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La montaña tóxica: llenan de chimeneas de carbono un vertedero sellado hace 17 años en Olocau para evitar explosiones de gas

La empresa mixta Girsa, 51% Diputación de Valencia y 49% FCC, realiza constantes trabajos en una antigua cantera que llenaron de residuos sin control a finales de los años 90

Los vecinos denuncian fuertes olores motivados por los gases que emanan del suelo y que han provocado socavones y la apertura de un expediente por parte de la Conselleria de Medio Ambiente

Hasta cuatro juzgados, la Agencia Tributaria, la Guardia Civil y la Conselleria de Medio Ambiente han investigado el vertedero por una posible facturación falsa, explosiones tóxicas y la presunta ocupación ilegal de los terrenos sin consecuencias

Un técnico de la empresa Girsa con máscara mientras instala los filtros de carbono activado para los gases tóxicos.

Una vecino con mascarilla supervisa uno de los filtros de carbono activo que debe acabar con los gases tóxicos.

El vertedero de Olocau (Valencia) sellado hace 17 años continúa dando problemas a los vecinos de la zona, a la Generalitat Valenciana y a la empresa que lo gestiona, la sociedad mixta Girsa de la Diputación de Valencia (51%) y FCC (49%). Girsa ha tenido que desplegar una decena de chimeneas que posteriormente ha sustituido por otras de carbono activo para evitar explosiones de gas que han puesto en serio peligro a las urbanizaciones de la zona. 

Desde su apertura, el basurero abierto en la antigua cantera de María Rosa ha estado envuelta en la polémica y ha tenido no pocos problemas judiciales y medioambientales. Hasta la propiedad de los terrenos está en cuestión, pues un vecino de Olocau, Pelegrín Máñez, lleva pleiteando con la empresa Girsa por su propiedad. De momento, sus embestidas judiciales se han visto desactivadas por la burocracia de los tribunales del partido judicial de Llíria.

Hasta cuatro juzgados de instrucción, la Agencia Tributaria, la Guardia Civil y la Consellería de Medio Ambiente han investigado el vertedero por una posible facturación falsa, explosiones tóxicas y la presunta ocupación ilegal de los terrenos sin consecuencias penales. Varios de estos procesos siguen abiertos en la actualidad, aunque lo que más preocupa a los vecinos de la zona son los gases que con las nuevas chimeneas de carbono se pretenden evitar.

"Es normal que un vertedero reaccione químicamente de esta manera", explica a eldiario.es el gerente de Girsa desde 2016, Luis Tejedor. "Habitualmente los vertederos producen metano que se extrae a través de chimeneas y se quema, pero en el caso de Olocau no había suficiente", apunta. Tejedor asegura que colocaron chimeneas para favorecer la salida gases y ante las explosiones que provocaban socavones en en el terreno. Uno llegó a hundir una máquina excavadora, como se observa en la fotografía.

Una excavadora dentro de un socavón provocado por una explosión de gas. De fondo, una chimenea para liberar gases.

Una excavadora dentro de un socavón provocado por una explosión de gas. De fondo, una chimenea para liberar gases.

Tras la apertura de un expediente por parte de la Conselleria de Medio Ambiente, Girsa ha tenido que mejorar la salida de gases que ponían en riesgo a la población de la zona. "Los filtros de carbón activo absorben las impurezas y estamos realizando mediciones de manera constante", defiende el gerente de Girsa, que está convencido que el basurero dejará de generar gases tóxicos por "la edad que tiene".

Pero los vecinos continúan sin fiarse y alegan que tienen informes -que enseñan al periodista- de toxicidad de los gases que salen del antiguo basurero. Además, han llegado a realizar mediciones de radioactividad porque a principios de la década del 2000 se aseguró en medios de comunicación que podría haber residuos de la central nuclear de Vandellòs (Tarragona).

Tierra contaminada que se utilizó para sellar el vertedero hace veinte años.

Tierra contaminada que se utilizó para sellar el vertedero hace veinte años.

Otra de las aristas que tiene este vertedero y que fue denunciada a la Agencia Tributaria fue la gestión que en su día se realizó de la entrada y salida de residuos. Pelegrín Mánez entregó al fisco un libro de pesado del vertedero que, según denunció, escondía una facturación millonaria en dinero negro. Según se le explicó en la denuncia al fisco, centenares de camiones pagaron por descargar residuos -inertes, aunque denuncian que también hubo tóxicos- sin que los ingresos se declararan a Hacienda.

En Girsa niegan la mayor y defienden que la propiedad de los terrenos es suya, así como que cuando se depositaron los residuos "se cumplió con la normativa ambiental de la época". 

Lo que subyace de este vertedero es la gestión que las administraciones hacen de las zonas de interior. En un tiempo fueron considerados basureros de las zonas más habitadas y ahora se evidencia como una mala gestión puede convertirlos en un problema. 17 años después de haberse sellado continúa dando problemas. ¿Hasta cuándo?

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