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Forrados en oro de ley

Y digo yo que algunos políticos irredentos, que robaban a manos llenas, porque se lo pedía el cuerpo bronceado en largas sesiones de rayos UVA; porque iban dopados de dinero, como yonquis, por la calle, al gimnasio y a las elecciones podrían disculparse públicamente. Eran los elegidos ingenuamente por nosotros mismos para proceder al pillaje indiscriminado de la población civil desarmada y en permanente situación crítica por unas cuentas corrientes extenuadas hasta el límite. Sin embargo, el contribuyente medio, que se supone que ha hecho la ESO, que se ha formado aunque sea a distancia, o de oídas, y que se cree un tipo razonable y sensato, ¿por qué demonios les ha votado de forma compulsiva y reiterada durante tanto tiempo?

Acabo de desayunarme aquí en este digital una nueva entrega de las aventuras de nuestro Especial One, Eduardo Zaplana, el expresidente al que todos reverenciaban, y, que, según las últimas averiguaciones, andaba con un búlgaro que traficaba con las joyas de nuestras abuelas, malvendidas para sacar a flote in extremis una inoportuna deuda doméstica. Al parecer, no entiendo mucho de finanzas ocultas, ni de tapaderas financieras, fundían en oro el dinero de los ciudadanos de a pie que solo hacían que pagar impuestos, acudir al Mestalla, escaparse a la playa de Oliva con sus hijos y votar al PP de vez en cuando. Los lingotes, depositados en alguna caja fuerte de alguna cámara acorazada de algún banco de algún país laxo en fiscalidad, son el testimonio directo del latrocinio sistemático de nuestras finanzas públicas. ¡Sin duda, han resultado ser los votos más caros de nuestra historia!

Algunos dirán que faltan pruebas, que no está demostrado del todo. ¡Faltaría más! Si lo supiéramos todo con pelos y señales no podríamos conciliar el sueño, quedaríamos como una sociedad zombi desvelada, insomne, formando interminables colas en la consulta del sicólogo más aventajado del barrio. Produce escalofríos que esos ladrones de guante blanco pudieran aparecer sin más en saraos, en fiestas sociales o en actos benéficos. Tienen mucho morro y les gusta pasearlo por recepciones de alto postín. Tu abuela también lucía joyas antaño que hoy, ya vendidas, se han transformado, como en un tocamiento impuro del rey Midas, en oro del de verdad, de ley, de 24 quilates, o como se llame. Son caraduras profesionales, y a nosotros en su día nos faltó arrojo para botarlos del mapa electoral. 

Esos políticos mala sombra no tienen remedio, son cleptómanos compulsivos, les mola agenciarse el dinero ajeno. Ellos están lejos de arrepentirse, si acaso están apenados de haber sido pillados por la policía, de haber dejado un cabo suelto, un rastro o una pista descuidada en alguna de sus múltiples fechorías. La policía lleva rastreados, según informaciones contrastadas, fondos ilícitos vinculados al exministro de Trabajo en Luxemburgo, Uruguay, Suiza y Andorra. Y este hombre, recuerden, fue nada más y nada menos que el portavoz del ideólogo de esa tropa de desalmados, el sumo sacerdote Josemarí Aznar, tanto en el Gobierno como luego en la oposición.

Vale que esos prohombres no nos pedirán disculpas jamás, pero los votantes de esa chusma que hagan el favor ya mismo de pedir perdón a sus vecinos de rellano, a los padres de los amiguitos de sus hijos del colegio o a los jóvenes que se fueron por falta de oportunidades y que ya chapurrean el noruego, mientras Toni Cantó desprecia el valenciano, un idioma  que los pobres solo pueden practicar por skype encerrados en un fría habitación de Oslo. Los votantes habituales de los corruptos, del top ten de esa nociva picaresca, deberían pedir perdón y arrepentirse. Los malhechores de guante blanco no lo harán, así que al menos que sean los votantes más juiciosos los que reconozcan el daño infringido a nuestra sociedad. Seguro que lo sienten en el alma.

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