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Así dejó el Ayuntamiento de Valéncia el franquismo: un banderín del Bayern, un sofá rojo para el dictador y 18 millones de euros deuda

El socialista Fernando Martínez Castellano, primer alcalde democrático, relata sus primeros cinco meses de Gobierno en una mesa redonda organizada por la Federación de Vecinos

“En el despacho de alcaldía no había nada más que una mesa castellana sin cajones y sofá rojo en el que sentaban al dictador en sus últimas visitas a la ciudad; ni un papel, ni un proyecto y facturas pendientes de pago desde el año 72”, cuenta

Los participantes en la charla celebrada en la Nau de la Universitat de València

Los participantes en la charla celebrada en la Nau de la Universitat de València

“Joan, yo sí que recogí la vara de mando porque había estado secuestrado durante 40 años de dictadura y la recogí para ofrecerla a la ciudadanía que había votado y nos había dado su confianza”.

Así recordó este martes el socialista Fernando Martínez Castellano, primer alcalde democrático de València, su toma de posesión tras la dictadura en una mesa redonda que se celebró en la Nau, organizada por la Federación de Asociaciones de Vecinos con motivo de su 29 Semana Ciudadana.

En el debate, moderado por la presidenta se la Federación vecinal, María José Broseta, también participaron Antonio Ariño (vicerrector de Cultura e Igualdad) y los concejales del Ayuntamiento desde desde 1987 hasta la actualidad Carmen Arjona Raigón, Ana Noguera Montagut, Cristóbal Grau Muñoz, Amadeu Sanchis Labios y Joan Ribó Canut.

Martínez Castellano fue investido como alcalde en abril de 1979 gracias a los 13 concejales logrados y un pacto de Gobierno con el Partido Comunista, que obtuvo seis ediles.

Castellano relató sus primeros cinco meses al frente del Consistorio con tanta emoción como lucidez: “En el despacho de alcaldía solo encontré una mesa castellana sin cajones, un banderín del Bayern de Munich y un sofá rojo con una curiosa historia porque era donde sentaban al dictador en sus últimas visitas a la ciudad y lo guardaban como si fuera una especie de reliquia”.

Una de las cosas que más le llamaron la atención fue que en el mencionado despacho “no había ni un solo papel, ni un solo proyecto y la caja municipal estaba vacía, no había un duro”.

De hecho, su primera decisión fue llamar al delegado de Hacienda y pedir un préstamo “para pagar las nóminas de abril”. Además, “el Ayuntamiento tenía un déficit de 3.000 millones de pesetas (18 millones de euros) y facturas por pagar desde el año 1972”.

Por tanto, según explicó, se encontraron “una corporación endeudada, desorganizada, sin patrimonio y sin una relación o listado de bienes muebles ni inmuebles”.

Pero, ¿cómo se encontraron la ciudad?: “Miles de viviendas evacuaban en pozos ciegos, había venta ambulante de alimentos sin ningún control sanitario, barrios enteros sin asfaltar, sin alumbrado, sin aceras, con colegios públicos abandonados, con grandes núcleos de chabolas, lleno de solares convertidos en estercoleros, un transporte público escaso e ineficaz y una Policía Local envejecida y semi militarizada con la oscura brigada 26”.

Castellano recordó que desde la sede nacional en Madrid del PSOE (entonces calle San Pancracio) les ordenaron no levantar alfombras “por el bien de la transición” y que lo que levantaron se lo tuvieron que comer “con patatas” y además recibieron “muchas críticas” por ello.

El exalcalde también rememoró que “tan solo un día y medio después de tomar posesión del cargo explotó un artefacto explosivo en la puerta de mi casa y entraron a la terraza de mi apartamento de Cullera”.

Otras de las primeras cosas que hicieron fue “democratizar organismos como las bandas de música, las juntas de distrito, o Junta Central Fallera (JCF) y la elección de la Fallera Mayor.

Además adquirieron edificios emblemáticos como el Museo de la Ciudad o las Atarazanas. Por último, destacó que movidos por la reivindicación del movimiento vecinal paralizaron las urbanizaciones del Saler y el proyecto de la autovía por el viejo cauce: “Plantamos los primeros árboles del actual jardín del Túria entre el puente de San José y el de Serranos; ahora tanto esta zona verde como el parque natural del Saler son un orgullo para los valencianos”.

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