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El poder de lo próximo, y Europa de nuevo, la oportunidad

Como afirma mi querido maestro y director de tesis Joan Subirats en su libro El Poder de lo Próximo, es en la escala territorial más cotidiana y cercana donde se perciben los procesos y efectos de la globalización y la europeización con mayor intensidad, y hoy más que nunca porque la velocidad de éstos va en aumento.

Desde el impacto que produce sobre el empleo la uberización de la economía, a la desestructuración de nuestra agricultura exportadora por obra de la precipitada negociación europea, estamos presenciando cómo la proximidad emerge como poder capaz de articular soluciones adecuadas a los problemas concretos y reales de la ciudadanía frente a estos procesos.

Sin embargo, el portavoz de la ciudadanía española legitimado ante Europa es el Estado, y esto ya sabemos que ha producido no pocas distorsiones en la elección de las prioridades puesto que la lógica centralista ha impregnado la política energética, la de infraestructuras, la política comercial, e incluso la atención humanitaria a los refugiados. Resulta evidente que la apertura de canales de participación a comunidades autónomas, municipios y personas no suponen más que mero cumplimiento de obligaciones formales.

Esto difícilmente se sostiene dada la evolución que estamos viviendo. Por una parte, constatando que nuestros municipios ya no son el simple ámbito de gestión de las necesidades más básicas (asfaltado, alumbrado, limpieza), o de mera ejecución delegada de decisiones de otras esferas de gobierno supramunicipales (infraestructuras), sino que  - por efecto de los resultados de las elecciones de mayo de 2015- han pasado a ser los verdaderos escenarios de transformación y cambio en un contexto marcado por la crisis global y las políticas de austeridad.

Por otra parte, los territorios reivindicamos nuestra importancia y reclamamos la financiación que nos corresponde, porque es un hecho constatado que los gobiernos y administraciones regionales, -y esto es denominador común en otros estados miembros- sobrellevan la carga de la gestión del Estado de Bienestar clásico -sanidad, educación y servicios sociales- y, también, la durísima gestión medioambiental de protección del suelo y los recursos naturales. Por tanto sin nuestra participación directa, difícilmente podrá editarse un nuevo Estado de Bienestar basado en la solidaridad, la sostenibilidad y la mirada de género.

Las elecciones europeas no pueden pasar por alto estos procesos territoriales. Como la València de Joan Ribó, muchas otras ciudades pasaron a ser gobernadas por nuevas fuerzas políticas surgidas de distintos movimientos sociales, con propuestas de renovación de gran alcance, a veces no estrictamente institucionales, en temas como la garantía de la vivienda social y la protección frente a los desahucios, el acceso a los recursos energéticos, los nuevos desarrollos urbanos sostenibles, los desafíos de la movilidad urbana, o los proyectos de economía colaborativa.

Dinámicas que han dado madurar nuestros proyectos urbanos y permiten, tras las elecciones municipales, enfrentarnos a una segunda fase de gobernanza municipal en la que de forma natural esas personas que ahora han comprobado cómo Europa y la globalización determina sus vidas, seguirán avanzando para ocupar su espacio político.

Ya no vale seguir arguyendo el manido dogma del “déficit democrático europeo”, como expresión de desaliento ante una estructura institucional compleja que nos aboca a una inevitable relación fatal entre ciudadanos e instituciones europeas. Al contrario, ahora toca un empoderamiento de ciudadanos, ayuntamientos, pymes y regiones en un mejor conocimiento de los procesos de toma de decisión europeos, que permita una participación proactiva y continuada, y  no sólo reactiva y episódica, como ocurrió hace unos años en los casos de abusos urbanísticos.

Sólo así se puede compensar la negativa evidencia de que el Estado español, desde su legitimidad de intermediario, se ha venido dedicando a trasmitir relatos incompletos o distorsionados, como parece que ha sucedido con el Comisario de Agricultura Paul Hogan. Evidentemente no ha sido sólo eso, pero no deja de poner de manifiesto la importancia de la complementariedad, del acompañamiento y del seguimiento directo de nuestros intereses junto al trabajo que desarrolle el estado.

Las Comunidades Autónomas no podemos esperar a que el Comité de las Regiones aumente sus competencias, tal como plantea la reforma institucional de Picketty. En estas elecciones nos encontramos realmente frente a una oportunidad para todos estos actores tan decisivos y tan ausentes.

Es cierto que contamos con herramientas de participación y transparencia como las Iniciativas Ciudadanas, el Derecho de Petición, incluso y sobretodo el uso del lobbismo por parte de la municipalidad y las ong´s que se muestran realmente democráticas y funcionales, aunque minoritarias. Precisamente en estos días, gracias a plataformas municipalistas promovidas desde Cádiz, Barcelona y Amsterdam, se ha logrado frenar en seco ante la Comisión el enésimo intento de reforma de la denostada Directiva Bolkenstein (¿la recuerdan?). La reforma de esta Directiva, ya en su día polémica, pretendía ahora otorgar a la Comisión el poder de veto sobre cualquier normativa municipal reguladora de servicios básicos que no satisficieran el Mercado Único Interior. Esto hubiera supuesto que la regulación del suministro del agua, de la gestión de los residuos o de los centros de cuidado de los menores, por poner algunos ejemplos, pudieran ser paralizadas en sede europea.   

Toca mayor presencia de las regiones, toca posicionarse, toca por ejemplo conocer qué sucederá a nivel institucional si finalmente Reino Unido abandona el club. Para ello se necesitan fuerzas políticas que representen los intereses de la periferia como #CompromisoporEuropa. Algunos Estados Miembros como los Países Bajos ya han programado estrategias nacionales para ocupar los posibles espacios representativos, pero no sabemos qué evaluación estará haciendo nuestro estado ante esta eventualidad. ¿Seguirá ausente, como de costumbre?

En este contexto el bloque verde europeo, en el que se ubica la coalición Compromiso por Europa, se encuentra en fase ascendente y esto es así precisamente por la nítida y generalizada comprensión de la urgencia en la transición del  modelo productivo, y con ello del relanzamiento del Estado de Bienestar en torno a un New Green Deal bien anclado en las periferias. Es éste un cambio progresista que no puede silenciarse  por la preocupación frente al acecho del neofascismo. Es la nueva oportunidad que da Europa al Mediterráneo, con el régimen electoral actual, para proyectarnos en el mundo y para fortalecer Europa con la energía y los valores de los territorios periféricos que representa nuestra coalición.

*Myriam Fernández Herrero, candidata a las Elecciones Europeas 2019 por Compromiso por Europa

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