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Joan Romero: "Creo que el proyecto político europeo puede naufragar"

El Catedrático de la Universitat de València asegura: "Estamos en un punto de inflexión en el que el proyecto europeo avanza o hay riesgo de involución"

Joan Romero y Antonio Ariño, autores de 'La secesión de los ricos'

Joan Romero

Joan Romero es catedrático de Geografía Humana en la Universidad de Valencia. Durante los últimos años ha centrado su actividad docente e investigadora en la Geografía Política, Políticas Públicas, Estructura del Estado y nuevas formas de Gobernanza territorial en España y en Europa. Colabora en El País y coordina la sección «Los jóvenes opinan sobre el futuro de Europa» de eldiario.es. Es autor, junto a Antonio Ariño de La secesión de los ricos (Galaxia de Gutenberg). Ha sido Director General de Universidades de la Generalitat Valenciana (1983), Secretario General Técnico del Ministerio de Educación y Ciencia entre 1985 y 1987 y Conseller de Educación y Ciencia de la Generalitat Valenciana entre 1993 y 1995.

¿Por qué ya no atrae el proyecto europeo?

Porque los cambios sociales y económicos han sido tan profundos que todavía estamos reaccionando. La Unión Europea es un proyecto tan inacabado como que algunas partes de su hoja de ruta siguen inéditas. Otras han seguido únicamente el marco neoliberal que ha agravado la desafección. La crisis ha evidenciado grandes fracturas sociales y políticas. Soy un europeísta convencido pero muy crítico con la forma en la que las elites políticas y económicas han conducido el proceso reciente. Ciertamente, hace una década no lo habría dicho, pero ahora no lo descarto: creo que el proyecto político europeo puede naufragar.

En ese caso, empecemos. ¿Qué le pasa a la democracia representativa? ¿Por qué es tan criticada?

Somos muchos, distintos y con visiones muy diferentes. Tiene que existir un mecanismo conciliador. La democracia representativa cumple esta función, pero no puede limitarse a depositar una papeleta en una urna cada 4 o 5 años. Estamos en un momento histórico crítico, de inflexión: o las democracias occidentales avanzan apostando claramente por el pilar social y ambiental o hay riesgo de involución. Pueden perfeccionarse en clave de justicia social y ambiental o en caso contrario evolucionar hacia lo que alguna vez he definido, junto con otros colegas, como democracias iliberales o autoritarias. Es decir, democracias sin derechos. Hoy en día, 2019, cualquiera de los dos escenarios es posible.

¿Qué piensa cuando alguien le dice que no va a votar?

Pienso que es respetable, porque expresa su malestar, pero no lo comparto. En las democracias representativas, el espacio que tú no ocupas, lo ocupan otros. Surgen reacciones antisistema, porque llevamos 20 años imprevisibles e inestables de fractura social y política. Sin embargo, creo que las nuevas generaciones se quejan poco de lo que les afecta. Producen una explosión como la del 15M y, de nuevo, vuelven a estas vidas precarias de millones de jóvenes en Europa sin capacidad autoorganizativa. Hay que ser constantes. Nadie va a regalarles nada. Mi maestro Josep Fontana solía decir que en el futuro tendremos lo que nos merezcamos.

¿Qué función cumplen los nacionalismos durante una crisis?

Canalizan el malestar. Yo los llamo nacional-populismos. Fueron un problema para nuestras sociedades del pasado y lo son ahora. La versión actualizada es una expresión de repliegue de las sociedades en Europa central y occidental ante la inseguridad y la incertidumbre del nuevo siglo. Estos partidos han encontrado ahí su caldo de cultivo. Si no hacemos nada dejaran de ser un síntoma para convertirse en una opción.

¿En qué cambiaría la vida cotidiana de la gente sin la UE?

Ahora los británicos están descubriendo lo que es estar solos. Problemas con las medicinas, el comercio... Pero voy más allá. Ni siquiera Alemania tiene la capacidad de interlocución para situarse en la mesa con actores globales como EE. UU. o China. La Unión Europea sí. No somos conscientes de esto. Le hicieron esta misma pregunta al expresidente de Uruguay José Mujica y contestó: «Ya me gustaría a mí tener en América Latina una cosa parecida a la Unión Europea». Incluso con esta frágil Unión, nuestra capacidad es envidiable.

¿Qué es lo que más le preocupa de la crisis europea, a poco de las elecciones?

Su ridículo presupuesto social, su imagen de burocracia estéril y la ausencia de una alternativa clara, necesariamente plural, al pensamiento hegemónico neoliberal. Me gustaría ver un presupuesto federal como el de EE. UU. Y que abandonaran esa imagen de jefes de Estado y de gobierno reunidos para no se sabe muy bien qué. A veces las instituciones europeas dan argumentos para no creer en ellas. A pesar de todo, somos la parte del mundo más desarrollada y lo somos porque la UE fue la lección que aprendimos de las masacres del siglo XX. El otro día caí en la cuenta de que pertenezco a la primera generación de europeos occidentales (nací en 1953) que no ha vivido ninguna guerra. Qué voy a decir de vosotros, los jóvenes, que la IIGM os parece el neolítico. [Romero se emociona y sonríe]. No sabemos la suerte que tenemos…

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