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El hambre acecha a los refugiados también en Siria

El campo de Za’atari en Jordania alberga a 125.000 refugiados de los casi dos millones de personas que han huido de la guerra de Siria, en su mayoría mujeres y niños. Jordania /FOTO:Pablo Tosco

Ekaitz Cancela

Aunque por la geografía del conflicto de Siria no sabemos cuántos son, ni cómo actuar con esos olvidados que escapan de los datos oficiales, la ONU ha advertido de la gravedad de sus condiciones alimentarias: la comida no está llegando más de un millón de refugiados sirios. Este lunes el Programa Mundial de Alimentos anunció que se veía obligado a dejar de ofrecer sus bonos de comida a 1,7 millones de sirios por falta de fondos. Aunque el foco esté en Siria, diferentes ONG alertan que esta emergencia no es ni mucho menos la única donde los recursos son insuficientes, incluso para garantizar una alimentación básica. No es la primera vez que el PMA reduce sus razones de comida.

Siria es una de las cinco emergencias categorizada por la ONU con el 'nivel tres' por requerir ayuda extrema: Irak, la lucho contra el ébola, República Centro Africana y Sudán del Sur dependen de la ayuda alimentaria del PMA. Pero la asistencia, según denuncian distintas organizaciones, no es suficiente para hacer frente a estas crisis. Mientras, la enfermedad que más personas mata en el mundo, el hambre, atormenta a los refugiados desde Oriente Medio hasta África.

Desde el inicio de la crisis Siria, el PMA ha destinado 800 millones de dólares al suministro de vales de comida que los refugiados canjean en las tiendas locales alimentos. El organismo estima que necesitará 64 millones para hacer frente al mes de diciembre. “Hay mas necesidades ahora que en los años precedentes”, explica Antonio Salor-Pons a eldiario.es, jefe de la Oficina del PMA en Madrid.

Cada vez hay más gente a la que alimentar, el dinero destinado a la ayuda humanitaria decrece y la falta de compromiso internacional se acrecienta a medida que la crisis es mayor. “Yo quiero hacer el trabajo, pero si la comunidad internacional no me da el dinero, no se puede distribuir”, añade Salor- Pons. El programa que asegura que 1,7 millones de refugiados sirios en Jordania, Líbano, Turquía, Iraq y Egipto no pasen hambre es, asegura, un talón de aquiles. “Lo que ocurre con la comida es que no se puede no tener”.

Si las personas no comen enferman y si enferman no estudian. Educación infantil es precisamente otra de las demandas que desde el comité español de UNICEF consideran fundamental atajar en Siria. “Los niños y niñas que ahora crecen en entornos de inseguridad y violencia son los que después tendrán que reconstruir el país”, explica Blanca Carazo, responsable de Programas de la organización. De los 770 millones de dólares requeridos para hacer frente a las necesidades de la infancia afectada por el conflicto, solo se han recibido 430 millones, y ya es el cuarto invierno en el que hay que hacer frente a unas condiciones que dificultan la capacidad de los niños de aprender. “La crisis de los niños de Siria han dejado de ser noticia, ya no les importa”. Los niños son los principales afectados por este conflicto: 5,5 millones de menores están desplazados y 10.000 han fallecido a causa de una guerra que en total se ha cobrado unas 200.000 vidas.

Más de tres millones de personas se han convertido en refugiadas, han abandonado sus casas y han buscado un refugio seguro en los países vecinos. Además, más de 6,5 millones de sirios están desplazados dentro del país. No sucedía algo similar desde el genocidio registrado en Ruanda en 1994, que se cobró la vida de 800.000 personas. “Y a pesar de estas devastadoras y dramáticas cifras la ayuda sigue sin llegar” afirman desde Oxfam Intermon.

Líbano es el país que acoge un mayor número de refugiados, unos 756.000, seguido de Jordania con más de 523.000, pero los cálculos son imprecisos porque es muy difícil para las organizaciones humanitarias atravesar los frentes de batalla. “Líbano es paradigmático, hay millón y medio de personas sirias registradas pero se cree que hay muchas mas”, explican desde la organización internacional. Otro de los problemas es que el 80% no está en los campos de refugiados, “sino en barrios donde han llegado en busca del apoyo de familiares o amigos, en edificios abandonados y en campamentos improvisados a las afueras de las ciudades”. En ellos, el reparto de ayuda humanitaria se hace aún más complicado con lo que la situación de los refugiados en cuanto a aprovisionamiento de agua y alimentos, así como higiene y sanidad, está bajo mínimos. “Viven en una tienda de campaña o un contenedor, en un local abandonado, en una casa de cartón o chapa”, explica Pablo Tosco, periodista de Oxfam Intermón que estuvo documentando la situación de los refugiados sirios en bano 2013.

“Lo han perdido todo: trabajo, amigos y familia. Su núcleo de gente”, relata Tosco despuñes de cubrir la guerra en Siria a través de su objetivo. “Sus hijos no duermen por la noche, tienen en la mente los bombardeos, los rescates a sus seres queridos de los escombros...”.

No es la primera vez que el PMA reduce sus raciones

No es la primera vez que el PMA reduce las raciones de comida. Hace dos semanas, por ejemplo, 500.000 refugiados en Kenya desplazados por la inestabilidad en Sudán o la República Centroafricana, que dependen de la ayuda alimentaria del PMA para sobrevivir, vieron reducidas a la mitad las 2.100 calorías diarias recomendadas.

“En Súdan del Sur no hay cosechas y la población está condenada a una dependencia directa de la ayuda internacional”, explica desde Oxfam Intermón, Julia Serramitjana, que en abril visito el país más joven del mundo. La ayuda externa que reciben es vital para afrontar el día a día en un país en el que 4 millones de personas sufren inseguridad alimentaria. Naciones Unidas está tratando de reunir 655 millones de dólares para cubrir las necesidades más inmediatas y solo ha conseguido el 25%.

Como en el caso de Siria, los mayores afectados de la crisis son los 50.000 niños y niñas, que podrían morir víctimas de la desnutrición. Las mujeres con sus maridos muertos o en el frente, ahora, solas y con varios hijos e hijas a su cargo, se encargan de mantener a toda la familia, buscar y preparar la comida y el agua, garantizar un techo para resguardarse… “Sufren la guerra de otros en su propia piel”, afirma la cooperante de Oxfam.

Por otro lado, y aunque en los últimos meses haya sido conocida por su respuesta mundial contra el Ébola, otra de esas emergencias que denominan como graves, Médicos Sin Fronteras (MSF) desarrolla sus proyectos en el país perdido: República Centro Africana (RCA). Miles de muertos y heridos, un millón de desplazados y refugiados. “La gente que ya lo había perdido todo a principios de año volvieron a ser víctimas meses después. Han perdido cualquier posibilidad de recuperar su vida y se desplazan de conflicto en conflicto porque no hay ninguna segura”, explica Carlos Francisco, de MSF.

Europa cierra sus puertas

“De momento, Europa ha hecho bastante poco ante la catástrofe humanitaria de Siria”, afirma el que fuera coordinador de proyectos de MSF en países como Siria, RCA y Sudán del Sur. Más de 50.000 sirios pidieron el asilo en países de la UE en 2013, y según cuenta MSF en su proyecto Exodus, Siria encabeza la lista de solicitantes de asilo. “Desesperados, muchos se tienen que jugar la vida en manos de las mafias para intentar superar las fronteras”, afirman desde la organización. Una de las rutas marítimas más peligrosas va desde el litoral libio a las costas de Italia, como se ha podido comprobar con la muerte de centenares de personas, muchas de ellas sirias, cerca de Lampedusa, o con la muerte de otras 24 personas tras volcar un barco en Estambul lleno de gente procedente de Afganistán y Siria el pasado mes de noviembre-

La Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) lanzó un llamamiento para que los países occidentales acojan a la población siria afectada por el conflicto, pero estos tan solo han ofrecido hasta ahora 42.058 plazas y 28.500 de ellas son de Alemania. “Los países de la región están empleando sus recursos económicos y viendo cómo se saturan sus sistemas de salud, mientras que Europa mira hacia otro lado pese a que la crisis tiene lugar justo a sus puertas”, concluyen desde MSF.

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