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Mujeres diversas y participación política

Ocurre que cuando un medio de comunicación se acerca, por norma general, pregunta lo siguiente: ¿Cómo se siente ser la primera senadora sorda? ¿Es accesible el Senado? ¿Piensas que te has convertido en un referente? Estas son las preguntas que los medios de comunicación me hacen sin parar. Y si, soy sorda, lo entiendo. No es ninguna novedad. Quizá, y solo quizá, en algún momento alguien dejará de verme como una persona con [dis]capacidad y ese prefijo caerá por fin. ¿Soy un referente? Pues sí, lamentablemente sí. Un referente por ser diferente, porque en este país soy la primera persona sorda en llegar a la cámara alta, a cualquier cámara, incluso a la de las televisiones para hablar de algún tema distinto al del Día Internacional de las Personas con Discapacidad o, en mi caso, el Día Internacional de las personas sordas. Pero olvidamos que estoy aquí por mis inquietudes políticas y no por ser sorda.

Ante esas entrevistas de “corte humano” como así las llaman, me han dado ganas de contestar con mi propia voz; porque “hablamos”, por si todavía no ha quedado claro. Es curioso, porque olvidamos que en la política del pasado y en la actual todavía quedan muchas personas sordas y a veces siento que me confunden con ciertos sujetos políticos de larga trayectoria corrupta-política que son sordos de verdad: no escuchan a la gente y no atiende a la demanda de las mayorías sociales. Así que... ¿Sorda yo? No… Creo que me confundís con alguien de cuyo nombre no quiero acordarme, pero llevaba atormentando mi ciudad más de 24 años, y sigue persiguiéndome su sombra allá dónde estoy ahora.

Así que os cuento que también me gusta hablar de política, ojalá no hubiera que hablar de la corrupción que ha asolado mi Comunidad todos estos años, deseo también hablar de independencia: de la mía, de la de Cataluña, de la de quién sea… Me apasiona la nueva política y la posibilidad de otra manera de hacer política, de cómo feminizarla… Porque oye, que también soy una mujer ya que hablamos de todo un poco. Las personas diversas no somos sólo diversas únicamente, también sentimos, tenemos opiniones y esas cosas propias de las personas sin etiquetas extras.

Ahora pongámonos serias, hablemos de discapacidad, os voy a dar el gusto, lo trataré políticamente, como ha de ser. Existe la tendencia a considerar la [dis]capacidad como un problema que atañe a toda política pública, una inclinación por considerarla únicamente desde la perspectiva patológica y su consecuente rehabilitación: si algo no funciona, intentar arreglarlo y que se aproxime a la normalidad que parece imperante pero no lo es, y esto amigos y amigas nos impide ver otras cosas, evita que veamos que siempre hay otro lado, otra visión… el de la persona con [dis]capacidad misma, nuestra mirada, nuestro sentir, nuestra realidad, ignorada en demasiadas ocasiones a veces en conciencia y a veces involuntariamente. Hablo de la mirada ajena a la nuestra cuando considera que la [dis]capacidad si es incapacidad, ignorando que toda persona tiene sus habilidades, sus defectos, sus virtudes, sus capacidades especiales para ciertas cosas…esa mirada ajena a la nuestra, es la mirada de los otros, que no la de nosotros… los que no nos entienden, ni nunca entenderán; los que creen entendernos y hace lo imposible por solucionar nuestro “problema” hasta el punto que acaban agravándolo, pues querida amiga esa mirada ajena… nos “discapacita” en demasía sin merecerlo y a ello le tenemos que unir otro factor… las que somos diversas funcionales, voy a cambiar la denominación a una vertiente más sociocultural que no patológica ni rehabilitadora ni médica, le añadimos el hecho de ser mujer, entonces… la desigualdad y la violencia por motivos de género se une a lo que ya vivimos como un “problema”, y aquí… El problema parece que reside en soy diferente, en mi caso soy sorda, y eso no es un problema, dónde está realmente es en el entorno en el cual me desenvuelvo, en las barreras que me impiden acceder a la información y a la comunicación, el problema es realmente la ignorancia sobre el conocimiento de la diversidad, y sin ese conocimiento nunca habrá una verdadera sociedad inclusiva. El problema está en cómo hemos construido la sociedad y el entorno sin pensar en que somos una comunidad de gente con diferencias.

Mujeres con diversidad funcional, mujeres con unas capacidades distintas a la “mayoría”, mujeres con otra forma de moverse con apoyo o sin apoyo, dictando el movimiento aunque sean otras manos quien se encargue de hacerlo, mujeres que tienen posibilidad de expresar su mensaje vía viso-gestual porque así les nace y resulta más natural, mujeres que piensan que el mundo es tan sencillo que no ven maldad y que por ciertas características dicen que no siguen el patrón intelectual que predomina en este mundo de seres “perfectos” que son al mismo tiempo imperfectos por la ignorancia que les nubla el conocimiento de toda una variedad de diversidad… en fin, otra manera de ver la vida, de actuar en ella y [sobre]vivir a la cotidianidad actual de emergencia social.

Y, finalizamos, con un “canutazo” imaginario (es aquello que hacen los periodistas con los micrófonos acercándose a alguien de especial relevancia, bien por su cargo, por su corrupción, por su discurso, por su influencia, etc.). Recuerdo que fue en Pamplona, antes de ello yo me quejaba porque no se atrevían a ofrecerme la posibilidad de vivir eso y transmitir un mensaje, creía que me temían, que no se atrevían, que no sabían cómo dirigirse a mi. Bueno, pues en Pamplona pasó… y la que se lió con la dirección del “micro”, es fácil: no va a salir en pantalla, y se dirige a la intérprete que me acompañe en ese momento, la cámara hacia mi persona, y ya… tan fácil que lo hacemos difícil quizás por falta de valentía, Ustedes no saben las maravillas que esperan detrás del conocimiento de la diversidad. Podéis seguir preguntando por como se siente una siendo sorda y ejerciendo de senadora, pero yo contestaré en clave política, porque no se trata de mí, se trata del bienestar de la gente del país, de derechos humanos, se trata de que, por fin, existe la posibilidad de cambiar la política del país para que regrese la dignidad y legitimidad que supone representar a la gente.

*Pilar Lima es senadora territorial valenciana de Podemos

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