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El niño en la maleta

“A child sleeps in a bag” es el título de una instantánea del fotoperiodista Omar Sanadiki para la agencia Reuters. La foto está fechada en el mismo día, no sé si en la misma hora, en la que en las Cortes Españolas, derecha e izquierda, protagonizaban el bochornoso debate sobre la prisión permanente revisable, y de cuánto y cómo, esta puede hacer para salvar la vida de un niño.

Quienes lideran este Estado abordaron un tema zanjado por juristas y criminólogos de todo el mundo hace décadas: la utilidad, en términos de justicia social o efecto disuasorio, que sobre la criminalidad ejerce, o no, la vigencia de la cadena perpetua o la pena de muerte. Y lo hicieron zarandeando la memoria del mismo niño sobre el que los medios atornillaron durante semanas los focos y altavoces de su irresponsable espectáculo de morbo y víscera.

De poco sirvió el llamamiento de la madre de la víctima para que se centrase el foco en el movimiento de solidaridad, apoyo y voluntariado desencadenado por aquella desgracia. Nadie atendió su súplica implorando que la imagen de su hijo no fuera utilizada para adornar la crónica negra y el despiece carnicero que, sobre la vida, obra y psique de la presunta asesina, estaba a punto de inundarlo todo. Ni un ápice de mala conciencia por el evidente oportunismo de algunos de los obscenos razonamientos utilizados en el debate político.

En nombre de la justicia que merece toda víctima, especialmente un niño o niña, se han llenado la boca de argumentos las mismas señorias que no han movido un dedo para recoger de las orillas del mar de este estado sin memoria el cadáver del niño Aylan Kurdy. No han cumplido ni uno solo de sus compromisos con los refugiados de un conflicto que supera ya el medio millón de víctimas, 24.000 de ellos menores. Ni un gesto, ni una acción. No está en la agenda de negociación de los presupuestos, ha desaparecido la lista de aquellas medidas urgentes que debíamos tomar para salvar a uno, ni que solo fuese uno más, de aquellos niños que nunca necesitaron de reformas del código penal para conservar su dignidad ni su vida.

Mañana, mientras continúan volando sobre nuestras cabezas las piedras lanzadas ayer de punta a punta del hemiciclo, un niño que tal vez todavía hoy está vivo, viajará dormido sobre la cremallera descosida de la desvencijada maleta de un padre sin voz, sin patria y sin ministro que le aguarde. Busquen, si tienen tiempo, la foto en sus ordenadores, porque para él no habrá debate en las Cortes, ni programas especiales de televisión con expertos que ahonden en la retorcida alma de sus verdugos. Tal vez nunca oigan su nombre. Pero sepan que ese niño tambien viaja en el equipaje de las 350 diputados y diputadas del Congreso. Y en el suyo. Y en el mío.

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