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“Cartelistas”

“Cartelistas” no es un homenaje póstumo a Josep Renau, ni tampoco un reconocimiento a los actuales dibujantes valencianos, como el magnífico Paco Roca. El “cartelista” al que me refiero es, para hacernos una idea, un pillastre de guante blanco como los que formaban el consorcio de amigotes que se repartían la extinción aérea de incendios desde los cielos de Portugal, España y parte de Italia. Ese individuo, adicto al cártel, suele arramblar con un pedazo sustancioso del pastel presupuestario conchabándose con unos colegas que, solo en teoría, son competidores suyos; o sea que en el reservado de un restaurante, o vía mail, se ponen de acuerdo entre ellos para planificar cómo optar a unas contrataciones públicas para que todos se lleven algo del botín. Con ese proceder mafioso, los del cártel encarecían al máximo el coste del servicio y se garantizaban un suculento beneficio empresarial. Los dueños de las empresas de aviones inflaban los contratos y se llevaban de cacería a personajes como Serafín Castellano (exconseller, ex Delegado del Gobierno, ex portavoz parlamentario, ex…), un político versátil y curtido en múltiples trapisondas, enredos y, probablemente, con todo un rosario de concesiones discrecionales a sus espaldas. Ese sistema de estafa, y toda la basura vertida por las empresas públicas arruinadas, ha hecho renegar, al menos de palabra en ruedas de prensa, al PP valenciano de su propia genealogía y de sus siglas. ¡Hay que ver!

Otro ejemplo sublime. Ciegsa estaba sometida al derecho privado y así tener las manos libres para contratar a camaradas, para fijar sueldos de escándalo y para amañar encargos en el sector educativo. En suma era un pesebre ambulante del PP por donde filtraba a chorro, a modo de goteras, el dinero de todos a su antojo; un gran agujero negro que construía colegios más caros de lo normal y que lucraba a los fabricantes de barracones, que los vendían o alquilaban a la Generalitat a precios desorbitados. Con esos contenedores montaban escuelas interinas e impropias en descampados. El modus operandi era idéntico o similar al aplicado en otras esferas de la Administración. Los que avivaban esas prácticas actuaban al estilo de los hampones de la droga, aunque los nuestros traficaran con infraestructuras, subvenciones o servicios públicos.

Algunos yonquis del dinero de por aquí se han merendado cantidades ingentes de euros en residencias de la tercera edad, en obras públicas con sobrecostes pactados de antemano, en tratamiento de aguas putrefactas, en resonancias magnéticas, en subvenciones injustificadas a ONG ficticias, en megahospitales, en la recogida de basura –un clásico- y en polígonos industriales innecesarios y mal ubicados.

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Diputado, ves porno y lo sabes

Son las 18.20 del jueves. En estos momentos se está registrando la casa de quien fuera gerente del Partido Popular en Madrid. Hoy no quería escribir mi enésimo articulo sobre la corrupción, creanme. Les doy mi palabra que para este viernes tenía casi listo un artículo que hace un tiempo prometí dedicar a mi colega Rosa Domínguez titulado: ”Diputado, ves porno y lo sabes”.

Mi intención era reivindicar la humanidad de quienes se dedican, o nos hemos dedicado en algún momento de nuestra vida, a esto de la política. Me proponía advertir a mis posibles lectores del peligro que esconden estos nuevos candidatos que apestan a producto de factoría, entregados en cuerpo y alma a una patética emulación de modos y maneras más propias de una campaña a gobernador de Oklahoma que para presidir  este país. Tenía un par de ideas sobre por que ahora les dio por emitir comunicados sobre sus rupturas sentimentales, o por pasear su felicidad conyugal, fingida o cierta poco importa, por programas confesionario, ceremonias o primeras filas de mitin. Les prometo que me apetecía hacerles sonreír un instante mientras ironizaba sobre la ineficacia electoral de este nuevo postureo en un país que hace años que exhibe con orgullo haber encomendado el gobierno de sus ciudades, comunidades y ministerios a todo tipo de seres humanos sin importarnos jamás ni su orientación, y lo que es más importante, tampoco su desorientación sexual. La ciudadanía es muy consciente de que ya hay que convivir con demasiadas mentiras en el falible mundo de la política como para tener que tragar también con la del amor eterno. Nos irritan sobremanera las primeras damas, los caballeros consorte y sobre todo, ver a sus mascotas merodear por las alfombras de un palacio que solo les hemos alquilado para cuatro años.

Cuando después de comer empecé mi columna de hoy, me divertía pensar en la cara del siempre ponderado Adolf Beltran, sufrido director de esta edición, al leer “Diputado ves porno...” en la columna de “asunto” en su bandeja de entrada. Incluso llegué a animar a mi “yo” autodestructivo murmurando a mi reflejo en la pantalla; “Esta vez lo petamos en internet. Nos echan, pero lo petamos”.

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Los titiriteros que manejan los hilos

Que los titiriteros no son gente de fiar ya no los advirtió Cervantes. Uno se deja seducir facilmente por un locuaz maese Pedro, relatando con sus muñecos las peripecias de Don Gaiferos liberando a su cautiva y bella esposa Melisendra, y es incapaz de sospechar quién se esconde detrás de su sospecho parche: nada menos que Ginés de Pasamonte, también conocido como Ginesillo de Parapilla, el más bellaco de los galeotes que el infortunado Quijote tuvo a bien liberar cegado por las obligaciones que le impone la antigua orden de caballería que profesa. En suma, el villano más vil, el rufián más peligroso, aquel al que la justicia cargó con más cadenas para librar al mundo de sus felonías.

Claro que los titiriteros también tienen sus cosas buenas. Y no me refiero solo a esos momentos de holganza que nos proporcionan con las historias de sus personajes de madera, tela y cartón. Su propia condición de seres de malvivir, pícaros e inclinados a la vida disoluta les convierten en individuos muy sufridos, propicios al escarnio público, cuando no directamente idóneos para transformarse en una de esas figuras de tanto arraigo social: el chivo expiatorio. El propio Cervantes, sin ir más lejos, no tuvo ningún reparo en recurrir a ello, responsabilizando a Ginés de Pasamonte del robo de Rocinante, justificando de este modo en la segunda parte del Quijote la extraña desaparición del asno de Sancho que un lapsus narrativo del autor había dejado en el aire en el libro primero.

Y si el inmortal escritor tuvo a bien escudarse en argumentos tan pelegrinos para tapar sus despistes a costa de la mala fama del titiritero, ¿cómo nos puede sorprender que la policía, la fiscal Carmen Monfort y el juez Ismael Moreno no encuentren sólidas las supuestas pruebas que confirman la culpabilidad de los peligrosos cómicos detenidos en Madrid? ¿Cómo es posible desconfiar de evidencias tan palpables que ponen de manifiesto los aterradores planes urgidos por ETA, Al Qaeda y la Bruja Averías para desestabilizar nuestra democracia a través de peligrosos comandos de muñecos de trapo con garrote?

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Visibilizar y pagar cuidados

Se suponía que el desarrollo crearía bienestar para todas y todos en el planeta, sin embargo, la realidad, a nivel global, nos indica una cosa bien diferente. Para la mayoría de las regiones y de las personas, el modelo de desarrollo económico propuesto por el capitalismo - y sus esfuerzos desesperados por mantenerlo plenamente vigente - ha generado degradación ambiental, pobreza y profundas desigualdades. Y esto es especialmente cierto para las mujeres de todo el mundo, tanto de los países accidentales como de los llamados en vías de “desarrollo”. ¿En qué se equivocó el paradigma de desarrollo capitalista?

En primer lugar, creyó que el modelo de progreso de las economías industrializadas occidentales, entendido como la acumulación de capital y la comercialización de la economía para generar un excedente y beneficios, era exportable a todo el planeta. Esto requirió, por un lado, la permanente ocupación de las colonias para obtener los recursos naturales imprescindibles para garantizar el crecimiento y, por el otro, la consecuente destrucción de lo que podríamos denominar, economía natural local o economía de autosubsistencia -aquellas que satisfacen las necesidades básicas a través de mecanismo de autoaprovisionamiento- que se vieron despojadas de esos mismos recursos bien por privación, al ser desviados hacia la producción intensiva de mercancías, bien por deterioro, al provocar, su extracción e intervención, residuos y degradación del entorno.

Directamente relacionado con lo anterior, y, en segundo lugar, el hecho de medir el crecimiento económico, exclusivamente, en términos de PNB. Sólo se considera riqueza la dimensión del proceso de producción que es creadora de valor monetario. En consecuencia, se ignoran los costes biofísicos de la producción y los trabajos que, al margen del proceso económico, sostienen la vida humana, es decir, las labores de cuidado responsables de la regeneración de la fuerza del trabajo en el ámbito privado, tradicionalmente en manos de las mujeres. Los costes de la destrucción de recursos se revienten fuera y se reparten de manera desigualdad entre los distintos grupos económicos de la sociedad, si bien, recaen en su mayor parte sobre las mujeres.

Estas conclusiones encajan, a la perfección, con la dicotomía característica del pensamiento patriarcal y que antepone cultura a naturaleza y hombre a mujer. Desde esa perspectiva, los mercados, los espacios públicos y racionales están gobernados por el “homo económicus” y se consideran independientes del ámbito doméstico reservado a las mujeres. Pero la vida, y la actividad económica, como subsistema de aquella, no es posible sin los bienes y servicios que proporciona el planeta y sin los trabajos de las mujeres, a las que se delega la responsabilidad de reproducción social.

La propia construcción de la identidad política y pública de las mujeres, teledirigida desde el patriarcado, pasó por replicar el modelo de los hombres, sin que estos asuman, equitativamente su parte en los trabajos de cuidado. Se crea entonces una cadena en la que mujeres inmigrantes asumen como empleo estos trabajos para que otras mujeres puedan incorporarse al mercado, al tiempo que dejan en descubierto el que realizan en sus lugares de origen, que a su vez es realizado por otras mujeres que lo asumen.
   
La crisis económica del 2008, cuyas causas y efectos no sólo no han desparecido sino que, por el contrario, parecen refortalecidos, las posteriores reformas laborales acometidas por los gobiernos de PSOE y PP y la consiguiente disminución de ingresos y de servicios públicos, no han hecho más que intensificar la carga sobre las mujeres ya que ellas van a compensar las deficiencias del Estado.

Es decir, la misma viabilidad del sistema económico actual depende de estas labores de cuidado y regeneración de la fuerza de trabajo que realizan las mujeres. Labores por las que, no sólo no son recompensadas, sino que son desterradas a la precariedad de un futuro sin protección social al ser desplazadas del mercado laboral para poder atenderlas.

Visibilizarlas es vital pero nunca será suficiente. Es preciso que se instauren con celeridad medidas eficientes de corresponsabilidad así como sistemas alternativos al económico imperante que permitan que estos trabajos de cuidado obtenga contraprestaciones justas y sobre todo, reconocimiento social.  

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Telones y cortinas

Les propongo un experimento: tecleen en el buscador de Internet “titiriteros Madrid”. Yo lo he hecho y me han aparecido 660.000 resultados. A continuación busquen “operación Taula”; se encontrarán sólo con 175.000. Es decir, nos importa o escandaliza mucho menos que una red mafiosa tome las instituciones para robar dinero público (incluido el destinado a la educación de nuestros hijos) que unas decenas de pequeños asistan a unas escenas no más violentas que las que ven a menudo en los telediarios, en los programas del corazón o incluso en los dibujos animados. Si probamos con otros aspectos directamente relacionados con la infancia, como la pederastia o los muertes de menores que huyen de la guerra, la cosa no mejora: las búsquedas “abusos Maristas” o “menores refugiados fallecidos” no ofrecen resultados superiores a las de los imbatibles cómicos diabólicos.

Resulta paradójico ver en la cárcel a los titiriteros y en la calle al autor confeso de los abusos sexuales en el colegio catalán. Para Jueces para la Democracia y la Unión Progresista de Fiscales la primera medida es discutible, pues supone un uso desproporcionado de la prisión preventiva, pensada para cuando haya riesgo de fuga, de destrucción de pruebas y de cometer más delitos. Tampoco ven claro el supuesto enaltecimiento del terrorismo por exhibir un cartel alusivo a ETA sin entrar a valorar el contexto, ya que en ese caso, cualquier película u otra producción en la que un personaje manifieste su simpatía por el terrorismo podría ser considerada de igual modo. En la obra, el cartel es colocado sobre uno de los personajes para implicarlo en un delito, con lo cual no supone, ni mucho menos, una opinión vertida por los autores. El resto de acciones que tan duramente se han criticado consisten en que la bruja, siguiendo la tradición de la Comedia del Arte y los títeres de cachiporra, golpee a personajes que simbolizan valores contra los que se hace una crítica, como la banca o la justicia. Ahorcar a un personaje ante un público infantil o, sobre todo, apuñalar a una embarazada es de un evidente mal gusto y poco apropiado para esa edad, pero incluso el ataque a la gestante se puede circunscribir en un contexto crítico, al margen de que las acciones de los personajes no implican la asunción de sus conductas y opiniones por parte de los autores.

Se nos llenaba la boca defendiendo la libertad de expresión en el caso de Charlie Hebdo, pero olvidamos aquí que se trata de un derecho que nuestra Constitución consagra como “fundamental” y, por lo tanto, especialmente protegido, sin que ello signifique que sea ilimitado, pero parece que en este caso la limitación puede haberse excedido.

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Un pueblo en la encrucijada

Mohamed Jedu es un niño de cinco años que habla árabe, entiende el francés y entiende el castellano. Con toda probabilidad lo hablará con fluidez cuando tenga unos años más. Jedu es niño que nació y vive en uno de los campamentos saharuis que, desde hace cuarenta años, permite sobrevivir a los ciudadanos saharauis que fueron desplazados por Marruecos tras la firma del Acuerdo Tripartito y la invasión marroquí del Sahara Occidental con la aquiescencia de España y Francia. Cuarenta años en los que la población saharui reconocida ha pasado de 70.000 personas a casi 300.000, más de la mitad de las cuales viven en los campamentos de refugiados, en medio del desierto y gracias a la ayuda internacional, año a año, más precaria.

He podido pasar el fin de año conviviendo con una familia de refugiados saharuis en los campamentos del sur de Tinduf y he podido comprobar, como sus necesidades humanitarias están cubiertas así como sus necesidades básicas en educación infantil y sanidad. Sus problemas perentorios, a pesar de las condiciones y de las recientes lluvias torrenciales que han destruido lo poco que tenían, ya no son de supervivencia sino de tener un proyecto de vida para sus jóvenes que no quieren estar otros cuarenta años vivienda de la solidaridad internacional. Son jóvenes con formación académica, que hablan varios idiomas y que viven en un mundo globalizado al que acceden de manera habitual gracias a internet y la redes sociales pero que no tienen un proyecto vital al que aferrarse, ni han tenido la experiencia directa de la guerra de ahí que la puedan mitificar. Mohamed Jedu es un niño que se convertirá en un joven sin más opción que resistir y vivir de la solidaridad si no se adoptan medidas que pasan, necesariamente, por un cambio en la política por parte del Estado español que tiene, según el derecho internacional, la responsabilidad de administrar este territorio hasta su definitiva descolonización.

La tentación de construir un proyecto vital anclado en el retorno a la guerra es muy potente entre las nuevas generaciones de saharauis, apoyados por sectores del ejército polisario que han visto como han pasado de convertirse en héroes aclamados cuando volvían del frente, a una estructura administrativa que pasan los días sin más objetivo que garantizar la seguridad de los campamentos y los cooperantes que les visitan. Función loable pero insuficiente para las personas que conforman el ejercito de un movimiento de liberación nacional. Como me dijo Zein Sidahmed, secretario general de la Unión de Juventudes del Frente Polisario, los jóvenes no quieren seguir viviendo de la caridad internacional y aunque saben que la guerra sería muy desigual y diferente a la que desarrollaron sus padres y abuelos hasta el alto el fuego de 1991, muchos jóvenes están dispuestos a optar por esa vía porque la guerra les da un proyecto de vida.

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Mujer en la ventana contemplando el paisaje

Fue sólo un segundo. Un chispazo. Como esa sombra que no sabemos si la tenemos en el ojo o está fuera, en algún punto insignificante del sitio al cual miramos. El encuadre de la ventana, sin embargo, no mentía. La sombra era una mujer hablando por teléfono. La mujer descorría la cortina y la volvía a cerrar a mil por hora, como si hubiera visto a Fredy Krueger en medio de la mismísima Elm Street. La mujer había sido una estrella hasta hacía unos días, sólo unos días. Si escarbamos en las hemerotecas veremos cómo ocupa el papel estelar, cómo las multitudes se la rifan, cómo abraza con su robusta envergadura a las criaturas que se le acercan a rendirle pleitesía, cómo anda como una reina por los pasillos del Mercado Central y cambia el gesto, cirio en mano y escapulario al pecho, en las procesiones que llenan la ciudad con motivo de cualquier celebración religiosa. Era la alcaldesa de Valencia, la más antigua de su categoría, la que empezó a gobernar sin haber ganado las elecciones de 1991 y se negó a transferir la vara institucional a su sucesor Joan Ribó el día de 2015 en que dejó de gobernar aunque paradójicamente fuera su partido el más votado en las elecciones. Cosas de la vida que Rita Barberá pensaba que nunca iban a suceder y menos aún que la tuvieran a ella de principal protagonista.

Lo que también ignoraba la mujer de la ventana es que no hay nada que sea para siempre. Veinticuatro años es mucho tiempo, eso es verdad. Pero al día siguiente de esos veinticuatro años es como si todo empezara de cero, como si lo que tuviera en la espalda no fuera el brillo ingrávido de la fama sino una losa como la de Obélix, que ahora sentía ella como un peso insoportable. Durante tanto tiempo sólo hubo la arrogancia, la manera altiva de mirar por encima del hombro a quien tenía enfrente, eso tan cruel de convertir en invisible todo lo que no cuadraba con sus decisiones. Era la jefa. Cuando las cosas empezaron a torcerse para el PP, ella siempre salía flotando sobre las posibles delincuencias. Poco a poco fueron cayendo las cabezas y saliendo a la luz la miseria moral de ese partido en todos sus niveles de militancia. El edificio antaño tan poderoso se venía abajo pero la alcaldesa se mantenía tiesa, como si el derrumbe no fuera con ella. Muchas veces se la relacionó con asuntos turbios de diverso calado. Se libraba siempre. Lo más fuerte fue cuando el caso Nóos. Parecía que de ahí no se libraba. Pues se libró. Como antes pasó con los bolsos de regalo Louis Vuitton. Y antes -o después, ya no sé- de las aguas pantanosas de Emarsa. No había manera de que la justicia la implicara en algo a lo que sí se veían abocados algunos de sus compañeros de partido. Parecía increíble que todo el entramado político del PP fuera cayendo como un castillo de naipes y ella se quedara en lo alto, como suspendida en el aire, sin un apoyo en que sentar la pirueta con pinta de circense. El juez Castro ha dicho que a ella y a Camps los tenían que haber imputado por el caso Nóos. Pero los salvó en el último round la campana del Tribunal Superior de Justicia valenciano. Y de repente llega la imputación por diversos delitos de cincuenta cargos de su partido en el ayuntamiento de Valencia. Sin embargo ella está fuera otra vez. Es senadora. Seguramente ya sabía lo que se le venía encima y decidió cobijarse en el aforamiento del senado para evitar lo inevitable. Y digo inevitable porque esta vez lo tiene bastante difícil. Con mucha probabilidad, llegará el suplicatorio del Supremo y tendrá que asumir la parte de ruina que le toque.

Ahora se esconde. Era una estrella rutilante y ahora es una sombra que deambula teléfono en mano por su casa, que mira asustada desde la ventana lo que pasa en la calle, que no se cree que después de tantos años de abrazos y de besos sólo le quede el abandono hasta de los suyos. No sé lo que pasará con su porvenir, como decía el poeta Ángel González. Pero es casi seguro que no va a ser un paseo en barca. Estoy convencido de que la caída no le va a pasar de largo esta vez. Y de que un día no muy lejano la policía llamará a su puerta y cadenciosamente empezará a leerle sus derechos.

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22.000 razones más para que se vayan

Hace más de seis años que muchos de los que hoy están presuntamente “imputados” o según la última reforma de la Ley de Enjuiciamiento Criminal hecha por el PP “investigados”, por corrupciones varias en nuestras tierras valencianas; se dirigían por la TV, Radio o prensa, a los padres y madres de los más de 22.000 jóvenes valencianos que han tenido que emigrar forzosamente por razones socioeconómicas; y les decían compungidos cosas como estas: “...hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y ahora hay que apretarse el cinturón…”; “Todos tenemos que hacer esfuerzos y los políticos debemos dar ejemplo…”. Las familias que vieron partir a sus hijos e hijas, a buscarse la vida fuera de su país con su abultado curriculum, tienen que tragar mucha saliva para contener la rabia ante tanto presunto geta y sinvergüenza. Tiene narices que te dejen sin futuro, mejor que nos dejen, y encima te roben a dos manos.

El periodista Sergi Castillo en su libro “Tierra de saqueo”, calcula que la factura de la corrupción en la Comunidad Valenciana supera los 12.500 millones de euros (para que se hagan una idea eso es más o menos el presupuesto de la GV de un año). En todos estos años de austericidio, la ciudadanía de a pie, los que pagamos todas las facturas (rescates de bancos, repagos etc.) hemos sufrido recortes drásticos en Sanidad, en Educación, en Dependencia, Servicios Sociales, en los programas de becas; el aumento de las tasas universitarias. Hemos visto como el desempleo en jóvenes de 18 a 24 años se situaba en el 55%; y como se ha precarizado el poco empleo que se crea; Sabemos que más de 260.000  jóvenes valencianos entre 17 y 30 años están en riesgo de exclusión social. Hemos conocido por los autos judiciales que en todo ese tiempo ellos seguían comisionando al 3%. Además del negativo impacto económico futuro que supone que otros países se aprovechen de nuestro capital humano (se ha calculado que perderemos más de 8200 millones en 10 años). Pero no pasa nada, a estos cracs de la gestión cuanto peor nos vaya a nosotros, para ellos mejor. Todo lo que sea deteriorar lo público (lo de todos), sirve para abrir de una patada (a lo Corcuera, que parece que ha vuelto como Rocky - habra que analizar este revíval ochentero de manera mas profunda) la puerta al aprovechamiento privado de los bienes públicos. Y de paso asegurarse un retiro dorado en esas mismas empresas.

Hay, al menos, 22.000 motivos y más de 260.000 razones por los que esta gente no puede poner las manos en nuestro futuro. Ojo, tampoco podemos permitir que lo pongan aquellos que se disfrazan de “los nuestros” y terminan vendiéndonos por 135 monedas. Pero amigos y amigas, todo no debe ser pesimismo; la gente corriente no nos podemos permitir la tristeza; corren vientos de cambio, de regeneración, de ciudadanía, de comunidad… y como cantaba algún grupo de estos hípsters en un bonito anuncio de cervezas (cuanto nos ha ayudados la ancestral bebida a soportar al PP, nunca podremos pagárselo), “lo importante es tener finales”. Disuelvanse!!

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PSOE i autodeterminació

El dret a decidir que reinvidiquen els partits nacionalistes catalans opera com a un eufemisme del dret d'autodeterminació. Un concepte que, alhora, és una extrapolació d'un instrument jurídic i geopolític ideat per abordar una eixida funcional als processos de descolonització.

Si este enunciat ja pareix massa alambinat, el mateix pot dir-se del romanç de joventut del PSOE amb el dret d'autodeterminació. Paradoxalment, el partit que, ara per ara, més vinculat té el seu futur proper (si no és un 'farol' o pretext la invocació que fa Podemos d'este i a expenses de les abstencions dels nacionalistes catalans) a este assumpte. En els últims mesos, de fet, el tema s'ha inserit en l'agenda política al més alt nivell. Molt per damunt de lleis d'emergència social i unes altres qüestions que pareixien més prioritàries, en este cas, per als partits d'esquerres.

I esta improvisació remet, a la que es va produir entre els partits de l'esquerra espanyola (PSOE, PSP i PCE) durant els anys setanta del segle passat, quan l'antifranquisme funcionà com un aglutinador d'idees-força, en ocasions, mesclades amb precipitació.

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Fent història (en Viquipèdia)

Partit Popular de la Comunitat Valenciana (Redirigit des de «PPCV»). Fundació: 1989. Dissolució: 2019. Presidents del PPCV: 1989-1990: Junta gestora presidida per Juan Antonio Montesinos; 1990-1993: Pedro Agramunt; 1993-2004: Eduardo Zaplana; 2004-2011: Francisco Camps; 2011-2015: Alberto Fabra; 2015-2019: Isabel Bonig. Ideologia: Centredreta; Conservadorisme; Liberalisme; Reformisme; Nacionalisme espanyol; Democràcia cristiana; Blaverisme; Constitucionalisme (La definició pròpia del partit era «centre reformista»).

El Partit Popular de la Comunitat Valenciana (en castellà Partido Popular de la Comunidad Valenciana) era la delegació valenciana del Partido Popular, que té l’origen en Alianza Popular, partit fundat el 1976 per Manuel Fraga (ministre durant la dictadura franquista).

El PPCV com a tal va ser fundat el 1989 i va estar en l’oposició en les Corts Valencianes fins al 1995. Després d’un primer mandat de Pedro Agramunt, l’any 1993 es va celebrar el VI Congrés Regional del partit (el 2n després de la refundació d’Aliança Popular) i en va eixir elegit Eduardo Zaplana, el qual, el 28 de maig de 1995, va guanyar les eleccions autonòmiques per majoria simple i va aconseguir la presidència de la Generalitat després d’un pacte amb Unió Valenciana, el candidat de la qual, Vicente González Lizondo, es va convertir en president de les Corts Valencianes. El 1999 Zaplana va repetir com a candidat i va aconseguir una majoria absoluta que posteriorment va ampliarFrancisco Camps els anys 2003, 2007 i 2011.

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