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DESALAMBRE

Dos cameruneses expulsados de la Isla de Tierra denuncian a España ante Estrasburgo

Enmanuelle y Denis han denunciado este jueves a España ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos por haber sido expulsados junto con otras 71 personas a Marruecos hace un año, después de haber llegado a la deshabitada Isla de Tierra.

Los evacuados no optaron al proceso de asilo, no se les informó de sus derechos y fueron expulsados a un país que vulnera repetidamente los derechos de los inmigrantes

La Isla de Tierra, donde llegaron los inmigrantes expulsados en septiembre de 2012. / Ivan Orsini

La Isla de Tierra, donde llegaron los inmigrantes expulsados en septiembre de 2012. / Ivan Orsini

Enmanuelle y Denis, dos ciudadanos cameruneses, han denunciado este jueves a España ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos por haber sido expulsados hace un año junto con otras 71 personas a Marruecos, después de haber llegado a la deshabitada Isla de Tierra en septiembre de 2012. Los inmigrantes fueron deportados de forma colectiva, no tuvieron la oportunidad de solicitar asilo, no fueron informados de sus derechos, y fueron entregados a un país donde se violan sistemáticamente los derechos humanos de las inmigrantes y refugiados de origen subsahariano. La decisión española tuvo sus consecuencias: los afectados hablan de agresiones y maltratos por parte de la policía marroquí y argelina, según denuncia Comisión Española de Asilo y Refugio.

La denuncia solicita al Tribunal Europeo una condena a España por haber ejecutado una expulsión colectiva, algo prohibido según el Convenio Europeo de Derechos Humanos (CEDH), impidiéndoles solicitar asilo en nuestro país y acceder a la tutela judicial recogida en la normativa española e internacional. También menciona el incumplimiento de La Leyde Extranjería, que obliga a informar a los inmigrantes interceptados de sus derechos, ofreciéndoles la posibilidad de acceder a un abogado, a un intérprete y a la tutela judicial. La tercera causa hace referencia al destino de su expulsión: los principios internacionales prohiben la devolución a países donde puedan sufrir torturas y tratos degradantes e inhumanos. Diferentes organismos internacionales y ONG han constatado las violaciones de derechos humanos ejercidas por la policía marroquí sobre los subsaharianos.

Una vez expulsados, los inmigrantes suelen convertirse en “problema marroquí”, por lo que España se desentiende del estado de estas personas. Tras varios meses de investigación, las organizaciones españolas de Migreurop, lograron contactar con dos de los evacuados y emprender los trámites que este jueves se materializan en la denuncia ante el Alto Tribunal. “En su momento, cuando aún permanecían en Isla de Tierra solicitamos a la Delegación del Gobierno en Melilla -quien gestionaba esta llegada de inmigrantes- que enviasen a estas personas a la ciudad autónoma para estudiar caso por caso y cumplir con la legalidad. Pero no nos escucharon”, denuncia José Rubio, portavoz de CEAR, uno de las organizaciones implicadas. “Es un ejemplo más de la Europa fortificada contra la inmigración. Estos tipos de actuaciones son las que luego deriva en tragedias similares como la de Lampedusa porque obligan a los inmigrantes a caer en redes de tráfico”.

Después de meses de investigación, las ONG localizaron a Emanuelle y a Denís, quienes explicaron los acontecimientos que siguieron a su entrega a las fuerzas de seguridad marroquíes. Sus historias, transmitidas a través de Cear, reflejan los efectos de una exportación a ciegas.

Emanuelle

Emanuelle tenía intención de pedir asilo en España. Después de ser expulsado, la policía marroquí le introdujo a la fuerza junto a una parte del grupo en un autobús con dirección a la frontera con Argelia, donde suelen ser abandonados a su suerte muchos de los inmigrantes subsaharianos localizados por las fuerzas de seguridad de este país. El camerunés denuncia que, una vez allí, fueron tiroteados por los agentes argelinos. Los integrantes del grupo huyeron como pudieron. El grupo consiguió reagruparse en la ciudad de Oujda, excepto tres compañeros de los que a día de hoy desconocen su paradero, no lograron localizarles tras el ataque mencionado. Después de vivir durante unas semanas en la Facultad de Medicina de Oujla, que cede un espacio a los inmigrantes abandonados en el desierto para que tengan un lugar en el que hospedarse, fueron localizados por ONG marroquíes.

Los inmigrantes comenzaron a desperdigarse en función de los limitados planes de futuro a los que su situación les permite aspirar en un país como Marruecos o Argelia: unos se desplazaron a los montes de Nador (Marruecos) con la intención de intentar de nuevo acceder a Melilla. Otros se dispersaron por diferentes lugares del país alauí. Emanuell optó por Rabat y allí continúa. Trabaja en lo que surge con el objetivo de conseguir el dinero suficiente para pagar un pasaje a España a través de las redes de tráfico, ante la imposibilidad de hacerlo de otra forma. El camerunés, como no puede solicitar asilo en Europa, se ha visto obligado a hacerlo en Marruecos donde no existe un sistema eficaz y la legislación internacional al respecto es vulnerada de forma constante, llegando incluso a retirar las tarjetas que identifican como refugiado a las personas que logran el estatuto, según han denunciado en diferentes ocasiones ONG en el terreno.

Denis

Denis no tenía intención de pedir asilo. Quería llegar a Europa para reunirse con parte de su familia que ya se encuentra allí. Él fue obligado a subir en un autobús diferente al de Emanuelle. No quería ser abandonado en el desierto y se resistió a entrar en el vehículo. “Nos cuenta que recibió una brutal paliza por parte de la policía marroquí hasta que consiguieron su propósito”, detalla el portavoz Cear. También acabó en la Facultad de Medicina de Oujda y, posteriormente, en Rabat. Tiene intención de seguir intentando llegar a terrirtorio europeo, quiere reunirse con su familia. 

Ambos esperan ahora la decisión de Estrasburgo. Los denunciantes, aconsejados por las organizaciones de Migreurop, solicitan a España una compensación de 15.000 por cada afectado. Según detallan desde Cear, Emanuelle tiene claro en qué invertiría el dinero: vivir en un alojamiento digno, y enviar dinero a la familia que dejó en Camerún. 


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