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El Mediterráneo: la frontera más desigual y mortífera del mundo

28.000 muertes desde el año 2000 son magnitudes propias de una guerra silenciosa.

Europa ha echado gasolina al fuego con políticas de inmigración y asilo que abocan a miles de personas desesperadas a tomar riesgos inhumanos con la esperanza de una vida mejor.

Patera ©Europa Press

Patera ©Europa Press

De entre las diferentes fronteras Norte-Sur que existen en nuestro mundo ninguna es tan profundamente desigual como el Mediterráneo. Cruzando el mar los ingresos de las personas se multiplican por doce, y si miramos algo más al sur, la diferencia de ingresos  supera las treinta veces. Estos no son datos menores, pues a lo largo de la historia, la desigualdad de ingresos y los conflictos han sido el principal motor de la movilidad humana.

El Mediterráneo es a la vez la frontera más mortífera. Según la Organización Internacional de las Migraciones (OIM)  solo en 2014 murieron en sus aguas 3.500 personas, esto representa el 70% de las 5.000 personas fallecidas en fronteras de todo el mundo. 28.000 muertes en total desde el año 2000, magnitudes propias de una guerra silenciosa. Estos datos nos dejan helados y sin palabras. Pero hay algo más que añadir a la estupefacción o la vergüenza: está nuestra cuota de responsabilidad.

Lo cierto es que en los últimos años Europa ha dado la espalda a esta tremenda tragedia. Esta semana los ministros de interior y exteriores han decidido afrontar el asunto, pero las conversaciones se centran en el necesario combate a las mafias, como si fuera el único villano de la historia. Hoy la realidad es insoportable, y requiere un cambio muy profundo. Un cambio político y también conceptual que coloque a la ética en el centro de las futuras decisiones.  

Hasta estos días, lamentablemente Europa ha echado gasolina al fuego con políticas  de inmigración y asilo que abocan a miles de personas desesperadas a tomar riesgos inhumanos con la esperanza de una vida mejor, endeudando además a sus familias en sus lugares de origen para pagar el viaje. Pero, además, ha retirado unidades de bomberos, reduciendo recursos fundamentales para salvar vidas y reduciendo dramáticamente su ayuda humanitaria a los países en crisis. Lo contrario de lo que hace falta. España, por ejemplo, ha retirado el 70% de su ayuda a África en los últimos cuatro años.

Así pues se suman a las causas del problema la desigualdad, la pobreza, los conflictos, las restrictivas políticas migratorias y de asilo, y la retirada de la ayuda al desarrollo. Además, Europa no cumple con el deber de socorrer a las víctimas en el mar.  Cerró la operación Mare Nostrum y retiró recursos, dejando en manos del heroísmo de la Guardia Costera italiana o española el socorro imposible de miles de víctimas, cuando la responsabilidad es enteramente europea. La actual operación Tritón de Frontex es claramente insuficiente para hacer frente al enorme flujo de refugiados que cruzan el mar Mediterráneo.

Los miles de mujeres, niños y hombres que huyen de países en guerra como Siria o Somalia no pueden llegar a ser solo números con los que actualizan la lista macabra de los migrantes que mueren en el Mediterráneo cada día. El diagnóstico es terrible y dramático, y estos días nuestra sociedad se muestra más consternada: es ineludible actuar para evitar que sigamos contando los muertos por cientos o miles. Y esa es, sencillamente, la obligación de quienes nos gobiernan en España y en Europa. Por razones éticas y humanitarias y por razones egoístas también: ¿quién quiere vivir junto a un vecino enfermo, empobrecido y amenazado?

Ante esa realidad es necesario que los países de la UE recuperen la operación Mare Nostrum, o una operación semejante y que prioricen el rescate de personas en el Mediterráneo siguiendo el imperativo humanitario. También es clave revisar las políticas generales de migración y asilo de forma que existan posibilidades reales de emigrar para las personas en situación de riesgo en sus países de origen y no se vean abocadas a arriesgar sus vidas tratando de cruzar el desierto y el mar. Además, los países europeos deberían hacerse cargo de una cuota razonable de acogida de personas que huyen de crisis y conflictos - España ha aceptado dar asilo tan solo a 260 personas provenientes del conflicto sirio-. Y también hace falta reforzar la cooperación para el desarrollo y la acción humanitaria con África Subsahariana, estableciendo políticas comerciales adecuadas y asegurando una contribución a todas las situaciones de crisis que se viven actualmente en el continente africano.

 

 

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