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6 guerreras

En parte por profesión y principalmente por devoción, tengo la oportunidad de ejercer como profesor de vez en cuando. Vivimos momentos complicados por esta maldita crisis que nos ha tocado padecer, y en paralelo a ésta, fruto de la necesidad, se ha ido generando una moda asociada al emprendedurismo. Efectivamente, emprender está de moda. O al menos así lo “vende” el Gobierno de España con todo tipo de ornamentos para la promoción de su “Ley de Emprendedores”. Una Ley que cumple bastante bien con lo estético, pero que deja bastante que desear en sus contenidos.

No sé exactamente si por una falta de visión por parte del actual Ejecutivo, o por la prevalencia de un afán recaudatorio cortoplacista, o en parte por ambas cosas, pero lo cierto, es que esta “Ley de Emprendedores” desde mi humilde punto de vista, más que estimular y fomentar la iniciativa empresarial, es una puerta abierta a la precarización del mercado laboral, más aún si cabe, así como un intento por maquillar los datos de desempleo nacionales. Por mucho que trate de buscar uno, es difícil encontrar elementos de valor que contribuyan al estímulo y a la iniciativa empresarial. Insisto, elementos de valor.

Hace algunos días, en una sesión formativa, tuve la oportunidad de conocer a seis guerreras. Seis historias de vida en las que el profesor se convirtió en un alumno más. Seis mujeres que luchaban por salir adelante a través de su ingenio, su fuerza y su espíritu emprendedor. Mi granito de arena fue el de intentar aportar algo de luz sobre cómo pueden mejorar su “Estrategia de Marketing” y generar valor a su idea de negocio. Aquí no había “Ley de Emprendedores”.

No obstante, lo importante, lo que me impactó fue cómo en el momento de conocernos y realizar las presentaciones, ninguna de ellas confesó ser empresaria. Ninguna consideraba que estaba ya poniendo en marcha su idea de negocio; ¿el mandato de género? ¿la influencia del patriarcado en su proceso de socialización? Extraigan ustedes las conclusiones que estimen más oportunas, pero lo cierto es que detrás de cada una de ellas existía una historia de coraje.

Historias de mujeres emprendedoras que luchan por sacer adelante a su familia. Mujeres, madres solteras o divorciadas en la mayoría de casos, que desde el momento que se las animó un poco y empezaban a desarrollar un mínimo empoderamiento, empezaban a surgir los proyectos en los que ya estaban trabajando (que no sueños o fantasías): una venta de muebles en un rastro, un servicio doméstico de comidas caseras, o algún trabajo puntual de decoración… Realidades de las que estoy convencido que nadie pensó, ni tuvo la sensibilidad de caer en ellas, cuando diseñaron la manida y bien promocionada “Ley de Emprendedores” (¿y por qué no emprendedoras?). La realidad de unas mujeres que tratan de salir a duras penas en un país que les da la espalda, que desoye su hambre y que no presenta alternativas reales a sus necesidades vitales.

Emprender se ha convertido en una moda fruto de las penurias que está atravesando este país, fruto del hambre. Y que al parecer, por muy evidente que sea el drama social, el Gobierno ni está, y me encantaría equivocarme pero… ni se le espera.

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