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El vicepresidente de Alberto Fabra contrató a un detective para comprobar si era espiado

José Císcar gastó 1.500 euros en comprobar que el despacho de su antecesora, también del PP, no estaba siendo vigilado con micrófonos o cámaras ocultas

El president Puig pone de ejemplo el encargo de esta investigación para ironizar en respuesta al PP, que había criticado la "descoordinación" del Consell formado por PSPV-PSOE y Compromís

Alberto Fabra, con el vicepresidente José Císcar al fondo

El expresidente de la Generalitat, Alberto Fabra, con el exvicepresidente José Císcar.

El exvicepresidente de la Generalitat, José Císcar, encargó a un detective privado en enero de 2012, poco después de acceder al cargo, un informe técnico para conocer si había dispositivos de escucha instalados en el Palau de Valeriola, sede de su departamento. El trabajo de una agencia de detectives costó 1.500 euros al erario público, según fuentes del Consell.

Como en las películas de espías, el repaso al despacho de Císcar fue completo: se analizó el servicio telefónico, los "términales telefónicos", el espectro radioeléctrico o el sistema informático y se trabajó en la "detección de cámaras ocultas" y la "conductividad sonora", "para evaluar la posibilidad que desde un local contiguo se pueda escuchar con una sonda".

El chequeo fue negativo: "No se ha detectado la presencia de ningún dispositivo de escucha", dice el informe. Sin embargo, los detectives -Ángel Ripoll&Asociados"- dan algunos consejos para blindar las nueve salas de vicepresidencia, desde cerrar algunas rejillas hasta contar con "destructores de papeles" e imprimir con una cable USB y no utilizando la red.

Según Ciscar, ahora diputado del PP en las Corts Valencianes, el trabajo fue realizado a instancias de la policía autonómica. Císcar sucedió a Paula Sánchez de León en la vicepresidencia del Consell poco después de que Alberto Fabra fuera nombrado presidente en sustitución de Francisco Camps, que dimitió por el caso de los trajes, en el que se le acusaba -fue absuelto- de cohecho por su relación con la trama Gürtel.

Los últimos años de gobierno del PP en la Comunidad Valenciana estuvieron marcados por la desconfianza entre diversas facciones del partido y el estallido de varios escándalos de corrupción. El ejecutivo incluso impulsó una caza de brujas entre el personal para intentar localizar al llamado topo del palau, la persona o personas a las que se atribuía la filtración de asuntos embarazosos para la Generalitat.

La caza del topo derivó en un sainete que incluso ha llegado a los juzgados: El jefe de seguridad de Fabra fue procesado por interrogar al jefe de prensa de Císcar en la búsqueda de los filtradores de información comprometedora para presidencia.

El encargo a los detectives ha sido revelado en las Corts Valencianes por el presidente de la Generalitat. La líder del PP valenciano, Isabel Bonig, afeó a Ximo Puig la "descoordinación" y el "caos" de un ejecutivo "desnortado". Puig ha negado la mayor: el gobierno valenciano, formado por PSPV-PSOE y Compromís, funciona mejor, mucho mejor, que el del PP, ha asegurado.  Y como muestra de la desconfianza entre miembros del Consell del PP, el botón: el asunto del despacho.

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