Su libro sale publicado precisamente cuando la BPS vuelve a estar de actualidad, tras la querella que investiga el Juzgado de Instrucción número 1 de Valencia en la que detenidos antifranquistas denunciaron, entre otros, al comisario Benjamín Solsona, conocido como Billy el niño valenciano.

Los 18 capítulos de esta crónica incluyen títulos tan sugerentes como "La huella de la Gestapo", "El escrache a la BPS de València", "Palomares sale más bajito de comisaría" o "Angelina Gatell: cenizas en los labios". Porque ésta no es únicamente una crónica de lo que fue la Brigada, sino también de quiénes fueron sus principales objetivos: la militancia antifranquista organizada, sobre todo, en el Partido Comunista y en Comisiones Obreras. No es éste un trabajo surgido de un historiador inspirado en el positivismo de las fechas y los datos, sino una rigurosa investigación propia de quien lleva muchos años en el oficio de periodista. Es por ello que, no sólo su escritura rebosa fluidez, sino que sabe cómo enganchar al lector. Selecciona los elementos más interesantes de cada historia y, valiéndose de su intuición, profundiza en las historias de vida de personajes secundarios valiosísimas desde la perspectiva de lo humano.

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"Es de los pocos casos de torturas del franquismo que podemos demostrar con tanta fuerza documental"

Miembros de la plataforma valenciana en el acto de presentación de la querella

Esta es la historia de un grupo de militantes comunistas, estudiantes de la universidad de Valencia, que fueron detenidos, entre la madrugada del 23 de abril de 1971 y la mañana del día siguiente, posteriormente, aislados y maltratados durante 18 días por la policía franquista. A pesar de que sus torturadores intentaron que sus hematomas y heridas cicatrizaran para que no quedaran pruebas del delito, estos estudiantes antifranquistas una vez que fueron puestos a disposición judicial se atrevieron a denunciarles. 48 años después están más cerca que nunca de que por fin se haga justicia.

Tal y como adelantaba eldiariocv el pasado martes, el Juzgado de Instrucción número 1 de Valencia, ha admitido a trámite -en un auto fechado el pasado 28 de diciembre- una querella criminal por un delito de torturas cometido en 1971 por diversos policías adscritos a la Brigada Político Social, entre quienes se encuentran, Jacinto López Acosta,  Benjamín Solsona (el conocido como "Billy el Niño valenciano") y Manuel Ballesteros. Para los querellantes este hecho ha supuesto "un sueño hecho realidad", dado que es la primera vez que un juzgado del Estado español inicia diligencias previas ante una denuncia por torturas durante el franquismo.

Se trata de una de las querellas individuales, en concreto la firmada por Manuel Tello, que fueron presentadas en diferentes juzgados de instrucción hace apenas unos meses a través de la Plataforma de Apoyo a la Querella Argentina de Valencia. De hecho, Ofelia Vila, una de sus integrantes nos anuncia que "en febrero se presentarán nuevas denuncias contra torturadores franquistas".

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"Para Ramón J. Sender mi presencia y la de mi hermana fue muy difícil. Se sentía culpable de la muerte de mi madre, Amparo Barayón"

Ramón Sender, con un cuadro de su padre, Ramón J. Sender, al fondo.

Traducción del inglés de Lara Hidalgo

"Soy hijo de Ramón J. Sender y de Amparo Barayón de Sender, quien fue encarcelada en Zamora y asesinada por los fascistas en noviembre de 1936. Estoy en medio de escribir un libro conmemorativo acerca de mi madre, y quisiera invitar a alguien que la conociese, sea de niña o de adulta, para enviarme sus recuerdos. También me interesa recibir cartas de alguien que conoció a mi padre durante los años 1936 a 1939, en España y en Francia.

Mi hermana y yo fuimos adoptados por una familia norteamericana en 1939, y nos criamos aquí en un ambiente anglo sin saber nada de la verdadera historia de nuestra madre. La muerte de Franco me facilita ahora preguntar a los lectores información acerca de la muerte de mi madre y también queremos saber acerca de la vida de nuestro padre. Él, por razones personales, no está dispuesto a hablar acerca de esto con nosotros y no queremos causarle, más daño de lo que ya ha sufrido. No queremos que él recuerde los tristes acontecimientos que prefiere olvidar. Pero, como él dice en su libro Ariadna, "la imaginación no puede sustituir la sencilla elocuencia de la verdad".

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"Sigue habiendo muchos 'Billy, el Niño' sueltos"

Julia Hidalgo, una luchadora antifranquista víctima de "Billy el Niño".

Dedicada a todas las resistentes y luchadoras antifranquistas cuyas historias siguen invisibilizadas o ensombrecidas.

El pasado miércoles 30 de mayo, Pablo Iglesias, -en calidad de portavoz del grupo parlamentario Unidos Podemos- preguntó en sede parlamentaria al ministro de Interior acerca de la posibilidad de que el Gobierno retirara la condecoración concedida en 1977 por Martín Villa al inspector de la Brigada Político Social Antonio González Pacheco, más conocido como "Billy, el Niño". En la tribuna de invitados se encontraban casi una decena de víctimas de este torturador franquista que asistieron para conocer in situ la respuesta del ministro. Dado que la justicia nunca ha permitido sentar en un tribunal a este hombre, era de esperar un gesto simbólico por parte del ejecutivo que aliviara la rabia y la impotencia de quienes sufrieron el célebre comportamiento sádico del que se cuenta que este inspector hacía gala durante los tiempos de la dictadura y que le valió el sobrenombre del famoso pistolero del siglo XIX. Sin embargo, la respuesta de Zoido fue tajante y unívoca: Antonio González Pacheco merecía la condecoración ya que no existía sentencia judicial contra él. Lo que conscientemente omitió el ministro es que si no existe condena contra Billy el Niño, así como no existe contra Conesa, ni contra Martín Villa, ni ningún otro, es porque la interpretación que los tribunales han emitido sobre la Ley de Amnistía ha imposibilitado que en España se juzguen los crímenes del franquismo, a pesar de su imprescriptibilidad dada su condición de crímenes contra la Humanidad.

Julia Hidalgo Argüeso, nuestra entrevistada, siguió la sesión de control al Gobierno desde su casa en Sanlúcar a través de la pantalla del ordenador. Es una de las centenares de personas que sufrieron el sadismo de Pacheco durante los interminables interrogatorios que tenían lugar en la Puerta del Sol cuando ésta albergaba a la terrible Dirección General de Seguridad del franquismo. El mismo edificio desde una de cuyas ventanas fue arrojado el torturado cuerpo de Julián Grimau.

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El País Valenciano sale a buscar a sus muertos

Miquel Mezquida (d) junto al médico forense de Paterna

"Me llamo Cristina y he salido a buscar a mis muertos. Caminando. Buscar a mis muertos para no matarme yo. ¿Para vivir? No estoy segura". Cristina Fallarás, "Honrarás a tu padre y a tu madre"

El País Valenciano sale a buscar a sus muertos. Ocurre después de décadas en las que el Partido Popular emprendiera una cruzada contra la aplicación de la Ley de Memoria Histórica. Y para muestra, un botón: estos dos titulares de prensa -de 2007 y 2014, respectivamente- representan fielmente lo que significó este periodo para las víctimas del franquismo a lo largo y ancho del territorio valenciano: "Huesos de una fosa de la guerra civil de Valencia acaban en una cantera de Sagunto"y "Rita Barberá pide 45.000 euros a la familia de una víctima del franquismo para recuperar sus huesos".

Sin embargo, el cambio político propiciado por las urnas en 2015, ha traído consigo la puesta en valor de la Memoria Democrática como uno de los ejes de trabajo de las principales instituciones valencianas. En el caso de la Diputación de València, el gobierno cuatripartito -PSPV, Compromís, Valencia En Comú y EUPV- ha creado una competencia ex professo para ello que fue asumida por la diputada Rosa Pérez Garijo (EU). A través de ella se han llevado a cabo diversas exhumaciones de fosas comunes del franquismo. En el caso de la Generalitat Valenciana, ha sido la Consellería de Justicia -gestionada por Gabriela Bravo (PSPV)-, quien asumió las competencias en materia de memoria, llegando a aprobar hace apenas unos meses, en les Corts, la denominada Ley de memoria democrática y para la convivencia de la Comunitat Valenciana.

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Bebés robados: "Su hija se ha muerto heladita de frío"

Licencia de enterramiento de la hermana de María José, en la que figura el nombre del padre, que nunca pudo ver el cadáver, en lugar del médico que debía certificar el fallecimiento.

Nuestra historia comienza en marzo de 1962 en un hospital, el General de Alicante, entonces conocido popularmente como La Residencia. Francisca Robles se encuentra sola en una fría habitación de hospital. Cuenta con tan sólo 27 años de edad y acaba de dar a luz a dos niñas, mellizas. Seguramente idénticas. Desde que las parió ha pasado el tiempo dormida, aturdida, y apenas se despierta para amamantarlas.

Unas 40 horas después, a eso de las cuatro de la mañana, una monja, que hace las veces de enfermera, la despierta desde el umbral de la puerta y le dice que una de sus hijas ha fallecido. Las palabras con las que se lo anunció quedarán grabadas para siempre en su mente: "Su hija se ha muerto heladita de frío". En La Residencia, los recién nacidos eran cuidados en una sala llamada "nido", apartada y desconocida para los padres, en la que, al parecer, debido a extremas condiciones climáticas, falleció la niña de los Picó un 30 de marzo de 1962.

Francisca siempre recordará extrañada que no vivió la noticia con el dramatismo que la situación requería sino como inmersa en un profundo sueño, de tal forma que a la mañana siguiente rememoraba la escena más como el fruto de una alucinación que como un recuerdo tangible. De hecho, durante su estancia en el hospital caería alguna que otra vez desmayada al suelo desde la propia cama. Tiempo después entendió que seguramente la habían estado sedando desde el principio.

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Inés Madrigal, niña robada: "Según la documentación, mi madre adoptiva me parió"

Una manifestación convocada por la Asociación Sos Bebés Robados en la Puerta del Sol en Madrid

29 cadenas perpetuas y 19 penas de prisión de entre 8 y 25 años para los responsables de los conocidos vuelos de la muerte que lanzaron al mar a más de 4.000 personas durante los terribles años de la dictadura argentina (1976-1983). El 29 de noviembre finalizaba con este resultado el histórico juicio que ha probado por primera vez la existencia de un plan sistemático de exterminio llevado a cabo hace 40 años por la ESMA, acrónimo de la Escuela de Mecánica de la Armada. Argentina en 2003 posibilitó legislativamente la investigación y persecución judicial de los crímenes de lesa humanidad perpetrados durante la dictadura a través de la anulación por parte del Senado de la conocida como Ley de Obediencia Debida y de Punto Final, que había sido dictada en 1987 y establecía que los delitos cometidos por los miembros de las Fuerzas Armadas no eran punibles.

La vulneración sistemática de los derechos humanos en Argentina se produjo de múltiples formas, siendo la más tristemente conocida la del robo sistemático de bebés, dado a conocer mundialmente a través de la incansable lucha de las Abuelas de la Plaza de Mayo, que desde 1977 continúan uniendo familias con sus descendientes secuestrados. En el transcurso de la escritura de este artículo, las Abuelas han recuperado a la nieta número 126.

Por el delito de secuestro de bebés fue condenado en 2012 el propio dictador, Jorge Videla, a la pena de 50 años de cárcel junto a otros militares. No llegaría a cumplir la condena completa ya que murió un año después en prisión, donde entró en 2008 tras las primeras sentencias por sus múltiples crímenes.

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