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Tradición y otras voces

Los recuerdos son los ladrillos que construyen las paredes que sostienen nuestra existencia. Los buenos están conectados con el corazón y no es raro que se liguen a las fiestas populares, a las costumbres y las tradiciones, imbricando lo íntimo, lo familiar y lo colectivo, relacionados con la identidad y con la herencia cultural de lo que somos. Por eso, asumo que tocar según qué temas supone provocar que esos muros se tambaleen y no es mi intención.

Es un hecho que en esa realidad plurinacional y diversa que es nuestro país de países, nuestras tradiciones a veces incorporan elementos que, para adaptarse a los tiempos y desde una perspectiva cultural democrática e inclusiva, necesitan hablarse, repensarse y replantearse.

Para la UNESCO, la cultura es un conjunto de los rasgos distintivos, espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o a un grupo social. Ella engloba, además de las artes y las letras, los modos de vida, los derechos fundamentales del ser humano, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias. En este contexto, las festividades forman parte de un patrimonio cultural inmaterial que es tradicional, actual y viviente al mismo tiempo. El patrimonio cultural inmaterial basa su legitimidad y su razón de ser en la capacidad de integrar conocimientos, ser representativo y estar basado en una comunidad. Por lo tanto, es en sí mismo un factor clave en el mantenimiento de la diversidad cultural amparado en una serie de derechos culturales, humanos y constitucionales que se desprenden de la dignidad humana.

Como mujer negra/afrodescendiente yalicantina, deseo contribuir a que este país cuente con un patrimonio cultural vivo, en el cual todas podamos sentirnos parte de la festividad. Para ello, se hace necesario reflexionar, incorporando todas las voces, para discernir sobre las significaciones heredadas y crear la posibilidad de buscar nuevas representaciones que atiendan a la diversidad étnico/racial que hay en nuestra sociedad.

Pienso que este proceso solo tendrá éxito si conseguimos crear un espacio de diálogo fraternal en el cual HABLEMOS, ESCUCHEMOS e interpelemos a nuestros vecinos y vecinas, a la gente que participa y se implica en nuestras fiestas y a aquellas voces críticas de la comunidad afrodescendiente y africana que quieren verse dignamente representadas para conseguir que nuestras fiestas populares sigan teniendo ese significado comunitario, y de esta manera, vivirlas, participar y emocionarnos con ellas.

En una sociedad plural como la nuestra, incorporar nuevas ópticas debe servir para enriquecer la fiesta e integrar a todas las que formamos parte de esta sociedad. Recordemos que no hace mucho en las fiestas sólo podían ser pajes los hombres, y gracias a la reformulación de la tradición, hoy también participan mujeres.

La comunidad africana y afrodescendiente de España ha querido entablar una conversación que no se agota aquí, que debe crecer para fomentar la creación de marcos, tanto legislativos como sociales, que tengan en cuenta la diversidad étnico- racial como una realidad política y social de nuestro país.

Estoy segura de que la inmensa mayoría de nuestras gentes desean un patrimonio cultural que contribuya al reconocimiento y disfrute de derechos humanos, culturales y constitucionales para todas las personas, ya sean blancas, afrodescendientes, o de cualquier otro origen étnico-racial presente en nuestra sociedad. Desde el diálogo, la convivencia, el respeto y, como decía al inicio, DESDE EL CORAZÓN.

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