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Objeto de deseo

Entre el momento de escribir estas líneas y su publicación, espero que habrá pasado el tiempo suficiente como para que en la Batalla del Botànic II se haya firmado algún tipo de armisticio; porque no creo a los políticos de izquierda tan irresponsables como para seguir mareando la perdiz, y  para dar más argumentos a la oposición sobre el lavado en público de sus miserias respectivas.

Pero todo hace pensar que, a fecha de hoy, el punto mas conflictivo del debate a tres, al margen de vendettas y ambiciones personales, que también las hay, se centra en las competencias relacionadas con el medio ambiente: Cambio Climático, y  Eficiencia y Transición Energética. Y considero muy importante hacer hincapié en este hecho por las implicaciones que conlleva.

Creo necesario señalar, por si alguien no se ha enterado todavía, que estamos inmersos en una situación de Emergencia Climática a nivel mundial, cuyos efectos sobre nuestras vidas son ya palpables, y que exige actuaciones inmediatas y radicales si queremos, no ya revertir la situación, sino simplemente ralentizar su empeoramiento. Y, siendo evidente la necesidad de insistir en actuaciones ya acordadas y de emprender otras a nivel global, también es cierto que son necesarias acciones específicas en ámbitos regionales (europeo), nacionales, autonómicos y locales. Y es aquí donde entramos en el meollo de la cuestión, y en el motivo por el que el área del medio ambiente se ha convertido en objeto de deseo de nuestros políticos botánicos: todos quieren controlar un área que en los próximos cuatro años va a estar constantemente en lo medios, lo quieran, o no, y tanto si adoptan las medidas que la situación exige, como si no lo hacen.

Como persona muy interesada en el tema por sus repercusiones a todos los niveles, personal, familiar y social, creo imaginar la intención que late en las respectivas posiciones de nuestros representantes, desde el deseo de UP-EU de gestionar de forma radical este área, al de Compromís, e incluso del PSPV, de evitar conflictos en ámbitos de su competencia, derivados precisamente de las actuaciones de los primeros (no está tan lejos el caso Juliá Álvaro como ejemplo de lo que digo).

Porque está claro que, si ponemos por delante la protección del medio ambiente van a saltar chispas en casi todos los ámbitos de la actividad económica, y en consecuencia en los debates en Les Corts, ambas cosas por razones que entiendo fáciles de imaginar. Por si sirve de pista para esta afirmación, me remito a la dimisión hace unos meses de Nicolas Hulot, Ministro de Ecología francés, ante la imposibilidad de introducir medidas efectivas, y no solo cosméticas, para hacer frente al Cambio Climático, por la presión de los lobbies económicos sobre su Ministerio y y de sus colegas en el Gobierno.

Y lo más grave es que no hay tiempo que perder. Ya no es cuestión de quién lo gestione, sino de que es preciso y urgente hacerlo, lo haga y quien lo haga, y cueste lo que cueste. ¿Estarán los políticos dispuestos a pagar el precio?

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