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Seis grandes de la escena valenciana que hicieron del teatro un altavoz de la libertad

La fundación AISGE presenta las autobiografías de seis artistas valencianos que aparecieron en infinidad de ocasiones en carteleras cinematográficas, teatrales, títulos de crédito de programas de televisión

La Memoria de la Escena Española es una taller de escritura que la fundación AISGE puso en marcha en 2007 para recuperar los testimonios de los actores y las actrices

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Paco Sanchis, durante la lectura de un fragmento de su autobiografía, en Sala Russafa.

Paco Sanchis, durante la lectura de un fragmento de su autobiografía, en Sala Russafa. Jaume Albert (Aisge)

Quizás para un actor lo más difícil sea interpretarse a uno mismo. Abrir el cajón de las historias más íntimas y compartirlas sin caretas, sin disfraces, sin maquillaje. Seis grandes de la escena valenciana presentaron sus autobiografías el pasado lunes 22 de octubre en Sala Russafa en una noche en la que se recordaron anécdotas que ahora se podrán leer en los seis libros editados por Memoria de la Escena Española, publicada por la Fundación AISGE (Artistas, Intérpretes, Sociedad de Gestión).

Los valencianos Antonio Campos, Piero Falla, Gabriel Fariza, Isabel Requena, Paco Sanchez y José Soler se volvieron a subir al escenario en una nueva edición de El Taller de la Memoria -que no se repetía en València desde 2009-, pero esta vez para interpretar su propia historia. La Memoria de la Escena Española es una taller de escritura que la fundación AISGE puso en marcha en 2007 para recuperar los testimonios de los actores y las actrices y elaborar sus autobiografías. En ellas dejan testimonios escritos sobre qué pasó en los escenarios, sets de rodaje y primeras emsiones televisivas durante el siglo XX.

Todos los actores y actrices que participaron en el taller aparecieron en infinidad de ocasiones en carteleras cinematográficas, teatrales, títulos de crédito de programas de televisión, se subieron a destacados escenarios valencianos y españoles e hicieron del teatro independiente un altavoz de las libertades en un contexto social e histórico que poco a poco iba renaciendo de las cenizas.

En las autobiografías no se narran únicamente experiencias personales, también se cuenta la historia del teatro valenciano a través de anécdotas que no se veían cuando subían encima del escenario. Muchos tuvieron que hacer frente a la precariedad laboral -que continúa siendo un obstáculo hoy en día-, se vieron obligados a emigrar para buscar nuevas oportunidades o lidiaron con quienes no pensaban como ellos.

Piero Falla fue el primero en empezar a leer fragmentos de su libro frente al público de Sala Russafa. Recordó los malabarismos que tenían que hacer para conseguir sacar adelante las obra. “No teníamos dinero para invertir en montaje y mis compañeros y yo pensamos inocentemente que el Ministerio de Cultura nos daría una subvención”, leyó de su propia autobiografia el actor. Después de entrar con el guión de una obra en un despacho del Ministerio de Cultura en Madrid, ojearon el texto y les echaron “muy finamente del despacho, pero casi a empujones”. Se trataba de la obra Soñando bajo la lluvia con un paraguas roto -que crearon en una sola noche- y que poco después conseguirían llenar el Teatro Martí de Madrid.

De uno en uno fueron contando episodios de sus vidas. Paco Sanchis recordó cómo Berlanga le dijo una noche que su físico “encajaba mejor con el cine américano” que con el suyo. Antonio Campos contó que un día, al subir al escenario interpretando a Sara Montiel, le gritaron “es un tío, es un tío”. “Se creían que era Sara Montiel y era un camionero de Bétera”, leyó Campos. El legendario miembro del grupo Los Goliardos, Gabriel Fariza, deja constancia en su autobigrafía que no tenía “miedo a nada”. O José Soler, quien contó que “la censura era el gran dolor de cabeza de aquella época”, pero que encontraron “la forma de esquivarla”.

Isabel Requena, la única autora mujer de esta edición, compartió uno de los relatos más intensos de la noche. “No quiero volver a tener el cuerpo desnudo y tieso entre dos hombres desnudos que no duermen, ni a tener miedo de los grises. No quiero volver nunca a ver la pena de Pepa cuando en unos urinarios públicos me dice que se iba a Touluse a abortar, a ella, que deseaba tanto tener un hijo”, leyó la actriz.

Todos con sus propias anécdotas forman parte de una generación que, según la actriz y directora Amparo Climent, “creyó que se podía cambiar el mundo y lucharon por crear fórmulas para hacerlo fuera del teatro comercial”. “De forma generosa nos han abiertos sus vidas, su corazón, nos han entregado sus íntimos deseos. Son libros sin resentimiento incluso los que han pasado por momentos duros, pero que forman parte de la historia”, dijo para clausurar la noche Climent.

Margot: el maquillaje son mis personajes, de Antonio Campos

Antonio Campos, un hombre de extracción humilde, nacido en 1948 en la localidad valenciana de Bétera, tuvo el arrojo juvenil para enfrentarse a una sociedad que rechazaba y reprimía las expresiones homosexuales y, lo más importante, salir triunfador del envite. En aquella España oscura, que comenzaba a salir de la dictadura y caminaba titubeante por la estrenada democracia, se atrevió a dar un paso adelante y convertirse en el que quizás haya sido el representante más importante del transformismo en la Comunidad Valenciana y uno de los grandes referentes en España. Conocido por sus interpretaciones de Sara Montiel –quien lo admiraba-, supo crear un personaje ocurrente, fascinante, desvergonzado, deslenguado y divertido que triunfó en la noche: La Margot. En sus memorias recorre sin resentimiento una carrera que lo acercó al cine, al teatro (actuó para Bigas Luna), a la televisión y, sobre todo, a numerosas salas de fiesta hoy desaparecidas y seguramente olvidadas por todos: La Cetra, La Cabaña, Victor´s, Lupin, Saint-Tropez, El Jardín, El Bataclán, La Bohème, La Belle Époque, Claca, Canal, La Rambleta…

Piero Falla y su Diario de un actor

A lo largo de sus 43 años de actor profesional, Piero Falla ha pisado muchos escenarios. En teatro ha abarcado desde el drama y la tragedia a la comedia y el teatro social y de compromiso, interpretando a Lorca, Miguel Hernández, Dario Fo, Bertolt Brecht o Valle-Inclán; en cine ha trabajado con Luis G. Berlanga, Vicente Aranda, Eloy de la Iglesia o Fernando Fernán Gómez; en televisión se ha atrevido con algunas series ( La banda de Pérez) y hasta con un programa infantil, El Duende del Globo, y no lo ha hecho nada mal en la zarzuela.

Provocador, divertido, crítico, diferente y atrevido, descubrió su vocación con tan solo seis añitos. Luego, con algunos años más, tuvo la suerte de que Lola Gaos lo descubriera actuando en Valladolid y se lo llevara a Madrid, donde ha desarrollado la mayor parte de su exitosa carrera actoral. Piero Falla repasa sus hitos interpretativos, pero también recuerda la dificultad de dedicarse a la profesión de actor y cómo, en periodos de inactividad, hay que saber buscarse la vida.

Rabiosamente jóvenes, agresivamente dinámicos, de Gabriel Fariza

Detrás del disfraz del popular payaso Bombalino, como miembro del legendario grupo Los Goliardos o en compañía de Juan Margallo y Petra Martínez, Gaby Fariza se ha considerado siempre un hombre de teatro, uno de esos pequeños dioses que, como afirma, “creamos universos en los que el espectador se sumerge y se empapa”. Antes de fundar junto a su mujer y dos hijos el Teatro de Marionetas La Estrella, en el barrio valenciano de El Cabanyal, al que han acudido desde 1995 miles de niños, a este titiritero confeso ya lo hemos visto paseando sus muñecos por el Rastro o el Retiro, en Madrid, participando activamente en las primeras huelgas de actores en España o levantando espectáculos de forma entusiasta en Salamanca. Aunque se dice anárquico por naturaleza, este farandulero nacido en 1950 en Navas del Madroño (Cáceres), que a los siete años montó una especie de cine-teatro en la carbonera de un cuartel de la Guardia Civil,  ama las locuras creativas y se decanta, como proclama constantemente, por seguir siendo Rabiosamente jóvenes, agresivamente dinámicos.

Isabel Requena trabaja con Material fungible

La elegante prosa de Isabel Requena se mueve voluntariamente entre la ficción y la realidad, como si la autora quisiera que el lector dudase y no supiera si se encuentra frente al guion de un largometraje o ante una novela iniciática y no ante lo que realmente es, un libro de memorias escritas sin tapujos por una actriz que juega literariamente con los recuerdos, que mira en el corazón y también en un pasado que es una selva de senderos cambiantes. Ella ha atesorado experiencias, derrotas, desasosiegos, felicidad, dolor, risa, llanto y viaja por ese territorio que entre todos han tejido para contar que en 1976 fue protagonista de la fundación de la primera clínica de planificación familiar del Levante, que en la Cárcel Modelo de Valencia participó en el montaje de El corral de la mala suerte, de Jaime Carballo, con una compañía integrada exclusivamente por presos o que presidió durante largo tiempo la Asociación de Actores y Actrices Profesionales Valencianos, entre otras etapas de abundancia y miseria de una vida vivida con intensidad.

Paco Sanchis se declara Un actor de provincias

Paco Sanchis se declara humildemente Un actor de provincias, uno de esos intérpretes que, sin haber sido distinguidos con ningún galardón de renombre, siguen viviendo de su vocación y, sobre todo, son necesarios para cualquier proyecto artístico. En estas páginas recuerda su paso por París en los estertores del franquismo, su infructuosa estancia en Madrid a principio de los 70, sus estudios de Arte Dramático en El Micalet o sus inicios con Teatro Talía, pero también se detiene en su brillante trayectoria como presentador televisivo ( Elles y Ells, Cita a las dos, Cap de setmana, La noche del cometa…), en sus intervenciones cinematográficas junto a Paul Naschy o en títulos como El rey del mambo y Un negro con un saxo, en su presencia en distintas series televisivas o en su faceta de doblador en Estudis Tabalet o de emprendedor en Radio Manises. Al final de su carrera, da gracias por la posibilidad de hacer realidad el sueño de ser actor, de ser “ese envoltorio de todos los sentimientos que puede experimentar el ser humano”.

Al galope, Garicope con José Soler

Las memorias de José Soler, nacido hace 70 años en el barrio de El Carmen, son también las del teatro y el cine valencianos, pues su vida, sus recuerdos y sus anécdotas se entrelazan con las de estas dos artes a las que se volcado con pasión durante décadas. Como si fuera un temerario, parece burlarse de la muerte desde el mismo título, pues, según insiste en las páginas de Al galope, Garicope (o un actor que muere una y otra vez), la ha sorteado en varias ocasiones en la ficción, pero también en la realidad. Aunque sus inicios interpretativos se remontan a los tiempos escolares, no fue hasta 1984 cuando por fin pudo debutar como actor profesional. Lo hizo en El jardín de los cerezos, de Antón Chéjov, de la mano del director Juli Leal. Antes, había actuado en Cuidado con las personas formales, del dramaturgo Agustín Navarro, o en los montajes del grupo Teatro Quimera, que fundó junto a Inma Ripollés. Profundamente tímido, se ha manejado con soltura en televisión, cine y publicidad.

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